Shabat: Un día de espiritualidad y devoción

Durante el día estamos ocupados y preocupados y a la noche cada uno emplea el tiempo libre en lo que le agrada: ver televisión, hacer tareas domésticas, salir; y aquellos que están fatigados, a acostarse a dormir temprano. El encuentro entre los miembros de la familia, si existiera, es ocasional.

Parte de las crisis que existen en la vida de muchas familias  entre padres e hijos, se podrían evitar si encontraran la manera de hablar abiertamente en la búsqueda de un común denominador y de entendimiento, estableciendo una verdadera comunicación. También aquí el Shabat brinda su aporte: un día en la semana no hay trabajo, no hay que preparar tareas, no hay salidas escapándose de la casa ni existe la televisión; no hay trabajos pendientes, ni la pregunta “¿A dónde vamos hoy por la noche?”: toda la familia está alrededor de la mesa del Shabat. Con las velas, el mantel extendido, la mesa festiva servida, el kidush, las zemirot – cánticos e himnos de Shabat -, unas palabras de Torá, una cita, un relato, una reflexión, una enseñanza, el ambiente es Shabat que se respira por todos los poros, se huele, se siente. Los miembros de la familia abren su corazón y dialogan espontáneamente acerca de los sucesos semanales. La cultura de la conversación se desarrolla alrededor de la mesa. Podemos escuchar y hacernos escuchar unos a otros, profundizar todos los temas con personas ajenas, nuestros anfitriones y descubrir nuevos y sorprendentes ángulos que no conocíamos en las personas que tenemos cerca. Estas revelaciones rompen la monotonía y la rutina y otorgan a la vida una perspectiva sorprendente y refrescante.

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