Amor a segunda vista

¿Por qué fracasan tantos matrimonios? ¿Y por qué tantos fracasan poco después de la boda?…

La semana pasada leímos sobre los primeros shiduj en la historia. Abraham envía a su sirviente de confianza, Eliezer, a encontrar una esposa para su hijo Itzjak. Él vuelve con Rivka y ellos vivieron felices. El versículo nos dice “Y [Itzjak] tomó a Rivka, ella fue su esposa, y él la amó”. Por lo tanto, de acuerdo al guión Bíblico, el verdadero amor viene después del matrimonio, no antes de éste. Antes de que un matrimonio pueda concretarse deben existir intereses en común entre dos personas, valores compartidos, aspiraciones mutuas y, ciertamente, un grado de química entre ellos. Pero el verdadero amor tiene que ser nutrido con el tiempo.

Sin duda, una de las causas principales de muchas deterioros matrimoniales hoy son las expectativas poco realistas que las personas tienen sobre el matrimonio. Nuestra generación se ha alimentado con una dieta constante de novelas románticas, impactantes canciones de amor, consejos de revistas y ficción Hollywoodense – que poco se parecen al mundo real.
“¡Nos enamoramos! “Fue amor a primera vista”. Confieso a ser un poco romántico, pero ciertamente “amor a primera vista” tiene que ser una contradicción en los términos. ” Amor” por definición, toma años para desarrollarse. Siendo honesto con uno mismo, la única cosa que se puede sentir al primera vista es lujuria. “Amor a primera vista” es un bobe maise monumental.

Nos “enamoramos” pensando que es real, esperando que sea verdadero y duradero, y a la mínima desilusión nos alejamos de ese amor. Eso sólo demuestra que no era verdadero amor en primer lugar. El verdadero amor toma años, el verdadero amor es la convicción madura que nuestras vidas están entrelazadas y son inseparables aunque mi pareja ya tiene el pelo gris o engorda o pierde su dinero. Ese tipo de amor no es medido en lo romántico sino en el compromiso a largo plazo.

Cuando oficio una ceremonia de bodas, no sólo observo a los novios sino también a sus padres. Una sola mirada entre el padre y madre bajo la jupá–radiante de najas y sentimientos de satisfacción compartidos–me dice que han tenido un buen matrimonio. Que, para a mí, es más contundente que el desmayo constante de los recién casados. Aunque excitante como lo es, su amor está en la fase de la infatuación. Aun no ha pasado por pruebas, todavía es muy joven.

La primera regla es paciencia. El amor toma tiempo. Necesita nutrirse. Lamentablemente, las partes se rinden demasiado pronto.
La segunda, el efecto Hollywoodense nos deja tan ingenuamente impresionables que, al principio, nos convencemos que nuestro compañero debe ser el Príncipe Encantado o la Princesa Grace. ¡Por eso, a la primer señal de imperfección, “Eh, yo compré un limón! Me voy de aquí!” Recuerde, nadie es perfecto. No incluso usted. Con el pasar del tiempo descubrimos las imperfecciones pequeñas de nuestras parejas. Algunas cosas pueden ser cambiadas, con estímulo y paciencia. O podemos que aprender a vivir con ello. La aceptación es un arte. Pese en su mente la relativa importancia de las insuficiencias menores contra todo lo bueno en el gran esquema de cosas.

Y haciendo estos cálculos considere a lo siguiente: ¿Dejo de amarme sólo porque soy imperfecto? ¿Dejo de amar a mis hijos que porque el maestro me dijo que eran muy malos en la escuela? Claro que no. ¿Por qué tengo dificultad de amar a mi esposo/a debido a una falta que he percibido?
La boda es el principio, no el final. Si podemos ser realistas con respecto a nuestras relaciones, podemos encontrar el verdadero amor. Pero toma tiempo, paciencia, y sabiduría poder pasar por alto las cosas pequeñas que pueden incomodarnos. Entonces, por Di-s, con verdadero compromiso vendrá el verdadero amor, la unión, y vendrá una vida para compartir y cuidar y lo más grande y duradero en nuestras vidas. Amén.

Por Rabi Yossy Goldman

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