Subestimación

…Yo recordaré Mi pacto con Iaakov y también Mi pacto con Isaac y también Mi pacto con Abraham (Levítico 26:42).

Un hombre joven con un severo problema de alcoholismo y drogas fue admitido en el hospital para realizar un tratamiento. El paciente pidió que se le hiciera una prueba de onda cerebral como parte de su examen y explicó que le preocupaba que el uso del alcohol y drogas hubiese causado daño a su cerebro. Le aseguré que no tenía razón para preocuparse por ello.
Al día siguiente solicitó que se lo sometiera a pruebas psicológicas para determinar si había sufrido daño cerebral. Otra vez lo tranquilicé diciéndole que no tenía motivo para preocuparse. Al otro día inquirió acerca de un examen de cerebro, otra vez preocupado por la posibilidad de tener daño cerebral. Esta vez, sin embargo, se rehusó a aceptar mi repetida afirmación. Entonces tuve una larga entrevista con este hombre, durante la cual se tornó evidente que él no solo estaba temeroso por la posibilidad de tener un daño cerebral, sino que ¡él realmente quería tener daño cerebral! ¿Por qué? Porque entonces él podría decir, “No esperen nada de mí. Simplemente déjenme continuar con mi uso de alcohol y drogas. Yo estoy más allá de la ayuda, porque tengo dañado el cerebro”. Tener daño cerebral lo aliviaría de toda responsabilidad de ponerse bien.

Algunas personas pueden ser motivadas, si bien inconscientemente, para subestimarse a sí mismas y minimizar sus capacidades. Ser conscientes de su verdadero potencial, las obligaría a realizarse hasta el límite de sus capacidades. Engañarse uno mismo considerándose muy limitado y creyendo que no puede lograr mucho, permite dejarse llevar por el ocio y el estatismo sin mucha culpa.
En la porción de la Torá de hoy, leemos a cerca de las serias consecuencias que seguirán al abandono de la Torá. Luego Di-s dice, “Yo recordaré Mi pacto con Iaacov… y con Isaac… y con Abraham”.

¿Cuál es la relevancia de esta declaración en el contexto de la amonestación?
El santo Shela explica que una persona es considerada responsable proporcionalmente a sus capacidades. Nuestras acciones serán juzgadas frente a un muy alto estándar. Nosotros somos los descendientes de los patriarcas. Tuvimos antepasados quienes fueron personas santas, cabalmente espirituales, y completamente comprometidas con la voluntad Divina. Con tal linaje, las demandas sobre nosotros serán, más grandes que si descendiéramos de personas menos espirituales.
Debemos percatamos de nuestras enormes capacidades. Toda persona tiene un potencial que se aproxima a aquel de los ángeles (Salmos 8:6). Debemos maximizar este potencial, y no engañarnos creyéndonos incapaces de alcanzar un alto logro espiritual.

Adaptado de “Viviendo cada día”, Editorial Bnei Sholem

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