Abarcar el cielo con un acto físico La Santidad del Matrimonio

Nuestros Sabios nos han transmitido muchas máximas interesantes en relación con la unión entre marido y mujer. El matrimonio no es sólo una unión de dos cuerpos, ni siquiera una unión de dos almas, sino una unión de dos partes de un alma que ha descendido al mundo como dos personas separadas que constantemente se buscan entre sí……

Un matrimonio judío nace del amor. Se basa en la santidad y está dedicado a la vida. Estas no son meras palabras, sino expresiones cargadas de significado. Son los ideales por los cuales los judíos siempre han vivido y por los cuales hemos sacrificado nuestras propias vidas.
El término kadosh (santo) traducido literalmente significa separado, “apartado de”. Todo lo santo está apartado de, y separado de lo mundano y lo cotidiano.

Hay santidad en el tiempo, por cuanto determinados momentos están destinados a cumplir funciones especiales y concretas. Por ejemplo: el shabat es un día santo, las tres veces al día en que oramos son momentos santos, y el momento en que cumplimos con una mitzvá (por ejemplo cuando ponemos una moneda en una alcancía para fines benéficos) está santificado y se convierte en un momento sagrado.

También hay santidad en la gente: los judíos eligieron a Di-s y eligieron aceptar y observar Su Torá, y por tal razón nos hemos convertido en una nación santa. Del mismo modo, Di-s eligió a los judíos como Su pueblo santo. Dentro de este pueblo santo hay otras categorías de santidad. Los Kohanim (sacerdotes) fueron elegidos (apartados) para hacer el trabajo en el Templo, y entre los Kohanim está el Kohen Gadol (sumo Sacerdote) que era el único que podía entrar en el Santo de los Santos en el Templo (y ello sólo en Iom Kipur) para ejecutar determinadas tareas.

El propio Santo de los santos representa la santidad en el espacio. Los Rollos de la Torá, los libros santos como la Biblia, el libro de oraciones, el Talmud, etc., una mezuzá, son objetos santos. El Templo de Jerusalem en el que prestaron servicios los Kohanim, Jerusalem misma, una sinagoga, son sitios santos. Nuestro hogar, un hogar judío en el que la Torá es nuestra guía y en el que se celebra cotidianamente la vida en el más cabal sentido judío, es también un sitio sagrado.

Nuestros Sabios nos han transmitido muchas máximas interesantes en relación con la unión entre marido y mujer. El matrimonio no es sólo una unión de dos partes de un alma que ha descendido al mundo como dos personas separadas que constantemente se buscan entre sí. La búsqueda continúa hasta que se cumple esta sagrada unión, el matrimonio. La unión entre el hombre y la mujer, nos dicen nuestros Sabios, es tan complicada y milagrosa como la separación del Mar Rojo. El milagro del Mar Rojo no fue tanto la separación, como el que se mantuviera la separación del agua hasta que todos los judíos hubieran cruzado y estuvieran a salvo, en tanto que todos los egipcios se encontraran en medio del cruce. Lo mismo sucede en relación con el matrimonio. La ceremonia de bodas y la unión entre marido y mujer no es tan difícil ni milagrosa como lo es la duración del matrimonio; hacer que éste funcione y sea duradero.

No es coincidencia que la ceremonia de bodas en hebreo reciba el nombre de kidushin, palabra que se deriva del término kadosh. Tampoco es dificil comprender por qué tal concepto debe considerarse santo. Como lo vemos en la Torá, todos los aspectos de la vida judía, sean los físicos como los espirituales, los intelectuales o los emocionales, pueden y deben santificarse. Esto se logra cuando conducimos nuestras vidas del modo prescrito por Di-s.

El amor, también es un importante componente de kidushin. El amor, según el pensamiento jasídico, se expresa de tres formas: mediante el amor a Di-s, el amor a la Torá y el amor a otro judío. Di-s está vinculado a la Torá, y la Torá a los judíos. De modo pues, que se establece una triple unión. El mayor amor creado por Di-s es el amor que existe entre marido y mujer en el matrimonio judío. Si ello no fuera así, el Rey Salomón no habría empleado esta analogía en Shir Hashirim (El Cantar de los Cantares) un poema de gran amor y belleza en el que se describe el amor entre Di-s y Su pueblo. El Rey Salomón describe este amor refiriéndose al profundo sentimiento de un novio respecto de su novia.

La Torá y el agua: una fuente de vida.
La religión judía es un a senda dedicada a la vida.
La Torá y sus mitzvot nos fueron entregadas a fin de que “vivamos con ellas” (Levítico 18:5) “y nos muramos” (Sanhedrin 74ª.)
La Torá es comprada a la vida: “-es un árbol de vida…” (Proverbios 3:18) A quienes la amamos y seguimos sus directrices, la Torá nos da vida y no, Di-s no lo permita, penurias o lo opuesto a la vida (como a veces se piensa equivocadamente). Di-s nos dio la Torá y sus mitzvot a fin de que prosperemos, crezcamos y vivamos con estas física y espiritualmente. No se nos ordenó nada que esté más allá de nuestra capacidad de observancia y que nos rinda provecho. La Torá tiene el mayor respeto por la vida, y nos ordena anteponer la vida a casi todo lo demás.

En nuestro mundo físico, es el agua lo que simboliza la vida. No es una coincidencia, pues, que la Torá sea también comprada con el agua: “Que todos aquellos que estén sedientos (de la Torá) vengan y beban” (Isaías 55:1) Sin agua no puede haber vida, como lo vemos en todas las cosas que nos rodean.
Por ejemplo:
El feto se forma en el útero de la madre y está rodeado de la bolsa amniótica, que contiene aproximadamente 97% de agua, y cuando nace y crece el contenido de agua se va reduciendo hasta representar aproximadamente un 60%. Cuanto más se ha vivido y cuanto más cerca se está del final de la vida, tanto mayor es la pérdida de agua; literalmente la persona se seca. Cuando los científicos formulan hipótesis acerca de la vida en otros planetas, sus teorías se basan fundamentalmente en la existencia de agua (vapor) en la atmósfera que rodea a ese planeta. Si bien no recurrimos, ni necesitamos recurrir, a estudios seculares para “probar” lo que la Torá nos ha enseñado en el curso de los últimos 3.500 años, de acuerdo con la psicología freudiana, una masa de agua que se ve en sueños simboliza la vida.

Cuando un no-judío decide convertirse al judaísmo, se le exige sumergirse en una mikve, por cuanto se lo considera como si al convertirse volviera a nacer y nada simboliza mejor el renacimiento que el agua.
De manera análoga, cuando dos judíos se convierten en pareja, dedican su matrimonio a la vida, al crecimiento. Naturalmente, el nacimiento de un niño es el resultado evidente de la creación de la vida por el hombre, la mujer y Di-s. La procreación fue el primer mandamiento ordenado al ser humano. No obstante, aun cuando no se trate de una cuestión de reproducción, los miembros de un matrimonio judío viven y crecen permanentemente en amor y santidad.

Las leyes de la Torá relativas a un matrimonio judío son los recordatorios más prácticos y poderosos de esta veneración por la vida. Durante la menstruación, marido y mujer no tienen contacto físico durante unos doce a catorce días (Este período incluye el número de días preparatorios a la inmersión el la mikve). Al concluir los siete días preparatorios, la mujer debe bañarse, higienizarse cuidadosamente y luego sumergirse en una mikve. Es entonces cuando puede reanudar las relaciones físicas con su esposo hasta el próximo período menstrual.Este pensamiento puede llevarse algo más allá, hasta el futuro inminentemente cercano,Di-s mediante, el momento de la llegada del Mashiaj.

El alma de Rabí Israel Baal Shem Tov, el gran místico y fundador del Jasidut del siglo XVIII, ascendió al Cielo hasta el Palacio del Mashiaj. Con desesperación preguntó al Mashiaj: ¿Cuándo descenderás y nos redimirás de la amargura de este exilio? ¡Te necesitamos tanto! A lo cual el Mashiaj respondió: “Cuando vuestros manantiales (Jasidut) se hayan revelado y dispersado hacia fuera (entre todos)”.
Para que el Mashiaj venga es necesario revelar y divulgar las enseñanzas del Jasidut. Es precisamente en nuestra época, antes de la inminente llegada del Mashiaj, cuando el Jasidut tuvo que revelarse y enseñarse a todos,. Es necesario ahora.
No es coincidencia que se empleara la expresión “manantiales” en lugar de “enseñanzas” u otra palabra. Con la llegada del Mashiaj, nuestra nación renacerá…

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario