Bamidbar – “Ropas de viaje”

“Y cuando el campamento continúa viaje, Aharón y sus hijos vendrán y retirarán la cortina divisoria [del Santuario] y cubrirán con ésta el Arca del Testimonio. Pondrán sobre éste una cobertura de cuero de tajash, y extenderán sobre éste una prenda de lana totalmente azul, y colocarán en su lugar las varas portantes [del arca].” — Números 4:5-6

El máximo propósito de la Torá puede concretarse sólo tras su descenso a la mundanalidad y corporeidad del mundo físico, para ser implementada por seres humanos con inclinaciones negativas en su carácter e influencias negativas en su entorno.
Específicamente, se habla de tres encarnaciones que experimenta el alma del judío a fin de cumplir las mitzvot de la Torá: 1) ser colocada dentro de un cuerpo físico; 2) ser cargada con características negativas e Inclinación al Mal; y 3) ser enclaustrada en un mundo pagano y corrupto.
El cuerpo somete al alma a las amarras de la vida física —familia, trabajo, dinero, etc.— para que pueda cumplir mitzvot tales como honrar a los padres, descansar en Shabat y negociar honestamente con sus semejantes.
Un descenso adicional para el alma es su entrampado dentro de un “ser animal”, colmado de deseos e impulsos negativos; resistiéndose a las propias inclinaciones al mal —observando mitzvot tales como “no robar” o “no cometer adulterio”— provee oportunidades adicionales para implementar la voluntad Divina.
Finalmente, el alma, el cuerpo y el carácter, son sometidos a un mundo pagano, un mundo tan alienado de su Hacedor que algunos en él hasta niegan Su misma existencia.
Cuando de las profundidades de este triple exilio el alma aplica la Torá a su existencia diaria, manifestando la verdad Divina en los más bajos estratos de la creación de Di-s, satisface la máxima función de la Torá: hacer del mundo un “hogar” para Di-s, un ambiente acogedor y expresivo de Su toda saturante realidad.
Pantalla, Vestido y Cobertura
Las tres capas de corporeidad que cubren al alma tienen su paralelo en las coberturas del “Arca de Testimonio” que se alzaba en la más íntima cámara del Santuario.
Cuando el arca era transportada de estancia en estancia en el viaje de Israel desde Egipto a Tierra Santa, era guardada en tres coberturas diferentes: el parojet (la cortina que dividía el “Santo de Santos”—donde estaba el arca— del resto del Santuario), que era quitado y con él se envolvía el arca; un “vestido” de lana azul; y una “cobertura” confeccionada con piel de tajash.
El parojet, él mismo un componente sagrado del Santuario, representa el cuerpo, él mismo una parte positiva y santa del ser humano, incluso mientras oculta la espiritualidad del alma.
El “vestido” más externo representa la más negativa “alma animal”, mientras que la burda “cobertura” de cuero se corresponde con una sociedad y ambiente aún más corruptores que las propias inclinaciones negativas de la persona
Cuando el arca estaba en su lugar en el Santo de Santos, no tenía necesidad de coberturas; pero para proseguir viaje, Di’-s ordenó que fuera “engullida” por su triple investidura.
Lo mismo se aplica a la Torá, que el arca contiene y representa. Si la Torá ha de quedar en su encarnación espiritual —como lo hizo hasta el día en que Moshé ascendió al Monte Sinaí— no precisa ser sometida al contacto con el ser de carne y hueso.
Pero Di-s deseó que continúe viaje, que portara Su verdad a los extremos más oscuros del mundo material. Por lo que El tomó Su “tesoro oculto”, la expresión más íntima de Su sabiduría y voluntad, y la tradujo en una guía para la vida física, una vida entregada a necesidades y relaciones corporales, a inclinaciones e impulsos negativos, y a un mundo todavía distante de su Creador.

Basado en Likutei Sijot, Vol. II, págs. 17-20
Editado y extraído de “El Rebe enseña” Editorial Lubavitch Sudamericana

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