Naturaleza y milagro

Un evento maravilloso en la vida humana es el nacimiento de un hijo, el tema de apertura de nuestra lectura de la Torá. En un nivel, este es el producto de un proceso biológico: la naturaleza. El otro, es una expresión de la unión espiritual y el amor de los padres. La Torá afirma que desde que el hombre y la mujer eran originalmente un solo ser, Adán antes de que sea dividido en Adán y Eva: “por lo tanto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne.” El famoso comentarista Rashi explica que “una sola carne” da alusión al niño que traen al mundo juntos.

Los padres, sin embargo, no tienen el poder independiente para traer un niño al mundo. Junto a ellos, en conjunto, esta Di-s. El proceso de nacimiento y concepción sana, tiene una cualidad milagrosa. Además, Di-s implanta una chispa Divina en el niño: el alma. Esta es una parte de
Di-s, que entra en el mundo con la persona con el fin de mejorar la existencia, para transformarlo en un reino de armonía.

Un milagro puede ser definido como algo que directamente revela el poder de la Divinidad. La naturaleza también es creada por Di-s, y cada detalle está dirigido por Di-s. Sin embargo, en la vida cotidiana, es fácil ver sólo el aspecto material de la naturaleza y olvidarse de su origen Divino. Por el contrario, cuando ocurre un milagro, la firma Divina es evidente.
En este sentido, la reproducción tiene la cualidad de un milagro, en particular, el nacimiento de un niño que está destinado a revelar Divinidad en el mundo, que es la tarea de todo niño y niña judía. Dada esta importancia del nacimiento, no es sorprendente que hayan leyes judías especiales acerca de este tema. Hay leyes sobre quién puede casarse con quién, a cerca de la unión sin matrimonio y sobre la educación judía de los niños. La lectura de la Torá menciona la circuncisión, y los aspectos de las leyes de pureza familiar: la Mikve (Baño Ritual Judío). La Mikve demuestra la dimensión espiritual de la intimidad, y también psicológicamente conserva una sensación de frescura y renovación en el matrimonio. En la lectura de la Torá también nos enteramos de las ofrendas presentadas por la mujer al Templo después de tener un bebé. Estas fueron algunas de las ofrendas más comunes. Era una manera de decir “gracias” por el milagro.

El matrimonio en sí mismo puede ser visto como una combinación de lo natural y lo milagroso: al menos idealmente, la apreciación duradera y creciente de las cualidades internas de su pareja, el reconocimiento cada vez mayor de la iluminación del alma, que, según la enseñanza jasídica, es la otra mitad de uno mismo.

Tali Loewenthal

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