Shekalim – Una Moneda de Fuego

¿Qué relación tiene con nuestra vida la lectura de una sección extra?…

En la primera semana del mes de Adar, en esa época del año, en tiempos del Bet Hamikdash, nuestro Sagrado Templo, se proclamaba respecto al impuesto del “Medio Shekel” que se cobraba a cada judío varón adulto. El pago de ese impuesto estaba basado en la orden de Di-s a Moshé, de procurar que cada israelita dé una moneda de medio shekel de plata para el santuario del desierto, a fin de “expiar por su alma” .

Moshé no comprendió la orden de Di-s. ¿Cómo un individuo podía auto-redimirse y expiar por sus pecados tan solo dando medio shekel?

Moshé, por otro lado ya había sido ordenado respecto a sacrificios y ofrendas que expiaban por distintos pecados, y nunca antes expresó perplejidad ante el hecho de que una persona pudiera expiar sus fallas a través de un precepto práctico. ¿Cuál era entonces la razón de su perplejidad ante este precepto?

La explicación es la siguiente: La entrega del “Majatzit Hashekel”, era para expiar el pecado de idolatría cometido con el “becerro de oro”. Los preceptos, son comparados a los órganos del cuerpo. Algunos organos tienen una función “específica” mientras que otros tienen una función “general”, tal como el cerebro y el corazón que son las fuentes de vitalidad para todo el cuerpo. En forma similar, algunas mitzvot son “específicas”, mientras que otras tal como la prohibición de la idolatría – “no tendrás otros dioses aparte de Mí” – son tan vitales, que afectan a la misma unidad de Di-s y Su pueblo. Esto era lo que asombró a Moshé: ¿Cómo era posible que un judío, dando una moneda de plata, redimiera su “alma” – la esencia misma del ser judío – a la que había afectado adorando al becerro de oro?

En respuesta a su duda, Di-s le mostró a Moshé medio shekel en forma de fuego, y lo instruyó: “Como esta moneda deberán dar”. Esta respuesta puede ser comprendida refiriéndonos a una parábola que nos cuenta la historia de un campesino aprendiz de orfebre, que aprendió de su maestro a trabajar y dar forma al oro bruto. Después de unos años instaló su propio taller y por más que lo intentó, no pudo conseguir moldear el oro de acuerdo a su voluntad, quedando el metal en bruto e informe tal como antes. La causa era que su maestro no se había acordado de decirle lo que aparentemente resultaba obvio, que se debe encender un fuego debajo del oro!

Esta fue la respuesta de Di-s a Moshé: Los judíos deben dar “tal moneda”, es decir, de fuego. La mera entrega de una moneda no puede expiar por pecado como el de la idolatría; pero cuando la entrega se hace con la calidez y el entusiasmo que provienen de la llama del alma judía, entonces un medio shekel puede verdaderamente convertirse en redención y expiación, aún para las faltas que afectan la misma esencia de nuestra alma.

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