Tiempo de mujeres

La diferencia entre el hombre y la mujer aún existe. Byron lo dijo de manera muy hermosa cuando escribió, ”El amor del hombre es para la vida del hombre, una cosa aparte, para la mujer toda una existencia.

Ahora, a mediados de mis años cuarenta, luego de escribir cinco libros sobre sicología y religión, de ser terapeuta y pasar la mayor parte de mi tiempo con mujeres en terapia de grupo, lo que más claramente veo entre las mujeres judías observantes es una ausencia total de quejas por su modo de vida, con sus familias numerosas y su dedicación a los valores morales de la Torá.
No ocurre lo mismo con las mujeres no observantes que conocí y que se acercan a mi edad. Muchas todavía son solteras o ya están solteras o ya están divorciadas, lamentan no haber permanecido casadas, no haber tenido hijos o no haber tenido más hijos. Cuando me abren sus corazones, las mujeres no observantes admiten que están muy solas.
Educadas en los ’60 y ’70, adquirieron una actitud mental de tipo varonil, la carrera es lo más importante de sus vidas.
Mis amigas escolares son abogadas, médicas, jueces, escritoras, etc. , pero sienten un profundo dolor interno, un vacío que nada puede llenar, pues nada puede mitigar la pérdida de la vida en familia.
Desde el principio de la humanidad, la supervivencia dependió del hecho de que el foco esencial del hombre estuviera en el mundo exterior – ir a la guerra, buscar comida, etc. – mientras que el foco esencial de la mujer era la familia. Por más que algunas mujeres se enorgullezcan de ser “modernas” y de estar en contra de tales ideas “primitivas”, resulta que en realidad esto es lo que satisface nuestras necesidades emocionales y espirituales más profundas.
Después de volverme observante a los 34 años, tuve tres hijos, felizmente pude darme el lujo de quedarme en casa con ellos.
Parte de mi ser envidiaba a las mujeres que salían a trabajar mientras yo me sentía un poco marginada… pero seguir un modo de vida según la Torá significa centrar mi atención en mi familia. Y así lo hice.
Mientras yo hacía lo mío, mi amiga Rosa hacía lo suyo. Fue mi compañera espiritual durante fines de los años ‘60 y comienzo de los ’70. Maestra talentosa y espíritu noble, exploramos todo lo que la parapsicología podía ofrecer. Se había separado de dos esposos y tuvo tres abortos, quería ser libre para crecer, para explorar para ser ella misma sin verse atada por las exigencias de un esposo o un hijo.
Hace poco me escribió y me dijo que se siente muy sola. Lamenta no haber tenido hijos… y ahora ya es demasiado tarde.

CUANDO EL TRABAJO Y LAS PAREJAS NO DAN PLENITUD
Como muchas, Rosa se divorció por lo que se conoce ahora como “brecha de intimidad”. La Torá lo reconoció hace mucho, habla sobre el hecho de que los hombres son menos sensibles emocionalmente y menos inclinados a la crianza de los niños, mientras que al mismo tiempo son más agresivos y controladores. Por eso los sabios de la Torá, a lo largo de los tiempos, han aconsejado a los hombres a aprender de sus esposas cómo ser más sensibles. Hay muchas leyes que tienen que ver con las necesidades y sensibilidades diferentes del hombre y de la mujer.
La lista de best sellers está llena de libros sobre la limitada capacidad de amar de los hombres, estos libros reflejan la angustia de las mujeres que buscan plenitud en los hombres y no la encuentran.
Las mujeres aun tienen que luchar diez veces más que los hombres por el mismo trabajo y ser diez veces mejores que los hombres que podrían haber ocupado esos trabajos.
En definitiva, la mayoría de las mujeres no encontrará su plenitud en una pareja o en un trabajo. Para la mayoría de las mujeres, las relaciones de familia seguirán siendo lo más satisfactorio de sus vidas. Podrá no ser muy prestigioso, pero es muy satisfactorio.
Por obsoleto que parezca, no sé de ninguna otra tarea que dé a una mujer un sentido de plenitud como el que da la maternidad. Eso no quiere decir que el trabajo no sea importante.
Cuando me hice observante, volví a definir mi idea de éxito y fuerza. Cuando vi cómo las mujeres observantes, la mayoría de las cuales tienen muchos hijos, tratan a sus familias, vi el verdadero significado del poder femenino. Y, créanme ¡no se quejan de estar solas, de sentirse no esenciales, ni lamentan haber tenido a ninguno de los hijos que tienen!

Gracias a ser observante
¿Qué hay de bueno en ser observante? Mucho. Gracias a ser observante, me mantuve en mi matrimonio, en las buenas y en las malas, en todos los tiempos difíciles y ambos crecimos mucho.
Hay un amor entre nosotros que nunca pensé que podía existir debido a la profundidad de nuestras diferencias y a las diferencias de nuestras necesidades. Lo logramos y estoy feliz de no estar sola.
Gracias a ser observante, tuve tres hijos más después del uno reglamentario que tuve en mis veinte años. Y ahora a los 46 años tengo tres varones y una hija que son la alegría de mi vida, y que de otra manera no habría tenido. Si pudiera haber tenido más, lo habría hecho gozosa.
Gracias a ser observante, no tengo que preocuparme por la posibilidad de que mi esposo me deje por una modelo más joven y más hermosa, algo que nunca he oído en el mundo observante, pero que ocurre con terrible regularidad en el mundo secular, a mujeres que se acercan a los 40 años.
Gracias a ser observante, nunca me preocupé, ni por un momento de la posibilidad de que mis hijos pudieran mezclarse en asuntos de drogas o que se dedicaran a actividades ilegales.
Gracias a ser observante, mis hijos son idealistas, tienen un poderoso sentido de la moralidad y están dedicados a los valores de la Torá.
Gracias a ser observante, mis hijos se visten con modestia, no son materialistas ni egoístas.
Gracias a ser observante, puedo mirar el futuro con confianza, hacia una cercanía real con mis hijos a medida que nos hagamos viejos. En las familias observantes no existe una verdadera “brecha generacional” debido a que todos tenemos la misma dirección, los mismos valores y objetivos, y el “cemento” unificador de un modo de vida según la Torá en el todos observamos el Shabat, el kashrut, todos pronunciamos las mismas bendiciones antes de las comidas, celebramos las mismas festividades, honramos a los mismos grandes hombres y mujeres que son modelos de coraje, de sabiduría y de dignidad.

Finalmente, gracias a ser observante, no lamentaré la manera en que he vivido durante los pasados 13 años, porque no hay nada más importante que la familia, y un modo de vida según la Torá es la mejor garantía de un sistema familiar unificado y estable que el mundo puede ofrecer.
Me alegro de haber confiado en la Torá en lugar de hacerlo en los medios de difusión modernos. Resultó que las antiguas verdades de la Torá siempre estuvieron en lo correcto.
Por Miriam Adahán

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