De repente, el canto se detuvo, ya que el Baal Shem Tov había quitado sus brazos de sus hombros y roto la cadena. No fue demasiado pronto, ya que al momento siguiente las almas de los discípulos de seguro hubiesen dejado sus cuerpos.

Cuando se recuperaron de esta experiencia que había agitado su alma, el Baal Shem Tov les dijo lo mucho que a D-os gusta escuchar los salmos, especialmente cuando vienen directo del corazón, y más especialmente cuando vienen directamente de los corazones puros de los hombres sencillos, honrados y humildes.

“¡Pero esas voces que oíamos hace un rato?” preguntaron los discípulos. Y se sorprendieron de hecho cuando el Baal Shem Tov replicó:
“Ustedes estaban escuchando por un breve momento los salmos recitados por los hombres sencillos en el cuarto de al lado, como los ángeles en el cielo los escuchan!”