Parshat Ree – Música

Nadie disfruta escuchando la misma idea, o leyendo la misma historia, una y otra vez. Si se ve obligado a hacerlo, lo que una vez fue un placer agudo se convierte en una carga aburrida. Escuchar música es diferente…

Tus leyes son canciones para mi.

—Salmos 11954

El ser humano deriva placer del estímulo de su intelecto e imaginación: escuchar una idea profunda, o leer una historia intricadamente tramada, es una delicia para la mente. Pero éste es comúnmente un placer por única vez, o uno que dura tantas veces como lleva comprender totalmente la idea o historia. Más allá de ese punto, el placer disminuye constantemente. Nadie disfruta escuchando la misma idea, o leyendo la misma historia, una y otra vez. Si se ve obligado a hacerlo, lo que una vez fue un placer agudo se convierte en una carga aburrida.
Escuchar música es diferente. Inicialmente, está el placer “intelectual” por la originalidad y genio de la composición. Pero también hay algo mucho más profundo, algo que nos hace desear oír una amada pieza de música una y otra vez, y lo hace tan igualmente placentero la milésima vez como lo fue la primera.
“Tus leyes son canciones para mí”, canta el Rey David. Mi delicia en ellas no es solamente una delicia intelectual, que disminuye bajo el tedio de la repetición y la rutina, sino algo mucho más profundo. Ellas son música para mi alma, melodías sublimes a las que me complazco someterme una y otra vez.

Razón y Voluntad
Hay dos dimensiones en la mitzvá, el mandamiento Divino. En un nivel, está el aspecto lógico-funcional de la mitzvá, como ser los beneficios sociales de un día semanal de descanso, la prosperidad del matrimonio con las leyes de pureza familiar, o el efecto de una dieta kasher sobre nuestra salud física y espiritual. Algunas mitzvot son más “racionales” que otras; o sea, su efecto positivo sobre nosotros le resulta más fácilmente discernible a la mente humana. Pero cada mitzvá, incluyendo la más esotérica de ellas, tiene su taam —en las dos traducciones que acepta este término, “lógica” y “sabor”—, la manera en que evidentemente mejora a la persona que la ejecuta. Es respecto de esta dimensión de la mitzvá que nuestros Sabios han dicho: “Las mitzvot se dieron a fin de refinar al ser humano”.
Pero cada mitzvá, incluyendo la más racional y pragmática de ellas, es también —y primariamente— una expresión simple de la voluntad Divina. De hecho, el elemento racional-funcional de la mitzvá no es sino una “vestimenta” en la que se ha investido lo totalmente no-cognocible de Di-s. Así, Rabí Shneur Zalman de Liadí escribe: “Si se nos hubiera ordenado cortar leña” —es decir, realizar un acto desprovisto de toda significatividad espiritual— no sería en nada menos mitzvá que el acto más profundo y emocionante que Di-s nos ha ordenado. En el nivel lógico-funcional, tenemos 613 mitzvot, a medida de las 613 extremidades y órganos del cuerpo humano y las 613 extremidades y órganos del alma humana. Hay mitzvot intelectuales y mitzvot emocionales, mitzvot sociales y mitzvot morales, mitzvot dietéticas y mitzvot maritales. Cada mitzvot nos afecta de una manera diferente, refinando y elevando un aspecto distinto de nuestro ser y un área diferente de nuestras vidas.
Pero como expresión de la voluntad Divina, cada mitzvá es lo mismo. En este nivel, el acto de dar dinero para caridad y el acto de rezar durante tres horas son el mismo acto: su única importancia es que la voluntad Divina se ha cumplido. En este nivel, las mitzvot son un empeño singular, “monótono”: el acto de cumplir la voluntad Divina, una y otra vez.

Los Jukim
Hay mitzvot en las que el elemento racional-funcional es más pronunciado, y mitzvot que han sido más parcamente “investidas” en la razón, para que nos relacionemos más directamente con su esencia como la voluntad supra-racional de Di-s. Esta categoría se llama jukim, leyes que, aunque podamos explorar las lecciones que contienen y su efecto sobre nuestras vidas, nos golpean como mandamientos esencialmente supra-racionales (o incluso anti-racionales) de Di-s.
Sin embargo, como hemos dicho, cada mitzvá incluye ambos elementos: incluso la mitzvá más racional puede cumplirse y ser experimentada como un acto de obediencia simple a la voluntad Divina. Así, el nombre de jukím se emplea también como una referencia general a todas las mitzvot, implicando su esencia supra-raclorial como voluntad de Di-s.
El Rey David usa la palabra jukím para las mitzvot en el arriba citado versículo: “Tus jukím son canciones para mí”. En el nivel más externo, cumplir los mandamientos de Di-s es una experiencia compleja y rica, variada y multifacética como la vida misma. Pero en un nivel más profundo, es un empeño singular, en el que una serie de acciones se desempeña, una y otra vez, hacia un único fin. ¿Significa esto que, en este nivel, cumplir las mitzvot deja de ser una experiencia placentera y deliciosa?
Por el contrario, dice el dulce cantor de Israel. “Tus jukím son canciones para mí”, evocando un placer mucho más profundo que la delicia de la mente en cosas inteligibles y razonables; un placer que no disminuye con la repetición, sino que, como una canción, nunca deja de deleitar el alma.

Basado en el Maamar Vaiedaber Elokím 5724

Extraído de “El Rebe enseña”, Editorial Lubavitch Sudamericana

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