Bejukotai-”¿Qué es extinción para la Torá?”

Una invitación a profundizar las distintas interpretaciones de este término “funesto” para encontrar la raíz esencial del mensaje bíblico: “Yo daré paz en la tierra, y dormirás sin miedo; Yo extinguiré (vehishbati) las bestias salvajes de la tierra, y la espada no pasará por tus dominios”. Levítico 26:6

El significado preciso de la palabra hebrea hashbatá, traducida aquí como “extinguir”, es discutido por nuestros Sabios.

Según Rabí Iehudá, el término implica el cese de la existencia de una cosa. Así, Rabí Iehudá comprende la promesa Divina de “extinguir las bestias salvajes de la tierra” como significando que en el armonioso mundo del Mashíaj todas las fuerzas y criaturas destructivas serán “eliminadas del mundo”.

Rabí Shimón disiente: en su opinión, hashbatá implica sólo la extinción de las características particulares de una cosa, en este caso la naturaleza destructiva de las “bestias salvajes”. Es este aspecto de su ser lo que Di-s eliminará, en tanto que las bestias continuarán existiendo en su nueva inofensiva y ventajosa tendencia.
Esta es la raíz de varias discusiones adicionales entre Rabí Iehudá y Rabí Shimón.
Por ejemplo, en el caso de la mitzvá de destruir todo producto cerealero leudado (jametz) que se encuentre en posesión del judío el día anterior a Pesaj, Rabí Iehudá reglamenta que “la destrucción de lo leudado sólo puede lograrse quemándolo”.
Sus colegas, sin embargo, son de la opinión que “también se puede pulverizarlo y arrojarlo al viento o tirarlo al mar”.

Aquí, una vez más, el tema en cuestión es la definición del término hashbatá que la Torá emplea al ordenarnos que “en el primer día, extinguiréis (tashbitu) leudado de vuestros hogares”.
Rabí Iehudá entiende esta expresión como un mandamiento de destruir el jametz totalmente, en tanto que Rabí Shimón y los demás Sabios sostienen que con cualquier forma de destrucción que resulte en que la posibilidad de ingestión y provecho derivable de lo leudado (es decir, aquellos aspectos de su existencia que se relacionan con su prohibición en Pesaj) haya sido eliminada, el hombre ha satisfecho los requerimientos de hashbata.

La hashbatá Semanal
Otro ejemplo de este tenor es una disputa entre Rabí Iehudá y Rabí Shimón en cuanto al trabajo en Shabat.
Hay treinta y nueve melajot —categorías de trabajo— que esta prohibido realizar en Shabat, abrazando prácticamente cada acto de construcción y creación por parte del hombre.
Sin embargo, a fin de que un acto se considere una transgresión plena a la prohibición de trabajar en Shabat, y por lo tanto sujeto a las penas prescriptas por la Torá, debe tratarse de un “trabajo consciente” (melejet majshevet en la terminología halájica), donde el resultado del acto es precisamente lo que uno esperaba que resulte del mismo.
Veamos un ejemplo: El primero de los mencionados treinta y nueve trabajos es el dejoresh (arar), una categoría que incluye todas las formas de excavar y trabajar la tierra. No obstante, quien arrastra en Shabat una silla por el césped, abriendo con ello un surco en la tierra, está absuelto de pena pues el “trabajo” en cuestión no fue intencional. El resultado —abrir el surco- no era la intención del acto—llevar la silla de un lugar a otro-.
Pero, si bien este individuo está absuelto de pena, ¿está permitido realizar en Shabat un trabajo (melajá) no-intencional?

Esto es tema de otro debate entre Rabí Iehudá y Rabí Shimón.
Según Rabí Iehudá, un acto de estas características cae bajo la categoría de “absuelto, pero prohibido”: si bien sólo el “trabajo consciente” provoca la aplicación concreta de una pena, sigue vigente la prohibición de hacer algo que podría resultar en un acto creativo, siquiera uno que no satisface por entero los criterios definitorios de melajá.
Rabí Shimón, sin embargo, es de la opinión que la persona puede seguir haciendo lo suyo y arrastrar aquella silla, incluso cuando sabe que al hacerlo podría abrir un surco en la tierra; a su entender, si la Torá define “trabajo” como un acto conscientemente creativo, sólo un trabajo tal nos está prohibido en Shabat.
Una vez más, su discusión gira alrededor de la definición de hashbatá. “Seis días trabajarás”, ordena la Torá, “y en el séptimo desistirás”. La palabra hebrea para “desistirás”,tishbot (usualmente traducida como “descansarás”), no es sino otra forma de hashbatá, como, de hecho, lo es la palabra “Shabat”.

¿Pero hasta qué grado nos dice la Torá que extingamos, desistamos de, el trabajo en Shabat?
Según Rabí Iehudá, hashbatá implica el cese absoluto de la existencia de una cosa; ningún rastro de melajá ha de ser concretado en Shabat, ni siquiera la pseudo-melajá de un trabajo no-intencional.
De acuerdo a Rabí Shimón, sin embargo, mientras la característica definitoria de melajá, su creatividad consciente, haya sido eliminada, aunque persista el cuerpo de la melajá, la hashbatá de Shabat se ha concretado plenamente.

El Shabat futuro
Después de citar las divergentes interpretaciones del versículo “Yo extinguiré las bestias salvajes de la tierra” de Rabí Iehudá y Rabí Shimón, el Midrash cita al Profeta Isaías en apoyo de la óptica de Rabí Shimón: “El lobo morará con el cordero, y el leopardo yacerá con el cabrito… El infante jugará sobre la madriguera de la cobra, y el niño tocará el nido de la serpiente. Estos no dañarán ni destruirán en todo Mi santo monte, pues la tierra se llenará del conocimiento de Di-s como las aguas cubren el mar.

Por consiguiente, el ideal mesiánico no es un mundo en el que lo que tenga una característica o potencial negativos desaparece, sino uno en el que estas características y potenciales son eliminados, y las energías que los sostienen son redirigidas hacia fines positivos y de Divinidad.
La interpretación del versículo por parte de Rabí Shimón también es consistente con el contexto temporal en que se lee y estudia como parte del ciclo anual de lectura de la Torá.

La Sección Semanal de Bejukotai (Levítico 26-27), que incluye la promesa Divina de “extinguir las bestias salvajes de la tierra” en sus versículos de apertura, se lee hacia el final de los días de la Cuenta del Omer —Sefirat HaOmer—, el proceso de auto-refinamiento de siete semanas que va desde nuestra re-experiencia anual del Éxodo, en Pesaj, hasta nuestro Recibimiento de la Torá, en Shavuot.
El objetivo del proceso de Sefirat HaOmer puede percibirse en la diferencia de nuestra actitud en estas dos festividades hacia el producto leudado.

En Pesaj, el jamtz es rechazado totalmente: se nos prohíbe comerlo, derivar beneficio de éste de cualquier forma, o siquiera conservarlo en nuestra posesión; incluso hay una mitzvá especial de destruir todo leudado que esté en nuestros dominios en la víspera de la festividad.
En Shavuot, sin embargo, no solamente el jametz está permitido, sino que la Torá hasta ordena que dos hogazas de pan leudado sean ofrendadas sobre el altar del Beit Hamikdash (el Gran Templo de Jerusalén), algo estrictamente prohibido no solamente en Pesaj sino todo el año.

Lo leudado, cuyo aspecto primario es que se alza e infla, representa la fuente de todo mal en el corazón del hombre: la arrogancia y el orgullo. Pero el conteo de la sefirá es el proceso mediante el cual sublimamos los cuarenta y nueve derivados adversos del orgullo, hasta alcanzar el punto de que sea despojado de su negatividad y pueda ser incluido en el Divino ambiente del Beit HaMikdash, el ambiente que constituyó el “saboreo” de un mundo futuro que será totalmente Shabat y serenidad para vida eterna.
Basado en Likutéi Sijot:, Vol. VII, Págs. 188-197

Adaptado y extraído de “El Rebe Enseña”, Editorial Lubavitch Sudamericana

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