Perfección de jésed

La prohibición en contra de tomar interés es una de las más fuertes en la Torá…

No des tu dinero por logro, y por usura no des tu alimento (Levítico 25:3 7).

Conforme a la ley de la Torá, todo interés es usura. La prohibición en contra de tomar interés es una de las más fuertes en la Torá. El Midrash declara que en el Día del Juicio, cualquier pecado que una persona cometió será sometido a debate entre ángeles acusadores y defensores, pero para el pecado de tomar interés, no hay deliberación y la condenación es inmediata.
Rabí Jaím Shmulevitz declara que el principio tras la prohibición de interés es que el último constituye una ganancia adquirida mientras se está realizando jésed (un acto de benevolencia), en este caso, prestar a alguien dinero. Un acto de bondad debería ser hecho en forma altruista, y recibir cualquier pago por un acto de bondad lo disminuye y esencialmente destruye el concepto de jésed.
Uno de los más importantes actos de jésed es aquel de atender al entierro de los muertos. Esto es referido como jésed shel emet, o un verdadero acto de benevolencia, porque obviamente no puede haber pago del beneficiario en devolución del favor. Es por tanto un puro jésed.
Dado que el interés puesto a un lado es que la persona necesitada debería recibir la ayuda que requiere, el Talmud declara que todos los actos de jésed son recompensados, aún si uno los hace por motivos ulteriores. Sin embargo, nuestra meta debería ser alcanzar el más alto nivel de jésed, aquel que no trae a uno ganancia personal cualquiera sea.
El Talmud declara que el propósito de la creación fue hacer posible la realización de jésed. Esto concede a jésed su suprema importancia. jésed es la razón para toda existencia.
Simple supervivencia en este mundo requiere que hagamos muchas cosas por nosotros mismos. El hábito tiene un modo de influenciar en el comportamiento para que cosas que nosotros hacemos que no son para propósitos de supervivencia también se impregnen de interés propio.
Mientras nosotros no somos santos y no alegamos haber logrado perfección, deberíamos, no obstante, tener a la perfección como la meta hacia la cual nos esforzamos. La perfección de jésed es hacer cosas para ayudar a otros sin esperar nada a cambio.

Extraído de “Viviendo cada día” de R. Twerski, Editorial Bnei Sholem

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