Behalotjá -”Paradas Móviles”

La vida es una travesía. Pregúntale al judío, quien pasó sus primeros 40 años marchando por el desierto, y siempre ha estado viajando desde entonces. Y el viaje, inevitablemente, está marcado con escalas; el descanso de


Ciudad por decreto

El Talmud se centra en la condición halájico-legal de estas paradas, estas islas estáticas en un mar de flujo.
42 veces el pueblo de Israel acampó durante su viaje desde Egipto a Tierra Santa, una única noche o varios anos.
En cada ocasión, sus 600.000 miembros formaron una ciudad de carpas que cubrió un área de “tres parsá por tres parsá” (aprox. 51 millas cuadradas).
¿Cuál era la condición halájica de estos campamentos? ¿Eran considerados “ciudades”, o su naturaleza temporaria los descalificó de ser categorizados así?
El tema en mano es el de Tejúm Shabat, los límites impuestos por la ley de la Torá para trasladarse en Shabat. En este día está prohibido ir más allá de 2000 amot (aprox. 1 Km.) del “lugar” de uno 2
Para quien comienza el Shabat en una ciudad, sin embargo, toda la ciudad se considera su “lugar” – puede caminar muchos kilómetros a lo largo de la ciudad, mientras no se aleje más de 2000 amot más allá de los límites urbanos.
Ordinariamente, una comunidad de residencias temporarias no es considerada “ciudad” en la ley de la Torá, y sus habitantes están confinados a un radio de 2000 amot desde sus hogares individuales.
No obstante, el Talmud prueba que los judíos en el desierto tenían permitido cruzar todo el campamento en Shabat.
Explica el sabio talmúdico, Ravá: dado que “Por mandato de Di-s viajaron, y por mandato de Di-s acamparon”, el imperativo Divino confería a su campamento importancia y durabilidad, asignándole la
condición de “comunidad permanente”
En otras palabras, hay paradas que no son más que complementos de un viaje, espacios de descanso para aprovisionarse con la energía que impulsa al movimiento hacia adelante. No fue así, dice la Torá, el caso de nuestro acampar en el desierto.
Es cierto que éstas fueron estaciones en el viaje mayor desde Egipto hasta la Tierra Prometida; pero “Por mandato de Di-s viajaron, y por mandato de Di-s acamparon” – cada acampar representó la llegada a una meta Divinamente definida, la culminación de un viaje Divinamente ordenado.
Podremos habernos detenido apenas por una noche, pero cada estación fue un plano “permanente”, la concreción de un objetivo individualmente importante.

La contradicción
Con todo, la Torá se refiere también a estos momentos (acampar) como “viajes”.
Las palabras finales del Libro de Éxodo hablan de la “nube Divina” que se mecía encima del Santuario “a la vista de toda la Casa de Israel, en todos sus viajes”. No obstante, como lo describe la Torá en gran detalle, estaba suspendida encima del Santuario sólo mientras acampaban; de hecho, cuando se alzaba de sobre el Santuario, era la señal Divina de levantar campamento y continuar viaje.
El mismo fenómeno se repite en el capítulo 33 del Libro de Números, que se inicia con “Estos son los viajes de los hijos de Israel… y Moshé registró sus viajes…”. También aquí la Torá llama su acampar con el nombre de “viajes”.
Rashi explica: “…el lugar donde acampaban se llamó ‘viaje’… porque, como proseguían desde allí, ellos mismos son llamados viajes
Esto parece definir nuestras 42 paradas en el desierto como elementos de nuestro movimiento hacia adelante, hacia la Tierra Prometida, en lugar de ser vistos como destinos. ¿Cómo se reconcilia esto con la premisa del Talmud de que son puntos “permanentes” en nuestra travesía, poseyendo cada uno su propio contenido de importancia y significatividad?

Redefiniendo el pasado

De hecho, hay dos aspectos en las paradas de nuestro viaje, un viaje encapsulado en las vidas de la primera generación de judíos, pero cuyo itinerario universal más amplio abarca a todas las generaciones de la historia.
Nuestro viaje nos lleva de las estructuras de Egipto a la “tierra buena y amplia”  que es la meta y objetivo de la vida sobre la tierra.
Egipto, en los tiempos bíblicos la sociedad más depravada sobre la tierra (“la vergüenza de la tierra”), representa un estado de esclavitud y sometimiento a los propios instintos animales.
La palabra hebrea para Egipto, mitzraim, significa “restricción” y “contracción”; en un nivel más profundo, “Egipto” representa todas las restricciones y limitaciones de la condición humana, material o espiritual, que el hombre debe superar a fin concretar el infinito potencial de su Alma Divina.
El máximo objetivo de esta travesía es “Tierra Santa”, un estado en el que la santidad satura los aspectos mundanos y terrenales de nuestra existencia; donde la bondad y la perfección de la creación de Di-s se cristaliza como una realidad manifiesta.
A lo largo del camino están los numerosos sub-objetivos de nuestras vidas individuales: un conflicto resuelto, un semejante ayudado, una característica negativa conquistada y sublimada, un oscuro rincón de la tierra iluminado.
Cada uno es parte de la totalidad definitiva, un ladrillo en el perfecto edifiao previsto por el Creador cuando “el espíritu del Mashíaj” revoloteaba encima de un crudo y amorfo universo.
Al mismo tiempo, cada uno es un logro en mérito propio, un fin y una meta en la procura del hombre por mejorar su personalidad y su mundo.
El hecho de que estas cumbres de logro son estaciones temporales en una travesía mayor no reduce su importancia individual. Por el contrario: si sólo marcaran el fin de un camino particular, quedarían siempre confinadas al área específica de la vida e historia cruzada por ese camino; pero, como también son piedras de apoyo que demarcan el sendero hacia una meta más alta, más universal, su importancia crece y se expande a medida que el viaje avanza.
Finalmente, nuestros logros pasados son los ingredientes de cada una de nuestras experiencias y esfuerzos subsiguientes. De modo que con cada nuevo pico que escalamos afirmamos también el potencial implícito en cada clímax previo de nuestras vidas.
A esto se debe que la Torá se refiera al acampar en el desierto como “viajes”.
A medida de que avanzamos por la vida, no dejamos sus puntos sobresalientes atrás. Como automóviles sujetos a un tren en movimiento, estas “pausas” son arrastradas conjuntamente con el movimiento avanzante de nuestro viaje.
Cuando se logra una nueva cumbre, todas las anteriores son retroactivamente elevadas a su nivel, pues ahora una dimensión de su importancia desconocida hasta este momento ha salido a luz: el nivel en el que son partes componentes de este nuevo plano de perfección.
Así, las estaciones son en sí mismas travesías, evolucionando constantemente en versiones más excelsas y más cósmicas de sí mismas.

Basado en una Sijá del 6 de Adar II de 5730

Notas:
1.Véase Números 9:21-22; Rashi sobre Deuteronomio 1:46.
2. Véase Éxodo 16:29. Viajar en automóvil o bestia, sin importar la distancia, viola otras prohibiciones de Shabat; el límite de 2000 amot se aplica también al viaje a pie.
3.Números 9:20.
4. Talmud, Eruvín 55b. Las leyes de Tejúm Shabat se detallan en Shulján Aruj, Oraj Jaím, secc. 39&416.
5. Éxodo 40:36-38; Números 9:15-23.
6. Comentario de Rashi, Exodo 40:38.
7. Exodo 3:8.
8. Génesis 42:9.
9. Véase Génesis 1:2; Midrash Rabd, ibid.

Extraido de “El Rebe Enseña” Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

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