El paradigma de la felicidad

Las personas quieren ser felices.

Ellos sinceramente piensan que están a un solo paso de la verdadera satisfacción en la vida.

Si solo pudieran perder ese kilo de más o enderezarse la nariz, entonces llegarían a la perfección. Si finalmente pudieran ganar la lotería entonces serían felices, ¿verdad?

¿Qué te faltaría para ser feliz?

Solteros quieren casarse, empleados desean tener satisfacción, madres quieren dormir y fanáticos deportivos quien que su equipo gane.

Todos son deseos válidos y aspiraciones justificadas, pero, ¿te hará feliz?

Todos hemos conocido hermosas reinas tristes y millonarios descontentos. Matrimonios se rompen, sueños de trabajo se ponen ácidos y dormir se pone aburrido después de un tiempo

Puedo no estar feliz con lo que estoy haciendo ahora, pero, ¿dar vuelta la página me llevara más cerca a mis metas?

Una vez fuimos felices…

Una parte esencial de cada casamiento es una serie de siete bendiciones, conocidas como los “Sheva Brajot”.

La relevancia de la mayoría de ellas al matrimonio es evidente: le damos la bienvenida a Di-s a la ceremonia, y lo reconocemos como el Creador. Rezamos para que el matrimonio sea duradero, y que la unión sea bendecida con hijo.

En la sexta bendición oramos para felicidad, pero hacemos referencia a esta solicitud con una aparentemente extraña alusión:

“Otorga abundante alegría a estos queridos amigos, como Tú concediste alegría al ser que Has creado (es decir, Adam), en el Jardín del Edén. Bendito eres Tú, que alegra al novio y la novia”

Siempre he estado intrigado por esto: ¿Por qué la máxima expresión de felicidad es cuando Adam se casó con Java en el Edén? Claro que vivían en un paraíso, pero no tenían ni ropa ni seguridad. Fueron engañados por la serpiente de la tentación y muy pronto fueron sumariamente expulsados a un mundo indiferente. ¿Qué tenían para ser tan felices?

Eran felices porque se tenían el uno al otro

…Y podemos seguir siendo

La mayoría de nosotros no tiene el tiempo o la inclinación para la verdadera felicidad, porque estamos demasiado ocupados mirando la distancia. Constantemente anticipar las nuevas y más grandes emociones que tenemos por delante, nos distrae de los regalos que tenemos a mano. Queremos, queremos más y lo queremos ahora. Pero en el momento que obtenemos lo primero que deseábamos, ya estamos concentrados en lo próximo.

Todo lo que tengo, todo lo que hago, donde quiera que vaya, no puedo dejar de preguntarme si no podría estar haciéndolo mejor.

Pero Adam y Java no tenían esas ideas erróneas. Él era el único hombre en el mundo para ella, y ella no pudo encontrar un mejor cónyuge si lo hubiera intentado. Había encontrado a su mujer de valor y ahora podía dedicar toda su atención a ella.

Esto no es lo mismo que cerrar los ojos y forzarse a estar contento con lo que tenemos. No trates de engañarte tratando de pretender que realmente no quieres nada más de lo que tienes ahora, sino, saber que no hay nada más que tener.

El arte de la felicidad es aceptar que lo que Di-s te ha dado está perfectamente calibrado a tu personalidad y necesidades. Cuando entras en una relación, tienes que creer que es exactamente lo correcto y que no hay nada mejor que puedas hacer. Cuando reconoces eso, podrás trabajar para tener éxito en tu matrimonio con toda la fuerza y energía que jamás hayas tenido.

La bendición que se le da a una nueva pareja, es que este día debe ser el pináculo de su felicidad. Mañana otra vez, y luego al día siguiente, porque no hay nada ni nadie más en el mundo para ti, y este conocimiento debería dejarte realmente feliz.

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