Fecundación asistida – La perspectiva de la Tora

Antes de discutir las nuevas tecnologías de reproducción creo que debemos reflexionar sobre nuestra actitud e ideas acerca de la fecundación en general. ¿Por qué tenemos hijos?¿Cuáles son nuestras responsabilidades como padres, particularmente como judíos, en el proceso de reproducción? ¿En qué momento comienza nuestra responsabilidad por ellos?

Una de mis historias favoritas es la que cuenta que una vez el Kotzker Rebe, que estaba sentado un Shabat a la tarde junto a sus discípulos, describía con gran perspicacia las diferentes personalidades de alguno de sus jasidim. Finalmente, ellos le preguntaron: “¿Cuánto sabe usted de la personalidad de su hijo? ¿Cuánto lo conoce realmente?” A esto el Rebe respondió: “Yo sé con qué pensamientos lo traje a este mundo”

Antes de discutir las nuevas tecnologías de reproducción creo que debemos reflexionar sobre nuestra actitud e ideas acerca de la fecundación en general. ¿Por qué tenemos hijos?¿Cuáles son nuestras responsabilidades como padres, particularmente como judíos, en el proceso de reproducción? ¿En qué momento comienza nuestra responsabilidad por ellos?

En una cita tan terriblemente mal interpretada, el rey David dice: “He nacido en el pecado, y en iniquidad mi madre me ha concebido” El Midrash explica que David se refería a su concepción. En el momento de la misma, su padre creía que estaba con otra de sus esposas, no con la madre de David. David fue afectado por esto, y pide perdón por sus propias faltas que atribuye a las circunstancias de su concepción: su padre estaba pensando en otra mujer en el momento de intimidad con la mujer que sería la madre de David.

En la Ley Judía, el hombre debe mudarse de su casa si ha decidido divorciarse de su esposa, para prevenir cualquier posibilidad de intimidad entre él y su mujer. Pues el Talmud dice que es insano para el niño ser concebido en una situación descripta como “grushat halev”- divorciada del corazón.

El Talmud expresa que un niño, que ha sido concebido entre dos personas que no están interesadas uno por el otro, puede ser rebelde e inestable. Un niño que ha sido concebido cuando las mentes y corazones de los padres no estaban en el mismo lugar, y cuyo placer no está enfocado hacia el mismo sitio, reflejará un tipo de dispersión en su personalidad que entorpecerá su habilidad para centralizar su presencia y sus intereses.

De hecho, el Talmud describe nueve situaciones en las que los niños pueden nacer con alguna torpeza. Esencialmente, se trata de nueve diferentes situaciones donde los padres están distraídos o de alguna forma, desinteresados mientras conciben.
Incluso, expertos en salud mental establecieron que los traumas de nacimiento son responsables de problemas psicológicos. Ellos hilvanan, los hasta ahora inexplicables problemas, a experiencias en el útero que llegan tan atrás como al momento de la concepción. La ciencia ha descubierto que los fetos poseen una increíble conciencia, memoria y percepción, y si bien la experiencia de la criatura desde su temprana formación retrocederá dentro del subconsciente mientras él se desarrolla, estas vivencias no desaparecen. Contribuyen significativamente en la percepción y carácter del niño.

Entonces, no se puede ignorar el efecto causado sobre un niño, por ejemplo, que es concebido a pesar de la esperanza de sus padres, en el momento de intimidad, de “no queremos tener un bebé” En el momento que los padres están creando un bebé, están deseando que no exista ese niño. Personalmente especularé agregando que seguramente muchas de las disfunciones inexplicables que vemos en los niños pueden tener su raíz en las circunstancias de su concepción. Existen hijos que sufren por sentir que sus padres no los quieren o aceptan. No pueden decir con certeza qué es lo que sus padres hacen o dicen, para explicar ese sentimiento.

Si es verdad que una relación íntima comprometedora puede herir al niño, ¿qué sucede cuando no existe del todo intimidad? Con las nuevas técnicas reproductivas, nos enfrentamos a la creación de un bebé de formas muy mecánicas, sin el beneficio de una relación íntima enfocada correctamente por el padre y la madre. De hecho, existen técnicas que permiten la creación de un niño sin intimidad alguna entre ambos. Y otras formas de fecundación asistida abarcan la participación de más de un hombre y una mujer, creando mucha confusión, social, legal y halájica, sobre quién y cuántos padres tiene ese niño. La nueva tecnología nos da el poder de crear un cuerpo físico, Di-s aporta el alma, y la gente que hasta ahora no podía, hoy puede experimentar el milagro de dar a luz. Pero recordemos que el milagro existe en todo nacimiento, incluso en los que son producto de relaciones prohibidas.

Somos un Am Kadosh (pueblo sagrado), debemos preguntarnos: “¿Qué clase de niños estamos trayendo al mundo?” Existe una conexión directa entre el alma que es la contribución de Di-s y la tecnología que aporta los componentes físicos del niño; esta unión es necesaria para que el cuerpo y el alma se acoplen sanamente. Esto se alcanza a través de la conexión espiritual, emocional e íntima entre las dos personas en el momento que están generando una nueva vida y es de allí que este nuevo ser tomará su propia fuerza espiritual, emocional y psicológica.

Por eso, la decisión de una mujer sola que desea tener un niño utilizando estas técnicas para concebir un hijo sin la participación de un esposo, no es una decisión tomada en beneficio del niño. Sólo como último recurso, y sólo en el contexto del matrimonio, dónde la Torá lo permite, y cuando todas las ramificaciones están bien claras, tiene sentido utilizar los métodos de reproducción asistida.
Las “vestimentas” del alma, describe el Zohar, que han sido afectadas por circunstancias de la concepción, pueden beneficiarse y corregirse absorbiendo imágenes sagradas. Anticipándose a tiempos tan confusos, en que la vida judía está tan mal interpretada y descuidada y los niños nacen con todo tipo de factores indeseados, el Jasidut ofrece un antídoto: la práctica de Jitas que es el acróstico de Jumash (Torá), Tehilim (Salmos) y Tania (libro básico de la filosofía Jabad) Sólo con leer las vocablos, absorbiendo las imágenes de esas letras y esas palabras y frases en segmentos diarios, las repercusiones negativas de la fecundación asistida pueden corregirse. Las letras del Jumash, que es la parte revelada de la Torá, cura la parte externa, el Tehilim, compuesto por el rey David en su sincero desahogo, cura el corazón; el Tania- lo esotérico, ó profundo, cura el alma.

En los mejores momentos debemos tomar fuerzas de nuestros recursos espirituales. Y esto es especialmente cierto, en estos tiempos precarios en los que es más difícil criar niños sanos de mente, cuerpo y alma.

Por Rabí Manis Friedman
Párrafos extraídos de un simposio acerca de “El Judaísmo y las Nuevas Técnicas de Fecundación

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