Resúmen de la Parashá Vezot Haberajá

Una de los rasgos de carácter más difíciles de lograr es ser capaz de pasar por alto un desaire o un agravio…

Esta es la bendición con que Moisés, el hombre de Di-s, bendijo a los Hijos de Israel antes de su muerte (Deuteronomio 33:1).

Parecería apropiado que la porción de la Torá de conclusión fuera una clase de resumen o sinopsis, de todo lo que trata la Torá.
Nosotros ya hemos advertido que hay midot (rasgos de carácter) que son pre- requisitos para Torá, y que la observancia de Torá debe conducir a refinamiento adicional y desarrollo de midot (Tanjuma, Shemini 12).
Una de las midot deseables más difíciles de lograr es ser capaz de pasar por alto totalmente un desaire o una lastimadura que uno ha sufrido a manos de otra persona, y desembarazarse uno mismo completamente de siquiera el más minúsculo indicio de resentimiento. El Talmud cita un incidente, cuando las plegarias de Rabí Eliezer no fueron contestadas, no obstante las de Rabí Akiva lo fueron, porque a pesar de que ellos eran ambos grandes tzadíkím, Rabí Akiva había alcanzado la perfección en despojarse totalmente de todo resentimiento cuando era ofendido.
Esta porción de la Torá describe los momentos finales de Moisés. Analicemos ahora cómo Moisés podría haber sentido justo antes de su muerte.
Por cuarenta años Moisés había guiado a los israelitas, después de liberarlos de la esclavitud de Egipto. Ellos eran un pueblo tan quisquilloso y obstinado que, a veces, clamó a Di-s, “¿Por qué pusiste Tú la carga de esta nación sobre mí?” (Números 11:11), o “Simplemente un poco más y ellos me apedrearán hasta la muerte” (Exodo 17:4). Moisés sobrellevó sus repetidos altercados con infinita paciencia, dispuesto a sacrificarse él mismo para asegurar su supervivencia, pero pareció ser una tarea ingrata.
Moisés no tenía otros deseos, más que llevar a cabo su misión, hacer la voluntad Divina. Sólo un deseo personal tenía Moisés: poner pie sobre el suelo sagrado de la Tierra Prometida, la tierra de los Patriarcas, la tierra constantemente iluminada por la evidente presencia de Di-s. El Midrash declara que Moisés presentó quinientas quince súplicas para que se le permitiera entrar a la Tierra Santa. El aún rogó que su neshamá (alma) fuera encarnada en un ave, para que pudiera volar sobre la tierra y ver a su pueblo viviendo allí. Pero este único pedido le fue negado. Sólo le fue permitido ver la tierra de lejos, pero no entrar a ella. ¿Por qué? Porque una vez él había sido provocado tanto por la falta de confianza de los israelitas en Di-s, cuando dudaron que El proveería agua para ellos que golpeó la roca en vez de hablarle (Números 20:10-12). Moisés se quejó, “Di-s se enfadó conmigo por vuestra causa y dijo, ‘ni tú entrarás allí” (Deuteronomio 1:36).
Parado en la misma frontera de la tierra a la que él tanto deseaba entrar, y volviéndose hacia el pueblo, quien había sido tan ingrato, lo había atormentado tanto, y era responsable de que se le negara su único deseo en la vida, ¿qué hizo Moisés? El bendijo a los israelitas. El los bendijo con todo su corazón. No había en su corazón el más tenue indicio de cualquier amargura o resentimiento.
“Esta es la bendición con que Moisés, el hombre de Di-s, bendijo a los hijos de Israel antes de su muerte”. El primer capítulo de la Torá comienza con Di-s Mismo imbuyendo al hombre la forma de una neshamá (alma), y la Torá cierra con la demostración de cómo el hombre puede verdaderamente tornarse el ser a semejanza de Di-s que fue destinado a ser.

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario