La Recompensa por Enseñar – Emor

Por Rabi Ben A.

“Habla a los sacerdotes, los hijos de Aaron, y diles...” (Levítico 21:1)

Esta Parsha comienza con la orden de Di-s a Moshe, de hablarles a los sacerdotes sobre las leyes y restricciones aplicables a ellos.

¿Cuál es el significado de lo que parece ser una redundancia: “Habla a los sacerdotes… y diles”? La explicación tradicional que aparece en el Talmud es que Moshe debía, no solo decirle a los sacerdotes las leyes que tenían que cumplir, sino que tenía que prestar atención también a que los sacerdotes adultos les enseñaran a sus hijos lo que Moshé les había enseñado. El hebreo original del Talmud dice: “lehazhir, (literalmente: advertir) los mayores a los menores”.

La palabra Lehazhir también significa “iluminar”. Así que, uno puede leer alternativamente la oración: “Causar que los mayores iluminen a los menores”.

¿Cuál es la conexión entre estas dos formas de interpretación?

Cuando a uno se le da la responsabilidad de educar a otro, en vez de ver la obligación como una carga, debe saber que es en verdad, una oportunidad para él, el maestro, de ganar más por enseñar, que lo que un alumno gana por aprender. Es la interacción del maestro con el estudiante lo que causa que el maestro se enriquezca y se ilumine. Cuando el mayor “advierte” al menor, el mayor se “ilumina”. Junto a estas mismas líneas, hay un dicho Jasídico que dice que cuando sea que uno toma tiempo de sus actividades para asistir y enseñarle a otro, su corazón y su mente se refinan mil veces más.

Para gente en recuperación, este principio es muy conocido. Cuando concentramos nuestra atención hacia las necesidades de otros que sufren por nuestra enfermedad, podemos o no podemos siempre ayudar, pero, si nuestra preocupación por nuestro compañero es genuina, nosotros mimos siempre nos beneficiamos de la interacción. Una vez más vemos que “el dar lo que se nos dio libremente es fundamental para nuestra sensatez continua”.

Uno no debe engañarse creyendo que al contestar el llamado del doceavo escalón de “cargar con el mensaje”, se está sacrificando por el beneficio del otro. Al contrario, él se está beneficiando  más que nadie. La experiencia nos demuestra que cuando no devolvemos, generalmente nos encontramos luchando para mantener nuestra sobriedad, mientras que si nos dedicamos a ayudar a otros, invariablemente estamos fortaleciendo nuestra propia recuperación. De hecho, estamos siendo iluminados en formadesproporcional, refinados de forma que no puede conseguirse de otra manera. Es únicamente a través de nuestros esfuerzos por los otros, que brillamos de verdad.

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