Nasó – “Los días fantasmas de Shavuot”

Nuestros Sabios cuentan que cuando el pueblo de Israel estuvo de pie ante el Monte Sinaí y Di-s pronunció los Diez Mandamientos, su experiencia de lo Divino fue tan potente que “con cada expresión [Divina], sus almas abandonaron sus cuerpos en vuelo’”.
Probablemente podamos imaginarnos ser “soplados” por el “Yo soy el Señor, tu Di-s”.
¿Pero qué de mandamientos tales como “Honra a tu padre y a tu madre” y “no robarás”? Con excepción del hecho de que fueron dichos por Di-s, no parece haber nada de Divino o trascendental en estas declaraciones.
De hecho, ¿precisó Di-s descender a la cima de una montaña para que apreciemos la necesidad y utilidad de estas leyes?

Elecciones

El día en que estuvimos en Sinaí (6 de Siván, marcado cada año con la festividad de Shavuot) es más que el día en que recibimos la Tora de Di-s. También fue la ocasión en la que el Omnipotente nos eligió como Su pueblo2. ¿Qué significa esta elección Divina? Mientras todavía estábamos en Egipto, Di-s Se refirió a nosotros como “Mi hijo primogénito, Israel”3.Siglos antes, Di-s “encontró su corazón [—el de Avraham—] fiel ante El, y entabló con él el pacto”4 que transfirió la Tierra Santa a sus descendientes y los designó portadores de la palabra de Di-s a la humanidad. Pues entonces, ¿qué nueva dimensión de “elegidos” ganamos en Sinaí? La “elección” existe en muchos niveles. Uno puede elegir algo a causa de sus cualidades positivas: porque es el plato más delicioso del menú, o el traje más atractivo del estante, o la oferta de trabajo más lucrativa. Pero éstas son elecciones “obligadas”; la naturaleza benéfica de estas cosas ha dictado que fueran elegidas. Una verdadera elección es la elección libre, una que no se ve influenciada por nada, una que es expresión pura del deseo esencial del elector. Cuando Di-s eligió a Avraham porque encontró su corazón fiel ante El, ésta no era una elección en el más esencial sentido de la palabra. Aquí había un hombre que, solo en un mundo pagano, había descubierto a Di-s y dedicado su vida a traer una fe monoteísta a la humanidad. ¿A quién otro escogería Di-s, al seleccionar a un hombre para ser padre de una nación que sirviera de portadora de Su verdad al mundo?En Egipto, asimismo, fuimos elegidos por nuestras cualidades. Es cierto que dos siglos de sometimiento a la más corrupta sociedad sobre la tierra habían cobrado su cuota; estábamos sumergidos en los “cuarenta y nueve portales de impureza”, apropiándonos de las costumbres paganas de nuestros eslavizadores. Pero a lo largo de todo ese tiempo nos habíamos aferrado a nuestra identidad como judíos y a nuestra fe en Di-s. Lo más importante, jamás habíamos olvidado nuestro prometido destino como pueblo de Di-s, y anhelábamos la redención con cada fibra de nuestro ser. De hecho, aquellos que no quisieron ser redimidos no fueron incluidos en la elección Divina: el Midrash nos cuenta que sólo un 20% del pueblo judío fue sacado de Egipto; el resto, que prefirió la esclavitud en una tierra hedonista a un pacto con Di-s en el desierto, pereció en los tres días de oscuridad anteriores al Éxodo6. Pero en Sinaí fuimos elegidos verdaderamente, con una elección libre de toda razón. En Sinaí se estableció que “El judío, aunque haya pecado, es judío”7, simplemente porque es el objeto de la elección esencial de Di-s.

Reflejando a D-os

“Como el agua que refleja el rostro que se le muestra, así hace el corazón de un hombre con el de otro”*, y así responde el alma del hombre a su Creador. Cuando Di-s nos eligió por nuestras cualidades positivas, respondimos en los mismos términos, eligiéndolo por Sus cualidades positivas. Apreciamos Su grandeza y Su amor por nosotros. Entendimos que una vida dedicada a servirlo es una vida harto beneficiosa para nosotros mismos, tanto material como espiritualmente. Reconocimos que sólo nuestra relación con El imbuiría nuestra existencia con la dicha del propósito y el sentido. Cuando Di-s nos eligió en Sinaí, nuevamente respondimos en los mismos términos. Cuando El nos eligió allí con una elección libre de motivo y razón, también nosotros Lo elegimos así. Nuestro nexo con El dejó de depender de Su amor a nosotros, o de los beneficios de ser Su pueblo. Nuestro compromiso a Sus leyes no tiene nada que ver con la sabiduría y rectitud que éstas demuestran. Lo elegimos tal como El nos eligió a nosotros: porque nosotros, el “nosotros” quinta esencial que trasciende toda razón y cálculo, así lo deseó. Por lo que cuando oímos la voz Divina proclamando “no robarás” en Sinaí, lo aceptamos no como una máxima racional y saludable para la vida civilizada, sino como la voluntad de Di-s. Cuando oímos “Honra a tu padre y a tu madre”, lo abrazamos no como un dictado de la decencia y la gratitud, sino como la voluntad de Di-s. Nos comprometimos a Sus ordenanzas no por sus cualidades benéficas, sino como respuesta a Su inequívoca, irrazonada elección de nosotros como Su pueblo.

Calificación más Allá

Esto explica dos curiosidades acerca de la festividad de Shavuot, nuestro regreso anual a Sinaí y la re-experiencia de nuestra elección. Todas las demás festividades vienen equipadas con una serie de observancias, o mitzvot, que evocan la calidad especial del día. Matzá y la erradicación de lo leudado en Pesaj, las “cuatro especies” en Sucot, hacer sonar el shofaren Rosh HaShaná, el encendido de la menorá en Janucá, y así sucesivamente. La única excepción es Shavuot, que no tiene una mitzvá específica para definir y cristalizar la naturaleza de la festividad. Pues cada una de las festividades encarna una cualidad determinada de nuestra relación con Di-s: la libertad en Pesaj, el regocijo y la unidad en Sucot, la Soberanía Divina en Rosh HaShaná, la luz en Janucá, etc. Shavuot, sin embargo, es nuestra experiencia de la esencia de esta relación, de nuestra mutua elección, de uno eligiendo al otro, con una elección que trasciende las calificaciones. No hay herramienta o símbolo que pueda capturar y expresar esta esencia. En Shavuot, nuestra judeidad es lo que somos, no lo que hacemos o sentimos.

La Festividad Fantasma

Esto explica también la segunda curiosidad de Shavuot, el hecho de que más del 85% de la festividad no es festiva en absoluto. La Tora especifica tres festividades de “peregrinación”: Pesaj, Shavuot y Sucot. En estas tres festividades, cada judío debía a viajar a Jerusalén y traer ofrendas al Gran Templo. Estas podían traerse en cualquier momento durante los siete días de la festividad. Pero en tanto que Pesaj y Sucot son ambos festividades de siete días de duración, la Tora asigna a Shavuot apenas un único día de festividad9. No obstante, también Shavuot tiene un período de siete días para sus ofrendas, que pueden traerse hasta, e incluyendo, el 12 de Siván.En otras palabras, Pesaj y Sucot tienen cada uno siete días que son definidos por la Tora como “convocatoria de santidad”11, días en los que “convocamos” y concretamos una calidad y santidad Divinas al marcar la especialidad del día y observar sus mitzvot12. Shavuot, sin embargo, tiene sólo un único día “de convocación” semejante; los seis días que le siguen son días ordinarios, en nada más sagrados que cualquier otro día en la extensión mundana del calendario entre una festividad y otra. Y, sin embargo, estos días son parte integral de Shavuot, como lo atestigua el hecho de que las ofrendas de la festividad pueden ser traídas entonces. (De hecho, el Talmud cita la opinión de los sabios de Shamai, quienes sostienen que estas ofrendas no pueden traerse en Shavuot mismo, sino sólo al día siguiente13). Los seis “días fantasma” de Shavuot expresan la naturaleza de la experiencia llamada Shavuot. Como momento en el que se concreta el elemento “elección” de nuestra relación con Di-s, Shavuot es una festividad que está más allá de la santidad calificada de todas las demás festividades, y más allá, incluso, de la santidad misma.

Basado en Sijot de Shavuot y Shabat Naso 5743

Notas: 1. Talmud, Shabat 88b. 2. Véase Éxodo 19:5-6; véase también comentario del Maguen AvrahamsobreShuljánAruf, OrajJaím6Q:2. 3. Exodo4:22. 4.Nejemia 9:8. 5. Midrash Raba, Vaikrá 32:5; Mkut Shimoní, Hoshéa 519. 6. Midrash Raba, Éxodo 14:3. 7. Talmud, Sanhedrín 44a. 8. Proverbios 27:19. 9. Fuera de la Tierra de Israel, Shavuot se observa dos días en vez del uno bíblico. Esto se debe al hecho de que cuando el calendario era fijado mensualmente por el Sanhedrín en la Tierra de Israel (en base al testimonio de haberse observado la luna nueva), con frecuencia llevaba muchas semanas antes de que la información llegara a la diáspora. Como bajo este sistema cualquier mes podría consistir de 29 o 30 días, los judíos de la diáspora observaban un día adicional en cada festividad para cubrir ambas posibilidades de su verdadera fecha (así, Pesaj era observado ocho días y Sucot-Shminí Atzeret nueve). Estos días adicionales siguieron en efecto también después de que se estableciera un calendario prefijado en el siglo cuarto. 10. Talmud, Jaguigá 17a. 11. Levítico 23:4. 12. Véase “Gotas de Tiempo”, en “El Rebe Enseña”, Vol. II, pág. 251. 13. Talmud, Beitzá 19a. Véase Shulján Aruj de Rabí Shneur Zalman de Liadí, Oraj Jaím 494:19: “En esta cuestión, también los sabios de Hilel se condujeron así, y muchos de Israel hicieron lo mismo”.

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