La mikve – El retorno a nuestros origenes

Las leyes de pureza familiar se encuentran dentro de los jukim, estatutos, que fueron decretados y cuyo sentido no es suficientemente claro ni explicito para nuestra humana comprensión…

Existe abundante literatura médica acerca de los beneficios de estas normas, pero de la misma forma que en las leyes de cashrut y brit milá, no podemos afirmar que se basan en principios higiénicos únicamente. El creyente basa su obediencia a los preceptos, en su fe, aún cuando no haya dilucidado sus razones.

Nidá- es uno de los tres preceptos, asignados a la mujer. El hombre debe conocer las leyes de pureza familiar, ya que la responsabilidad es mutua y su cumplimiento obliga a ambos. Para la inmersión en la mikve de purificación, encontramos una asociación en la descripción de la creación del mundo. Antes que la tierra seca fuera expuesta, el globo terráqueo estaba cubierto de agua: “Y el espíritu de D’s cernía por encima de las aguas” (Génesis 1:2). En el segundo día fueron creados los cielos como resultado de la separación de las aguas superiores de las inferiores y la tierra aún seguía cubierta de agua. Solo en el tercer día dijo D’s: “Reúnanse las aguas… en un lugar y aparezca lo seco… y llamó D’s a lo seco – ‘tierra’ y a la acumulación de aguas lo llamó ‘mares’ y vio D’s que eso era bueno” (Génesis 1:9-10)

El agua es símbolo del comienzo de la Creación, de la situación primaria de la existencia. El hombre, puede impurificarse ritualmente por diversas causas (v.g.: si fuese metzorá que se traduce frecuente pero inapropiadamente como lepra, o si tuviese ciertas emisiones del cuerpo) y la mujer, cuando tiene flujo menstrual. Ambos tienen la manera más agradable de purificarse: volver a las fuentes de la Creación, el agua viva de manantiales o de lluvia, que se colecten en el lugar adecuado: la mikve.

El manantial o la mikve y la inmersión después de una apropiada higienización que quite todo objeto o material adherido que interfiera el contacto directo del agua con todo el cuerpo nos llevan a liberamos de toda impureza. La tevilá, la inmersión, crea al individuo nuevamente.

No nos referimos aquí a la limpieza física – sino a la pureza ritual – Estas dos expresiones están unidas pero no son iguales. Limpieza se puede lograr con un baño con agua y jabón, esponjas y cepillos, pero pureza sólo con aguas de la Creación, en las fuentes de agua natural que se reúnen en la mikve. La limpieza es un paso previo para adquirir la pureza, pero no puede, de ninguna manera, ocupar el lugar de la inmersión.

Extraído de Judaísmo Práctico del Rab. Israel M. Lau

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario