Nitzavim-Vaielej – “Igualdad ante Di-s”

¡Cuán desesperadamente nuestros maestros han clamado acerca de los males del orgullo y la vanidad, de buscar alabanza y gloria!

Ustedes están parados hoy, todos ustedes delante del Señor vuestro Di-s: los jefes de vuestras tribus; vuestros ancianos; y vuestros oficiales; todo hombre de Israel; vuestros pequeños; vuestras esposas; y el extranjero quien está en medio de vuestro campamento; desde el leñador de vuestra madera hasta el aguatero de vuestra agua. (Deuteronomio 19:9-10)

Nada ha sido tan destructivo para la paz y unidad de nuestro pueblo como el altercar y esforzarse por cargos de autoridad, liderazgo, y prominencia. Cuán desesperadamente nuestros grandes maestros han clamado acerca de los males del orgullo y vanidad, de buscar alabanza y gloria. Desde la misma fase más temprana de nuestra historia con la rebelión de Koraj, hasta este mismo día cuando las personas todavía discuten y se esfuerzan por cargos de predominio, el defecto de carácter de vanidad como manifestado en este impulso nos ha costado caramente.

Nosotros no deberíamos confundir la posición de liderazgo con el inherente valor de una persona. Al igual que no debemos dar a las mitzvot ninguna gradación (Etica de los Padres 2:1), tampoco debemos determinar el valor de los seres humanos. Esto se considera cierto a pesar del hecho de que personas diferentes tienen diferentes roles y que el valor para la sociedad de una persona podría parecer más grande que aquel de otra. Estas diferencias no tienen relación, cualquiera sea, con el real valor, el cual es la valía de la persona a los ojos de Di-s.

Rabí Bunim de Pshisja dijo que esto es evidente en la halajá que requiere martirologio antes que cometer asesinato. Si a uno se le dice que será muerto, a menos que mate a otra persona, está obligado a sacrificar su vida y no cometer el asesinato, “Porque” dice el Talmud “¿quién debe decir que tu sangre es más preciada que la sangre de otra persona?” (Pesajím 25b) Esta halajá se aplica aún si la demanda para matar es hecha por un prominente líder, erudito, filántropo, científico, etc., y la víctima designada es el más simple de los simples, quien parece no haber hecho contribución alguna a la sociedad. Uno podría argüir que, por supuesto, la vida del primero es de más valor que la del último, pero ésa no es la posición de la Torá. Ante Di-s, el más grande de los grandes y el más bajo de los bajos son iguales.
El Talmud cuenta de un erudito quien cayó en coma, y cuando emergió de éste, informó que había visto una visión del cielo.
“Lo que yo vi era un mundo trastornado” dijo. “Los grandes eran humillados y los humildes eran grandes”.
Su padre lo corrigió. “No” dijo. “Lo que tú viste era el mundo justo. Es el mundo que nosotros vemos con nuestra percepción humana el que está trastornado” (Babá Batrá 10b).
Nosotros no deberíamos confundir la dignidad y respeto que debemos mostrar a una persona proporcionalmente a su cargo en la jerarquía social, con la absoluta valía. La última es conocida sólo por Di-s.
Rabí Moshé Alschij lee esto en los versículos de apertura de la porción de la Torá de hoy. “Ustedes están parados hoy, todos ustedes delante del Señor vuestro Di-s: los jefes de vuestras tribus; vuestros ancianos; y vuestros oficiales; todo hombre de Israel; vuestros pequeños; vuestras esposas; y el extranjero quien está en el medio de vuestro campamento; desde el leñador de vuestra madera hasta el aguatero de vuestra agua”.
Delante de Di-s, los más selectos de la jerarquía social y los más comunes están parados igualmente.
Se nos requiere emular los atributos de Di-s. Si en relacionarnos con otra persona somos tentados a pensar que a causa de nuestra singularidad, nuestra destreza, nuestro conocimiento, nuestra riqueza, o nuestra posición social, somos mejores que aquella persona y nos comportamos condescendientemente hacia él, debemos recordar que a los ojos de Di-s nosotros somos iguales, y que Suyo es el verdadero avalúo de nuestra valía.

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