¿Quienes somos?

¿Qué es Jabad Lubavitch?

Es uno de los movimientos judaicos más dinámicos y en expansión, con casi 2.000 instituciones en todo el mundo. Fiel al tronco judaico de la Torá y la Halajá, es parte del Movimiento Jasídico, fundado por el Baal Shem Tov (1698 – 1760). Jabad fue fundado hace alrededor de 230 años, por Rabí Schneur Zalman de Liadí – autor del Shulján Aruj Harav y del Tania (1740 – 1812). En la actualidad está inspirado y dirigido por las enseñanzas del Rebe de Lubavitch, Rabí Menajem Mendel Schneerson.

¿Qué Significa JaBaD?

JaBaD es la sigla de las tres palabras hebreas Jojmá, Biná y Daat – que constituyen la estructura intelectual del hombre (Inspiración, entendimiento y conciencia). El jasidismo busca la conexión del hombre con Di-s, llegando al alma y a la chispa Divina que hay en cada uno. Jabad es la conjunción y síntesis de esa mística con el intelecto, llevando a una vida cotidiana judía de Torá y Mitzvot, de manera de llegar a un judío pleno, que sirve a Di-s y cumple su misión en la vida con mente, corazón y alma. El positivismo, la alegría y el entusiasmo en la vida, singulares del jasidismo, están nutridos por un enfoque intelectual judaico que abreva de la Torá, el Talmud y la Cabalá. Lubavitch es el nombre del pueblo en Bielorrusia donde se instaló y floreció el movimiento durante cinco generaciones. Lubavitch, que en ruso significa “Ciudad del amor”, no sólo marca el punto geográfico que era el centro del movimiento, sino una de las facetas más singulares del mismo: el amor al prójimo, a la Torá y a Di-s, como camino de vida. Para Jabad no existen judíos “de segunda”, y se dirigen a todos con amor.

¿A qué se dedica Jabad Lubavitch?

A ayudar a cada hombre y en especial al pueblo judío a cumplir con su misión en la vida de la manera más plena. Esto, a través de hacer conocer a los judíos la riqueza espiritual de la Torá heredada, y a todos los hombres del mundo los 7 preceptos universales (las 7 Mitzvot de los hijos de Noé), principios pilares de toda la civilización. Jabad Lubavitch no es proselitista, apunta a que cada uno cumpla con su mandato Divino específico. El sentido de la responsabilidad de cada judío frente al pueblo judío y al mundo es visto como un mandato Divino. El alejamiento del pueblo judío de las verdades eternas de la Torá, producto de la emigración y de los traumáticos acontecimientos de este siglo volcánico, y del consecuente desconocimiento de las bases del judaísmo histórico y espiritual, está haciendo estragos de nuestro pueblo. Devolver la herencia judaica a cada judío, hombre, mujer, anciano o niño, sin precondiciones ni diferencias, enseñar y motivar a todo judío con respeto, cariño y comprensión, es una cuestión de supervivencia, que desplaza como máxima prioridad a todos los puntos de la agenda comunitaria judía actual. No existe esfuerzo demasiado grande cuando se trata que un judío no se pierda de su pueblo. Jabad Lubavitch lo ha demostrado aquí y en el mundo entero. En la Rusia del Zar, bajo la dictadura comunista, en la reconstrucción espiritual del mundo judaico post-holocausto, en los frentes de batalla de Israel, en las Universidades del mundo libre occidental, en Nepal y Machu Pichu. En todos lados está Jabad.