Ocho… ¿Son suficientes?

Cierta vez, una mujer conocida me manifestó su preocupación por el hecho de que nosotros teníamos, a su parecer, muchos hijos. El argumento más fuerte que utilizó fue: “¡Si tienen muchos niños deberán dividir el cariño entre todos, y como consecuencia de esto, crecerán faltos de amor!” La miré a los ojos, sorprendida y le contesté con una sonrisa: “Pero si el amor sólo se multiplica, es lo único que no se divide!!!” Quedó perpleja. Entonces le expliqué que, a medida que iban naciendo nuestros hijos, nos sentíamos más seguros y acumulábamos experiencia y paciencia, sabiendo aprovechar cada vez mejor los momentos juntos, comprendiendo que tenemos mucho para brindar a los demás. “Y por sobre todo” -le aclaré- “¡es la experiencia más divertida y enriquecedora que pueda uno vivir!”

A continuación, transcribimos unos párrafos de un artículo de Daniel Durrett, publicado en el Family Circle, que nos ilustra esta vivencia singular.
“Un compañero de oficina me preguntó “¡Cómo puedes tú y tu esposa ocuparse de ocho niños, mientras nosotros tenemos dos y apenas podemos!” Le expliqué pacientemente que hay una ley irrefutable de la naturaleza: se necesitan 24 hs por día para criar dos hijos. Y porque hay sólo 24 hs en un día, las parejas pueden tener cuantos hijos adicionales quieran, sin riesgo de trabajo extra. Todos escuchamos que las personas inteligentes “planifican” sus familias, colocando un límite al número de seres humanos que invitan a vivir con ellos. Nos educaron con la idea que en el mundo de hoy, es económica, social y emocionalmente imposible criar más de dos o tres bien ajustados descendientes. Nosotros no comenzamos a tener muchos hijos. Pero nuestra primer pareja de chicos fue tan encantadora, que decidimos tener un bebé, y luego otro y otro… no hubo “accidentes” en nuestra familia. Para tener una vida plena, uno debe estar rodeado de vida. Mientras nuestra familia crece, juntamente crece nuestro regocijo. La devoción que mi esposa y yo compartimos se va profundizando con el nacimiento de cada hijo. Nuestros hijos también se benefician del placer y proceso de crecer en una familia numerosa. Cada uno ha aprendido a tratar con otros seres humanos, cuyos deseos y necesidades son diferentes. Comentaristas sociales apuntan al factor económico, es decir, el costo de criar una familia numerosa.

Nosotros nos regimos por lo que llamamos una jerarquía de necesidades. Esta teoría implica que cada miembro de la familia siempre necesita algo, mas en determinado momento, las necesidades del otro serán lo más importante.
Se entiende que la logística de esto, convierte a la Invasión a Normandía en algo simple. Prosperamos a través de los desafíos que se nos presentan diariamente. De hecho, cuando miro a mis hijos, me pregunto: “¿A quién privaría de vivir?” Y sé que nuestras vidas se verían insoportablemente disminuidas, con la ausencia de cualquiera de ellos”.

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