Casarse: la más grande de todas las alegrías

El matrimonio es el más alto grado de alegría que se puede encontrar en la vida de un ser humano…

Tan es así que con respecto a la alegría del matrimonio, la Guemará’ usa una expresión que no se puede hallar con respecto a ninguna otra cosa alegre: ‘Aquel que deriva placer del ban­quete de un jatán y lo alegra, merece la Torá, que fue dada con cinco ‘voces’. Y aquel que deriva placer y fracasa en alegrarlo. .

La razón para esto es la siguiente: El Zohar explica que cuando un alma desciende a este mundo, la mitad descien­de a un cuerpo (del hombre) y la mitad desciende en un segundo cuerpo (de la mujer). Es por ello que encontramos la expresión “medio cuerpo”, puesto que dentro de cada uno de ellos no reside más que la mitad del alma.

Por ello, el versículo declara3 que “el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y se convertirán en una sola carne”. Es decir que el marido y la esposa verdaderamente son una entidad, solamente que están investi­dos en dos cuerpos separados.

Por consiguiente entendemos el tremendo grado de ale­gría que está asociado con un casamiento: Hasta el momento del casamiento, el jatán y la kalá están distantes uno del otro —a veces pueden estar hasta en dos países separados.

Cuando “Di-s se sienta y arregla parejas”, el resultado es que ellas se encuentran y se unen. De ahí la enorme canti­dad de alegría en el encuentro del jatán y la kalá.

Cuando dos amigos se encuentran después de no haber­se visto por un largo período de tiempo, hay un alto grado de alegría en su encuentro. Y esto es así a pesar del hecho de que son dos individuos separados, y nos es el cariño que tienen uno por el otro lo que los une.

Seguramente, por lo tanto, con respecto al matrimonio, en el que el alma encuentra su propia segunda mitad, haciéndose por lo tanto entera y completa, sin duda esto resulta en una verdaderamente tremenda cantidad de ale­gría.

El matrimonio es por lo tanto un evento trascendental en la vida del hombre, en tanto que lo provee de un estado de terminación.

Podemos decir que el matrimonio es una condición com­prensiva, no solo con respecto al hombre, sino también en su relación con los mundos supremos. Pues cuando el hom­bre se hace completo, posibilita que su servicio alcance también un estado de terminación y el servicio de un judío en este mundo inferior produce y causa directamente un estado de logros y terminación en los mundos superiores también. Esto es de acuerdo con la declaración de que “Dí-s desea apasionadamente un lugar para morar en el

mundo más inferior”.

Una morada física terminada causa un estado de termi­nación dentro del individuo que mora en ella, como decla­ra la Guemará “Una hermosa morada expande el conoci­miento de la persona.

Así también hace el servicio de un judío en este mundo bajo trae terminación a todos los mundos superiores tam­bién otorgándoles un nuevo nivel de iluminación divina, un nivel que nunca antes había sido traído previamente entre ellos.

Una razón adicional para la alegría que acompaña al matrimonio. El propósito del matrimonio es traer nuevas generaciones, generación tras generación, ad infinitum. Esto viene a través del infinito poder de Dí-s que trascien­de las limitaciones mundanas.

El aspecto de la alegría es un ingrediente vital para lograr este grado de irrestricción, pues la alegría tiene la capacidad de trascender y quebrar todas las fronteras y limitaciones físicas.

(Extraído de Sijot Kodesh, Parshat Tazría y Tetzé, 5714)

El propósito del matrimonio

Todos los aspectos del matrimonio sirven como una pre­paración y piedra angular para la cosa principal que resulta del él —el cumplimiento del mandamiento de “pru urvú”

—“se fructífero y multiplícate”. Esta es la culminación del establecimiento de una casa en Israel —“siempre he llama­do a mí esposa ‘mi casa´” —ese es el resultado del matri­monio.

Por lo tanto dos formas de comportarse son posibles:

‘”He llamado ‘mi esposa’ —‘mi esposa”’. Esto es, ver a la esposa de uno como una entidad completa en si misma, sin el propósito final de “Siempre he llamado a mí esposa mi casa”’ y esto también es un camino apropiado y de acuer­do con la Torá.

Todo el propósito de la vida matrimonial es por el cum­plimiento del mandamiento de “pru urvu” “sé fructífero y multiplícate”. Así, desde el mismo comienzo uno ve por medio de la propia esposa el propósito y meta que poste­riormente resultará —“mi casa

(Likutei Sijot, Vol. XVII, pág. 174

Matrimonio eterno

El matrimonio de todos y cada uno de los judíos es una parte, como quien dice, del matrimonio “general” entre Di-s y Su nación, el pueblo judío —“Mikadesh Amo Israel”.

Así comprendemos sumamente bien por qué el matri­monio está destinado a ser permanente: Así como el casa­miento entre Di-s y su nación, que tuvo lugar en Matán Torá es un lazo eterno y no está sujeto a ser cortado —ni siquiera en épocas de exilio —así también, el casamiento reflejado del marido y la esposa es una unión eterna, no sujeta a ser cortada jamás.

(Likutei Sjjot, Vol. XXXIV, pág. 141)

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