¿Contigo Pan y Cebolla?

Este 14 de Kislev se cumple un nuevo aniversario de bodas de Rabi Menajem Mendl Schneerson, el Rebe, con la Rabanit Jaia Mushka, Z”L. Su matrimonio fue un ejemplo de amor y mutua entrega. En su homenaje publicamos esta interesante nota, que esperamos ayude a que las personas sigan “apostando” al matrimonio.

La conciencia que tiene nuestra generación acerca del conflicto del matrimonio y de la fragilidad marital, ha entorpecido el interés de casarse de muchas personas. La gente está casándose mucho más tarde que hace 30 años atrás. Existe un número sin precedentes de personas solteras de entre 30 y 40 años, que se cuestionan si casarse alguna vez. Una considerable cantidad de mujeres están especulando con el hecho de tener hijos prescindiendo de las cargas del matrimonio. En los años 70, hubo personas que desafiaron los conceptos de la monogamia y la fidelidad, creyendo ingenuamente que podrían ser verdaderamente cuidadosos y fieles a múltiples parejas al mismo tiempo. Ellos opinaban que la monogamia era anormal, irrealista e hipócrita. La inocencia del muchacho simplista de la flor fue reemplazada en los 90 por un duro cinismo. Recientemente he visto a una mujer que vestía una remera que decía ‘No esperen que sea fiel a alguien’.

En contraste, la Torá nos ordena casarnos, tener hijos y ser fieles. La Torá respalda la idea de que el hombre y la mujer mejoran, emocional y espiritualmente, cuando están casados en lugar de solteros. En realidad, puede argüirse que la Torá ve mayor necesidad en el hombre, de la protección y sostén que brinda el matrimonio, que en la mujer.

Por eso, para el hombre no sólo es recomendable sino es un precepto absoluto. Éste es el precepto Nº 213, de las 613 Mitzvot que enumera el Maimónides. Esta necesidad se ve reflejada en el reporte confeccionado por los Sociólogos americanos, que manifiesta que en los adultos, el más alto riesgo de suicidio se encuentra entre los hombres mayores solteros.

Los Rabinos demandan que un hombre que está solo debe casarse, aunque haya enviudado o divorciado, y a pesar de que haya tenido hijos, e incluso ya no sea capaz de procrear otros, y a pesar de que sus hijos prefieran que no se case, y aunque sea necesario que venda posesiones preciosas para desposar a una mujer. (Para detalles específicos, ver en el Código de Leyes, Eben Haezer, sección 1)

La Torá ve, en un nivel práctico y espiritual, las ventajas de estar casado. En un plano concreto, el matrimonio provee de estabilidad emocional y ética.

Más allá de la estabilidad, el matrimonio demanda y promueve crecimiento personal, tanto cuando aprendemos a acomodarnos a las necesidades de nuestros cónyuges, mientras que nos nutrimos del ánimo que nuestros esposos nos brindan.

En un plano místico- espiritual, el matrimonio representa la unión entre las fuerzas masculinas y femeninas del universo. La fe, la elaboración deductiva y el compromiso son ejemplos de las fuerzas femeninas; éstas son paralelas a sus contrapuntos masculinos que incluyen razón, la visión súbita y la ligereza. Esta intangible y mística unión de las fuerzas masculinas y femeninas se hace visible en manifestación física: por ejemplo, las personalidades individuales del marido y la mujer se enriquecen con la mezcla de los rasgos femeninos y masculinos.

La visión optimista de la Torá contrasta marcadamente con muchas teorías psicológicas. Por ejemplo, hace aproximadamente 70 años atrás, cuando Sigmund Freud tenía 60 años, escribió su libro La Civilización y sus descontentos. Allí, él enfatizó las barreras instintivas relativas a las relaciones humanas.

Freud afirma que la persona posee dos instintos primarios. Uno de ellos, Eros-la fuerza del amor- provee de gratificación al individuo cuando éste se vincula con otros. El segundo- la fuerza de la muerte- Tanathos, le brinda satisfacción a la persona cuando ésta es destructiva con el otro. Freud indica que obviamente Thanatos bloquea el acercamiento humano. Sin embargo, incluso Eros posee un efecto limitado en el contacto humano. Sólo parte de la fuerza de Eros proviene de un amor estable, no egoísta y altruista, por otra persona. El segundo componente de Eros está basado en el amor propio, en el hecho de que me importa la otra persona porque ella me provee de placer; de forma que si ella me causa frustración, puedo dejar de amarla.

Habiendo visto el levantamiento del Fascismo y el Totalitarismo en Europa, Freud expresó mayor preocupación con respecto a la habilidad de la persona para contener sus tendencias destructivas. Freud dice que estos instintos egoístas y destructivos se refrenan por la ética de las reglas de la civilización. Sin embargo, describe que estas reglas causan a menudo culpa, neurosis y una repercusión negativa de resentimiento.

Tanto la Torá como Freud concuerdan en que existen fuerzas destructivas e instintivas dentro del universo. Pero bloqueando la conexión con Di-s, Freud bloquea el antídoto que la Torá tiene para Thanatos.

La Torá en general y el texto clásico jasídico Tania en particular, enseña que podemos dominar todos nuestros instintos negativos. Y lo logramos a través de experimentar el amor a Di-s que es inherente a nuestras almas. Cuando sentimos ese amor arrollador, naturalmente deseamos seguir la sabiduría Divina, como está revelada en la Torá, resistiendo así todo tipo de tentaciones.

Es posible compararlo con el hecho de estar a dieta. Muchas veces la gente sufre terriblemente para poder cuidar la dieta. Y después de haberse portado bien durante el día, se levanta en medio de la noche y se come todo lo que hay en la casa. En contraste, hay momentos en los que la persona realmente se cuida, y se siente feliz al poder vencer las tentaciones. Y no percibe que alguien lo fuerza, sino que ha adquirido una nueva disciplina en su dieta.

Cuando nos sentimos como una sola cosa con Di-s, gozamos demostrándole nuestro amor. Este modelo de relación con el Todopoderoso nos enseña cómo relacionarnos con nuestro cónyuge. Pues, como lo indica la Torá, desde el momento en que nos casamos conformamos una sola entidad.

Me he encontrado con parejas problemáticas, en las cuales cada uno de los cónyuges ha cuidado celosamente su independencia.El matrimonio no es independencia. Es mutua y alegre entrega. En la pareja, uno más uno es uno.

Recientemente, regresábamos en el auto con mi esposa, después de la boda de mi hija. En la autopista vimos un cartel que decía: “Me encantó la boda. Por favor invítenme al matrimonio… firmado, Di-s”. Que podamos todos extender nuestra invitación a Di-s creando un matrimonio que sea merecedor de Su visita. Y que todas nuestras vidas sean un matrimonio de unión con Di-s, llegando a la perfección del mundo, con el Mashiaj pronto en nuestros días.

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