La importancia de la ketuvá en nuestros días

Pero si el matrimonio se convertía en un callejón sin salida, la solución era el divorcio…


¿Cuál es la importancia de la ketuvá?
Los sabios enfatizaron y fueron muy exigentes respecto a la ketuvá, ya que le está prohibido a la mujer permanecer con el hombre sin ese documento.
Para ejemplificar el valor de la ketuvá – tanto como documento de protección económica como de freno a la disolución del vinculo matrimonial ante conflictos que pueden resolverse, recordemos dos halajot básicas del casamiento según la Torá:
a- Se permitió la poligamia. Al primero que se lo limitó fue al rey: “Tampoco se multiplicará mujeres para sí, para que su corazón no se aparte, (del Eterno)’ (Deuteronomio 17:17). Esta limitación al rey le permitía casarse hasta con 18 mujeres: en el momento que el rey David tenía seis mujeres el profeta Natán le dice: “Y por si eso hubiera sido poco – yo te hubiera agregado – en total 18 mujeres (II Samuel 12:8). El rey Shlomó, que tenía mil mujeres y concubinas exageró y provocó que al final “sus mujeres hicieron desviar su corazón hacia otros dioses”.
Nos podemos imaginar los conflictos y la suerte de las múltiples viudas, cuando el marido fallecía: comenzaban las riñas sobre la herencia, que casi siempre eran violentas y provocaban injustos despojos, abandonos y discriminaciones.
b- Según la ley de la Torá no se puede consagrar a una mujer sin su total consentimiento, pero se podía divorciarla aún sin su acuerdo. A pesar de esa norma primigenia, se limitó al hombre la posibilidad de conceder un divorcio sin una razón
válida, pero, aún así, los derechos de la mujer no eran suficientemente respetados.
Estas dos autorizaciones – la poligamia y el divorcio sin el consentimiento de la esposa – creaban graves problemas y conflictos económicos. La ketuvá es el documento que trata de solucionar parte de estas dificultades. Al fallecer el marido la mujer presentaba la ketuvá y con ello obligaba a los herederos o a los ejecutores de la herencia a pagarle el monto que estaba estipulado, antes de repartir los bienes entre los herederos.
La ketuvá también servía para evitar divorcios, ya que obligaba una indemnización muy importante. Cuando el matrimonio pasaba por crisis, el documento de la ketuvá era el aviso que llegó el momento del pago. Este documento hacía que las tensiones se regulen y así se evitaban divorcios precipitados y en definitiva innecesarios ya que después de la crisis, si la misma no era profunda, podían reiniciar una feliz vida en común.
Pero si el matrimonio se convertía en un callejón sin salida, la solución era el divorcio. La ketuvá otorgaba a la mujer una base económica para los primeros pasos en su camino independiente.

La importancia de la ketuvá en nuestros días
Los anatemas de Rabenu Guershom Meor Hagolá (965-1028 o 1040) y los decretos por él promulgados, consolidaron la fuerza e importancia de la ketuvá. El decreto de Rabenu Guershom que prohibió contraer matrimonio con más de una mujer, logró que en caso de la muerte del marido quedara solamente una viuda supérstite – y de esta manera no existían disputas ni competencias sobre los bienes. (Rabenu Guershom promulgó un decretó que lamentablemente tuvo poco eco en el público: el anatema del marido y de los testigos si él divorciara a la mujer contra su voluntad).
En nuestros días es necesario el consentimiento de la mujer para el divorcio de la misma manera que para el matrimonio. De cualquier manera el monto de la ketuvá no obliga a demorar el divorcio y esa suma de dinero no representa una garantía suficiente para la mujer divorciada, que puede agregar condiciones y exigencias de vivienda, alimentos y manutención mensuales para la aceptación del divorcio.
De aquí que el monto, fijado por el novio en la ketuvá, lo comprometa de alguna manera y posea valor. Sin embargo, no tiene una importancia concreta y práctica y no justifica la disputa que se produce muchas veces entre las familias en las vísperas de la boda, cuando exageran erróneamente la trascendencia del monto de indemnización que se colocará en el contrato.

Extraído de Judaísmo Práctico del Rabino I. M. Lau

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