Reencuentro

Esta ceremonia es la antigua costumbre que se sigue manteniendo de la boda judía…

De repente, todos se callan, y el único sonido que se oye es una sentida melodía anhelante. En la oscuridad se ve aparecer el resplandor de dos velas. A medida que las velas se acercan puede vislumbrarse a un joven franqueado por dos hombres, que llevan una vela cada uno. Conducen al joven hasta una pequeña plataforma debajo del terciopelo. Algunos momentos más tarde aparece una joven conducida de manera análoga por dos mujeres que también llevan velas encendidas.

Esta ceremonia es la antigua costumbre que se sigue manteniendo de la boda judía. La tela extendida sobre las cabezas de la pareja recibe el nombre de jupá y simboliza la idea de que estas dos almas inicialmente estaban unidas, y su encuentro y matrimonio es realmente una reunión. Cuando estas dos almas, originalmente unidas, nacen al mundo físico y reciben sus cuerpos físicos, se separan. Finalmente vuelven a encontrarse y se reúnen. Esto explica por qué el júbilo es tan inmenso. Un reencuentro es mucho más conmovedor que una unión totalmente nueva. La dulzura del reencuentro se ve mucho más intensificada por la separación temporaria.

La jupá también representa el concepto de que la armonía matrimonial sólo puede lograrse si los dos miembros de la pareja están consagrados a un objetivo común, que trasciende sus propios seres individuales y limitados, o un objetivo Divino que los envuelve, los eleva y los refina.
Antes de la procesión a la jupá que hemos descrito, hay una hora dedicada a danzar, cantar, comer y beber. Los invitados tienen una mitzvá, hacer que el jatán (novio) y la kalá (novia) se sientan dichosos. Esta hora de festividades recibe el nombre de kabalat paním, que literalmente significa “bienvenida a los rostros”. La novia se sienta en una silla que se asemeja a un trono, y se la agasaja con música y danzas. Los invitados, a su vez, agasajan al jatán, mientras las invitadas acompañan a la kalá. El momento culminante del kabalat paním es el badeknish que significa, literalmente, “cubrir”. El jatán toma un velo y cubre el rostro de la novia. Tradicionalmente se cree que el rostro de la novia irradia la Divina Presencia. Por esta razón se cubre su rostro.

Mientras se hace esto, un Rabino cita el versículo (Génesis 24:60): “Hermana nuestra, que merezcas convertirte en (una multitud de) miles de decenas de millares.” Es la bendición que su familia pronunció ante Rivká cuando ésta salió de su hogar para contraer matrimonio con Itzjak y se convirtió en progenitora del Pueblo Judío. En cierto sentido, toda kalá es un reflejo de Rivká, por cuanto el matrimonio no es sólo un proceso individual que une a dos personas al punto de establecer su hogar individual, sino que es también una institución sagrada que afecta a toda la Nación Judía. Es una unión que produce “millares” de resultados beneficiosos tanto para la pareja como para toda la comunidad.

El kabalat paním suele celebrarse en el interior, en tanto que la jupá se celebra al aire libre. La jupá se realiza bajo el cielo abierto a fin de reflejar la esperanza de que la unión sea bendecida con mucha claridad, así como las estrellas iluminan los cielos. Una estrella podrá no siempre parecer tan brillante, pero es suficientemente brillante como para ser reconocida como una entidad que ilumina la vasta oscuridad del cielo. Del mismo modo, durante la vida de la persona o de la pareja, toda pequeña acción, palabra o intención buena tiene su mérito. Aunque una sola de ellas no sea mucho, el efecto general acumulativo de todas cuenta. La dicha de la pareja no se logra únicamente sobre la base de algunas esferas importantes de acuerdo y compatibilidad. Nace, en cambio, de la suma total de las muchas pequeñas cosas que constituyen la vida cotidiana. Amar y respetar a la otra persona en esferas importantes es sólo cortesía. Amar y respetar a la otra persona en los pequeños detalles es índice de una relación afectuosa.

Cuando la novia llega a la jupá, da siete vueltas alrededor del jatán en señal de que “la mujer virtuosa es la corona de su marido” (Proverbios 12:4). La corona rodea y abarca la cabeza, sede del intelecto. La corona representa lo supra-racional. Las mujeres están por lo general dotadas de una medida adicional de intuición y sensibilidad. Precisamente antes del principal aspecto de la ceremonia, se le recuerda concretamente a la pareja que debe complementarse entre sí a fin de lograr un matrimonio feliz y exitoso.

El Rabino oficiante recita la bendición: “Bendito eres Tú Quien santifica a Su pueblo Israel mediante jupá y kidushín. Kidushín es la palabra hebrea correspondiente a matrimonio, y se deriva de la palabra kadosh que significa “santo”. El matrimonio judío se considera santo, porque representa una vida dedicada a ideales espirituales, a una escala de valores absoluta que deja poco librada al azar.
Luego se da de beber vino a la pareja y el jatán coloca la alianza matrimonial en el dedo índice de la mano derecha de la kalá y dice:
“Quedas así comprometida a mí mediante este anillo, de acuerdo con las leyes de Moshé e Israel”. Luego se da lectura en voz alta a la ketuvá (contrato matrimonial).

La sola lectura del contrato matrimonial permite comprender la sensibilidad y respeto que el hombre cultiva hacia su mujer mediante la observancia de la Torá. En el contrato se enumeran las responsabilidades del marido respecto de su mujer. Además del requisito de proveerla de alimentos y ropa, está obligado a ella con el cumplimiento de oná. Este término hace referencia a los derechos conyugales de ella. Es significativo que en el contrato matrimonial se indique únicamente las responsabilidades del marido respecto de la mujer. Todo aquél que tenga aún la idea más remota acerca de esta ley de la Torá, puede comprender cuán equivocados están aquellos que dicen que el judaísmo sólo es bueno para los hombres. En realidad, nadie alcanza tal plenitud dentro del matrimonio, o si es por ello, fuera del matrimonio, como una mujer judía cuyo marido respete y ame el modo de vida inspirado en la Torá y está consagrado a vivir de acuerdo al mismo.

La ketuvá queda en poder de la esposa durante toda su vida matrimonial, y ésta debe obtener una nueva si se le llegara a perder. Vuelve a llenarse la copa de la que antes se bebió vino y se pronuncian siete bendiciones sobre ésta. En estas bendiciones se menciona que el hombre y la mujer fueron creados a imagen de Di-s; que se les da la oportunidad de establecer un “edificio eterno”; se hace referencia al gran júbilo del jatán y la kalá, de todo Israel y del eventual retorno a la tierra de nuestros antepasados. Los novios beben de la copa, que luego se pisa y se hace añicos en señal de duelo por la destrucción del Templo Sagrado de Jerusalén.
Con el sonido de vidrios rotos, la atmósfera solemne de la jupá es reemplazada inmediatamente por un maravilloso aire de fiesta. De inmediato, los músicos comienzan a tocar una melodía alegre, y todos intercambian felicitaciones y se desean mazal tov. Luego los invitados se dirigen al salón de fiestas. Allí pasan varias horas disfrutando de una comida en la que se entremezclan alegres danzas, canciones y a menudo también pantomimas.

Antes de que los recién casados se unan a sus invitados después de la Jupá, pasan a una pequeña habitación en la que permanecen un rato. Esto se conoce con el nombre de ijud. Simplemente, esto significa que la pareja se encuentra a solas uno con el otro, por primera vez en su nueva condición de “casados”. Ya se ha preparado para ellos de antemano una mesa con tortas y bebidas. A menos que aquel día haya sido Rosh Jodesh (comienzo de un nuevo mes hebreo), han guardado ayuno hasta ahora. Para la pareja el día de la boda es un Iom Kipur personal. El Talmud expresa que se les perdonan todos los pecados y comienzan una vida nueva.

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