¿Por qué la Torá permite la poligamia?

Solo para agrandar tu pregunta de alguna manera, notarás que la Torá presenta el paradigma original del matrimonio; que el de Adam y Java era monógamo. Más aún, virtualmente cada instancia de la poligamia descrita en la Torá está directamente relacionada por la narrativa de cierto tipo de calamidad; ya sea la pelea entre las esposas competitivas, como fue el caso de Jana y Penina, o una rivalidad entre medios hermanos, como los hijos de Iaakov y del Rey David. Incluso el mismo versículo, en el que la Torá provee “luz verde” para la poligamia entre circunstancias indeseables: “Si un hombre tiene dos esposas, una amada y otra odiada…”
Entonces, ¿Por qué incentivar los problemas? Si la unión ideal entre hombre y mujer es exclusiva y única, para qué comprometer a una “nación de sacerdotes y gente santa”?

La simple respuesta es que la Torá lidia con la vida en la tierra, y con la gama de vida social y experiencia humana en toda la historia y el mundo geográfico es muy diverso para ser restringido a un ideal estrecho. Toma, por ejemplo, una sociedad agraria cuya población masculina ha sido diezmada por la guerra. ¿Cómo se supone que las mujeres sobrevivirán y cómo la población se volverá a reproducir sin el mecanismo de la poligamia? De forma similar, un hombre casado con una mujer estéril, que no puede tener hijos que lo ayuden en el campo y que lo ayude a defender su fortaleza, le sería muy difícil sobrevivir en aquellos tiempos. En una sociedad exclusivamente monógama, su esposa encontraría su posición insegura. A pesar que, en circunstancias normativas, ser “uno de muchos”, compromete el valor de la mujer como persona, en aquellas situaciones, permitir la poligamia sería una forma de compasión.

El único caso de un rabino que tenía muchas esposas que figura en el Talmud, provee de una excelente ilustración: Rabí Tarfon se casó con 300 mujeres. ¿Por qué? Porque había hambre en la tierra. Pero Rabí Tarfon tenía mucha comida, y siendo que era un Cohen, él recibía las donaciones sacerdotales. La esposa de un Cohen también puede comer dichas donaciones. Esas 300 mujeres estaban muy felices que la Torá permitió la poligamia.

La Torá desalienta el abuso de este permiso; no sólo a través de contarnos las calamidades arriba mencionadas, sino también a través de exigirle muchos requisitos al marido. Para una esposa extra, sin importar su estado, un hombre debe proveerle de “comida, vestimenta y derechos conyugales”, conmensurando sus necesidades, su capacidad e igualdad con sus otras esposas. Adicionalmente, el marido debe proveerles viviendas separadas para cada esposa. El divorcio requiere la presencia de escribas, y los Sabios instituyeron la Ketuvá como un impedimento para el divorcio. Vemos que estos requisitos han sido de hecho efectivos, y la poligamia en los círculos judíos fue históricamente una rara excepción.

Rara, pero necesaria. Incluso cuando Rabí Gershom y su Corte Rabínica reunida para crear la prohibición de la poligamia dada las condiciones de la época, ellos tuvieron que dejar una puerta abierta para exceptuar ciertas circunstancias. Esa escapatoria, ha probado ser vital a veces, por ejemplo, en el caso en el que una mujer se vuelve mentalmente incapacitada y no está halájicamente calificada para recibir un divorcio.

Puedes desear pensar que la Torá tiene el ADN de un organismo muy resistente, llamado Pueblo Judío. Cuando sea que cambian las circunstancias, este organismo se fija en su ADN y encuentra algún código que permita adoptar una modalidad. Hay muchos límites, pero hay también suficiente libertad de acción para proveer cada situación de la vida humana en el planeta tierra. La prueba está, en todo lo que hemos tenido que pasar (vida nómada, agraria, civilizada, industrial y tecnológica), y en cada parte del mundo, todavía estamos ahí, más fuertes que nunca.

Por Tzvi Freeman

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