Un edificio eterno

¿Qué puede enseñarme la Torá acerca de mi matrimonio que mi esposo y yo podamos resolver por nuestra cuenta?

Cuando un judío contrae matrimonio, lo hace con el objeto de establecer “un edificio eterno: un hogar fiel en el pueblo de Israel”. Todo aquél que haya comprado o alquilado una casa sabe que un edificio no es realmente eterno. Los ladrillos y la argamasa decaen y, no interesa cuán sólido parezca el edificio, no puede asegurarse su durabilidad. ¿Con qué ha sido bendecida una pareja judía? La bendición que habla de un edificio eterno se refiere al espíritu que mora dentro de la casa.

Un hogar judío puede reconocerse por su mezuzá, el carnicero kasher que entrega la carne, los preparativos para el Shabat. Estos son signos visibles para todos, que se expresan en la esfera pública. Mas nadie puede conocer la santidad que existe entre marido y mujer, por cuanto ésta se desarrolla en el ámbito privado. Taharat Hamishpajá imparte santidad al ámbito privado. Es el aspecto del matrimonio que marido y mujer comparten con Di-s.

En la Torá, HaShem (Di-s) le dice a Moisés: “Y Me harán un Santuario y moraré en ellos” (Exodo 25:8). Parece haber aquí una dificultad gramatical, a saber: “santuario” está escrito en singular, en tanto que “en ellos” es plural.
Nuestros Sabios explican que “santuario” se refiere a nuestros propios hogares colectivamente, y que se nos ordena hacer de cada aspecto de nuestro hogar un santuario, un sitio de bienvenida a Di-s. El judaísmo no es una religión de un día por semana en la que Di-s tiene Su casa y nosotros la nuestra. El judaísmo entraña la participación de todas las fibras de nuestro ser en la tarea de hacer de Di-s nuestro compañero.

La Torá no da garantías. No podemos decir: “Si hago lo que se me ordena, nada puede salir mal”. Hemos visto en el curso de la historia que los judíos han sido probados una y otra vez y que no nos corresponde a nosotros disculparnos o defender los motivos de Di-s. No obstante, mediante la observancia de las mitzvot esperamos desarrollar una fortaleza interior que nos permita hacer frente a los problemas de la vida.
¿Qué es Taharat Hamishpajá? ¿Por qué es necesaria? ¿Qué puede enseñarme la Torá acerca de mi matrimonio que mi esposo y yo podamos resolver por nuestra cuenta?

El calendario judío se basa en el mes lunar. La luna crece y crece. A simple vista parece incluso desaparecer. Mas esto ocurre únicamente para que haya luna llena una vez más. El pueblo judío es comparado a la luna porque también, a veces, parece ser tan pequeño e insignificante, únicamente para crecer hasta alcanzar nuevamente la plenitud. HaShem dotó a la mujer de este mismo poder de renacimiento. Una mujer renueva su fuerza, su capacidad de ser fructífera, todos los meses.

Mediante las leyes de Taharat Hamishpalá —separación, preparación y santificación— marido y mujer juntos construyen su matrimonio sobre la base de esa dimensión especial de santidad.
En nuestros hogares hay un ámbito público y un ámbito privado. En la havdalá, el servicio de conclusión del Shabat, leemos:

”Quien separa lo santo de lo mundano”. La mujer, mediante la mikvá trae santidad a su relación personal con su esposo, del mismo modo en que trae a su hogar el Shabat, un momento santo, el viernes por la noche.
Di-s entregó las leyes de Taharat Hamishpajá a los humanos, no a los ángeles. Son leyes que todos nosotros tenemos la posibilidad observar, aunque a menudo exijan de, nosotros sacrificios. Estas leyes son para la pareja, especialmente para la mujer. Di-s nos ha confiado el hogar y la familia: Su santuario. Tenemos la capacidad de usar o de abusar de este poder. De nosotros depende la elección.

SANDY WEINBAUM

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