Indicios de Divorcio

Si un hombre se casa, convive con su esposa, y después deja de gustarle por haber encontrado en ella una actitud inmoral, le escribirá un acta de Divorcio, se lo entregará en su mano y la despedirá de su casa. Deuterenomio 24:1

Fue una respuesta vencedora la que le dio Israel al profeta:…”si una mujer se divorcia de su esposo, ¿tienen algún otro derecho entre ellos? Talmud, Sanhedrin 105a

Mientras que la Torá sanciona el divorcio, también expresa lo negativo e indeseable que es la disolución del matrimonio. La Torá sólo acepta un divorcio en el caso de “un asunto de promiscuidad”, un acto deshonesto u otras ofensas morales. Hay una opinión, de la Escuela de Shamai, que esto constituye el único motivo para el divorcio. Pero también los Sabios de la Escuela de Hillel, que permite el divorcio por otros motivos, está de acuerdo que “cuando una persona se divorcia de su primera esposa, también el Altar (en el Templo Sagrado) derrama lágrimas.

A la luz de esto, una cierta curiosidad de la ley de la Torá es aún más sorprendente. La Torá dedica una sección completa (Deuteronomio 24:1-4) para detallar los procedimientos del divorcio. Las leyes del matrimonio, sin embargo, se derivan a partir de indicios y alusiones insertados dentro de los mismos versos que especifican las leyes de divorcio ¿No podía la Torá haber elegido un camino más apropiado para expresar su concepción del matrimonio?

Realidades del espejo
“La Torá habla de la realidad física”, escribe Najmánides, “y alude a la realidad suprema”. La Torá habla de la realidad física, recuenta la historia del mundo físico, la humanidad y el pueblo de Israel, y legislan las leyes de la vida física. Pero cada una de sus historias y leyes también son una descripción de una realidad suprema, de un aspecto particular de la relación entre el Creador y Sus creaciones.
El Kabalista Rab Menajem Azaria de Fano va un paso mas allá. “La Torá habla de una realidad suprema”, escribe, “y alude a la realidad física”. La dimensión de la Torá de la realidad física debe ser con la que mas nos relacionamos: cuando leemos el Libro de Génesis, asumimos que la Torá está hablando de Abraham, Itzjak y Iakov que vivieron en la Tierra Sagrada hace 4000 años, y solo “aludiendo” a los atributos Divinos de Jesed, Guevurá y Tiferet, que son sus contrapartes superemas. Pero la verdad es, dice Rab Menajem Azaria, el caso opuesto: El tema principal de la Torá es la realidad suprema, y “también” alude a nuestro mundo.
Las enseñanzas Jasídicas explican que la ley más básica de la existencia es que “No hay nada aparte de El”, cualquier cosa que podamos percibir como una existencia “además de El”, no es nada mas que una expresión de Su deseo que existe. Así que la realidad suprema no es simplemente un “espejo” de la realidad física, sino la fuente de donde la realidad física deriva todo lo que es y tiene.
En otras palabras, no existe nada en este mundo que no exista primero en la realidad suprema. Si el tiempo en la tierra está dividido en día y noche, es porque hay un “día” y “noche” en las dinámicas de la relación entre Di-s y la creación.
Lo mismo es cierto con el matrimonio y divorcio. Si el “matrimonio” no existiera en el aspecto de nuestra relación con Di-s, tampoco existiría la posiblidad de matrimonio en nuestras relaciones humanas. Y el hecho de que el divorcio es posible dentro de los matrimonios humanos, es el resultado a la existencia del concepto de “divorcio” en el matrimonio de nuestra relación con Di-s.

El destierro
Galut: la palabra que describe el estado del Pueblo Judío después de la destrucción del Templo Sagrado y nuestro destierro de la Tierra de Israel, significa “exilio”.
Pero Galut es mucho más que el desplazamiento de un pueblo de su tierra.
El Templo Sagrado en Jerusalem era donde el amor de Di-s hacia nosotros, Su providencia en nuestras vidas, nuestro amor a Di-s y compromiso a Servirlo, alcanzaban su máxima expresión. El Templo era “la casa conyugal” del matrimonio de Di-s e Israel.
Cuando traicionamos nuestra relación especial con Di-s, los profetas nos reprendieron por actuar como una esposa errante, y el Galut es descrito por Di-s como el momento “Cuando vi que la infiel Israel había cometido adulterio, yo la despedí y le di un certificado de divorcio”
A esto, el Talmud dice que cuando los profetas exhortaron a los judíos a arrepentirse de sus pecados, la comunidad de Israel respondió: “Si una mujer se divorcia de su marido, ¿tienen algún derecho entre ellos?”

Un mundo de sueños
El Talmud lo llama una “respuesta vencedora”, pero luego cita la respuesta de Di-s: “¿Dónde está la acción de divorcio … con la que [supuestamente] Yo la despedí?! Nunca hubo un divorcio verdadero, Di-s está diciendo. Un alejamiento, tal vez, en la que la esposa infiel ha sido “desterrada por sus pecados”, pero el matrimonio se mantiene intacto. Pronto llegará el día en que la casa conyugal será reconstruida y la esposa desterrada será traída de vuelta a casa.
Pero, ¿Di-s no le dijo directo a Jeremías: “Yo la despedí y le di un certificado de divorcio”? ¿Hubo o no hubo un divorcio?
En un cierto nivel, el matrimonio-unión se había disuelto. Desde la perspectiva de la realidad del galut, la esposa había sido declarada culpable por “un asunto promiscuo” y había sido “enviada lejos de su casa”. Desde este punto de vista, su argumento: “Si una mujer se divorcia de su marido, tienen algún derecho entre ellos? “,es de hecho una respuesta vencedora”.
Pero la realidad del galut es una realidad superficial, superpuesta. “Cuando Di-s devuelve los desterrados de Sión”, canta el salmista, “debemos ser como soñadores”. Al igual que una persona dormida que despierta de un sueño, nos daremos cuenta de que lo que hemos vivido tan vívidos y reales ha sido solo una ilusión. Vamos a despertar a una realidad en la que ningún recurso de divorcio haya sido entregado, una realidad en la que el matrimonio-unión entre Di-s e Israel es, y siempre ha sido, inviolable.
Es por eso que cada matrimonio, como se dice en las “Siete Bendiciones” recitadas bajo la jupá, es un “edificio eterno”. Como los matrimonios humanos son el derivado y la reflexión de la unión Divina, ellos también tienen algo de eternidad y invencibilidad. Es sólo que nosotros, los seres finitos y mortales que somos, no siempre tenemos éxito en la actualización de la esencia eterna del vínculo matrimonial. En ciertos casos, un matrimonio incluso puede fallar por completo y ser disuelto por divorcio, un fenómeno que se deriva del “divorcio” que puede ocurrir en el matrimonio Divino dentro de la pseudo-realidad del galut.

Las lágrimas del Altar
Pero no es sólo que el “divorcio” se lleva a cabo únicamente dentro de la realidad del galut, mientras que en una realidad superior no. En un sentido más profundo, el divorcio también tiene lugar en la realidad superior, pero no es una ruptura de la unión matrimonial, sino que es una prueba de su resistencia y durabilidad.
El Talmud dice que “un Judío, a pesar de que ha transgredido, es un Judío”. El significado simple de esta afirmación es que un Judío sigue siendo un Judío a pesar de sus transgresiones. Sin embargo, un significado más profundo es que él es un Judío porque ha transgredido.
Un no-judío que trabaja en Shabat o come carne con leche, no ha hecho nada malo. Pero para un Judío, los mandamientos de la Torá (mitzvot) son un componente de su relación con Di-s: observándolas, él se da cuenta de esta relación y se extiende en su vida diaria. Cuando son violadas, Di-s no lo quiera, está actuando de manera contraria al compromiso que define su identidad. En otras palabras, un cierto acto es una “trasgresión” sólo por el hecho de que aun cuando el acto se lleva a cabo, su autor sigue siendo obligado por su compromiso con Di-s.
Lo que es cierto de nuestra respuesta interna a una trasgresión, es también verdad en la respuesta de Di-s a nuestra infidelidad. Mientras el Templo Sagrado estaba en Jerusalén y el pueblo de Israel moraba en la Tierra Santa, nuestro matrimonio con Di-s se expresaba sólo en el nivel en el que nuestro “vivir juntos” creaba un vínculo entre nosotros. Pero con el “divorcio” del galut, una dimensión más profunda de nuestro matrimonio salió a la luz. El dolor que experimenta Di-s a través de nuestra separación expresa el vínculo inherente entre nosotros. Las lágrimas derramadas por el Altar confirman que el vínculo sigue existiendo aun cuando la casa conyugal ha sido destruida y la esposa infiel ha sido desterrada a los confines de la tierra.

La respuesta vencedora
Esta es la razón por la que la Torá elige, para comunicar las leyes más básicas del matrimonio, los versículos que tienen que ver con el divorcio, con lo que nos presenta dos niveles de significado en estos versículos: explícitamente, se explican las leyes de divorcio, en un nivel mas profundo e implícito, definen la naturaleza del matrimonio. La Torá, hablando en su “realidad suprema”, esta diciendo que lo que externamente es un estado de “divorcio”, en esencia es la expresión más profunda del matrimonio entre Di-s y Su pueblo.
Este es también el significado más profundo de la “respuesta vencedora”, del Pueblo de Israel. ¿No es el caso de que “si una mujer se divorcia de su marido, ¿siguen teniendo algún derecho entre ellos?” Entonces, ¿por qué estamos actuando como si todavía estamos casados? ¿Por qué Di-s nos sigue empujando a arrepentirnos? ¿Por qué seguimos luchando para llegar a un acuerdo con nuestra relación con Él? En efecto, nuestro llamado “divorcio” es el indicador más poderoso de la profundidad y la invencibilidad de la unión entre nosotros.

Basado en lo que dirigió el Rebe , 20 de Av, 5719 (24 de agosto, 1959)

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