Maquillar el interior

Hoy, el maquillaje se está volviendo más natural, tiene que parecer que no estas usando maquillaje y con todo resaltar algunos rasgos. Debe ser rápido pero efectivo. Incluso eso lo ve desde la perspectiva judía. “El tiempo apremia, Mashiaj ya está aquí, estamos en la era mesiánica y todo debe ser rápido incluso el maquillaje. Ella espera utilizar su maestría en el arte del maquillaje también en el Beit HaMikdash.

Los ojos de Ilana Harkavi resplandecen y no es por su maquillaje a pesar de ser una maquilladora de fama internacional y asesora personal de belleza de muchas estrellas y modelos de cine y televisión.

Para mencionar solo unos pocos, Diana Ross, Cisely Tyson, Barbara Streisand, Cindy Crawford, Sylvester Stalone, Grace Jones y Demi Moore. Pero nada de eso esttá relacionado con el fulgor de sus ojos y la luz en su rostro. Si le preguntas, te dirá que es porque en su vida existe el Shabat, porque se siente conectada con Di-s en todo momento y sabe quién es ella.
llana Harkavi es una judía religiosa. Pero no siempre fue así. En vivos colores de su propia línea de sombras de ojos dibuja el cuadro do su retorno al judaísmo «Lo empezó mi esposo», dice casi orgullosa, «hace diez años me dijo que quería empezara observar el Shabat y yo pensé que estaba totalmente loco». En esa época justo acababa de abrir su nuevo salón de maquillaje luego de lanzar una línea de productos. La idea de cerrar el negocio justo en el día de más trabajo era un absurdo «Si se quiere sobrevivir en un negocio como éste, no se puede ni hablar de cerrar el sábado. En ese tiempo mi carrera era toda mi vida. Siempre lista con mi caja de maquillaje a mano. Ésta tenía un show, el otro una sesión fotográfica. una entrevista en televisión y todos dependían de mí, para que los hiciera ver mejor. Todo era rápido, glamoroso, excitante…pero sin tiempo para Shabat… o por lo menos así lo creía yo.

Sobre todo cuando en su casa nunca se celebró Shabat, ni su mamá jamás encendió velas.

Nacida y criada en Israel, Ilana sentía que basta con ser israelí; a diferencia de su esposo que sí había sentido el gusto de Shabat. Originario de Rusia, había estudiado en una Ieshivá en Israel, siete años. Ahora como un hombre maduro, casado y con un hijo, percibía que algo fundamental faltaba en sus vidas.
Observó el Shabat durante todo un ano ante la indiferencia de Ilana pero finalmente le pidió que empezara a cuidar Shabat. pues eso ayudaría a su relación matrimonial. “Por primera vez en mi vida, dice Ilana, empecé a pensar en la existencia de Di-os. Siempre había funcionado según mi voluntad y creyendo que si yo no hacía las cosas, nadie las haría. Me asustaba mucho pensar siquiera que había un Di-os que poseía todo el poder; sin embargo decidí que no podía rechazar el judaísmo sin saber primero en que consistía y por eso me dediqué durante un año a investigar, estudiar, consultar con algunos rabinos en Manhattan. pero sin obtener mayores resultados.”
Fue entonces cuando decidió observar algunas costumbres pera ver si se despertaba en su vida la presencia de Di-s, y comenzó con el Shabat. Al principio se le hizo interminable cada rato veía el reloj, pendiente de que terminara, para seguir con su trabajo, pero ya a la tercera semana sintió algo diferente… un profundo deseo de servir a Di-os, surgido de lo más profundo de su alma y que se manifestaba en querer santificar el sábado. Fue en esa época cuando conoció a una mujer que sería la clave de su transformación. “Fue como si por observar algunas pocas veces el Shabat, le demostré mi intención a Di-s y entonces me mandó lo que estaba buscando”. Lea Kahn, una mujer ortodoxa, invitó a Ilana a pasar el Shabat en Crown Heights, el barrio de los jasidim de Jabad en Brooklyn.Si no se ha tenido la experiencia, es difícil siquiera imaginarla. Pero el encuentro con el Rebe de Lubavitch me abrió la posibilidad de una nueva vida, basada en la fe, la confianza y compromiso». Era además época de Sucot, la fiesta de las cabañas «aun tiemblo cuando lo recuerdo, yo ya había olvidado la sucá de mi niñez en Israel, y hasta el aroma de la cocina judía”. Aquí había algo que hablaba directamente a su alma, sintió que tenía que ver con sus añoranzas, una sensación similar a “regresar a casa”.
Hoy describe el Shabat como lo mejor que le ha pasado. Dice que no le molesta trabajar 5 o 6 horas diarias si sabe que al final de la semana, el Shabat estará allí… para mí es un regalo del cielo, desde el domingo ya estoy esperando el próximo Shabat y el momento en que enciendo mis velas, lo siento hasta en mis huesos y le doy gracias a Di-s».
Como toda persona que asume su judaísmo, tenía temor por perder su clientela por cerrar el salón los sábados. Le preocupaba perder todo aquello por lo cual habla trabajado tan duro, pero sus temores resultaron infundados. Todavía recuerda la primera vez que le dijo a Diana Ross que no podría trabajar más con ella los sábados y la sorpresa que tuvo cuando ésta le contesató “¡Ojalá pudiera yo hacer lo mismo, tomarme un día libre! ‘Hoy desde la Sra. Ross en adelante todos saben que Il Makiage está cerrado en Pesaj, Rosh Hashana,Iom Kipur, todas las festividades y..los sábados. Pero más que deteriorar el negocio la actitud de Ilana ha incrementado su éxito comercial y se ha cuadruplicado desde que comenzó a ser observante. Algunos aspectos del judaísmo le fueron difíciles, durante los primeros cinco años de su proceso de Teshuvá, pensó que jamás podría cubrirse el cabello, sobre todo ella que había recorrido el continente promocionando su productos de belleza. Su presencia se hacía necesaria en galas, desfiles, fiestas y tipo de eventos. Siempre había hecho caso omiso a las normas de recato que debe seguir la mujer judía y de pronto su estilo de vida requería que cubriera su cabeza y la mayor parte de su cuerpo. Al principio le preocupó mucho el qué dirán, le preguntó al rabino Manis Friedman. Director de la ieshivá femenina en Minesotta, (donde había estudiado), qué debía responder y el le dijo; “diles simplemente que es porque eres judía”
Pero no fue hasta que tuvo una larga conversación con Uri Zohar, el famoso comediante israelí que se hizo observante, que pudo entregarse en un 100% a cubrirse el cabello. Oyendo a Uri, cuán difícil le había resultado resolver abandonar el mundo del espectáculo, se dio cuenta que las cosas eran difíciles también para los demás y eso le dio fuerzas para asumirlo.
Cuando finalmente entró en su negocio con una peluca, nadie dijo ni una sola palabra, ni entonces ni nunca. Ahora que ha cubierto su cabello por cinco años, dice que le hace sentir que está ligada a Di-s todo el tiempo.
Ilana abrió su primer local en Manhattan hace quince años; cinco años después se mudó a su dirección actual, un lugar mucho más amplio en el East calle 60. Comenzó con siete empleados y ahora ya son cuarenta – veinte en el salón de belleza y veinte en la fábrica donde elabora su propia línea de maquillaje y productos para el cuidado del cabello. Su esposo es el genio de ventas y mercadeo de sus productos, que se venden en más de 500 ciudades de los Estados Unidos, así como en Italia, Francia, Japón, América del Sur y Sudáfrica.
Hoy en día, Ilana no solo viaja por asuntos de negocios sino difundiendo su experiencia a otras mujeres. Su propia asistencia es un testimonio de que las mujeres pueden maejar muy bien su carrera, la familia y el judaísmo, sin sacrificar ninguna de las áreas. Para la mujer, con frecuencia es muy difícil, dice Ilana, pues muchas veces ellas si quieren practicar el judaísmo mientras sus esposos permanecen indiferentes. Ella estimula a todas las mujeres a hacer lo que ellas sienten que es necesario en sus propias vidas para sí mismas; ser lo que deben ser y además tener paciencia. Tarde o temprano, los esposos las acompañarán pero primero lo deben hacer por sí mismas.
Su mensaje es de equilibrio y armonía y quienes la oyen llegan a entender que nunca hay que olvidar la esencia judía para lograr realizarse en este mundo, de que nunca se debe sacrificar, creencias, herencia e integridad para poder lograr el éxito.
Ella es una prueba de eso, Diana Roos aún compra sus productos, Cher, Brook Shields, son entre muchos otras, sus fieles clientes. Su salón tiene más éxito que nunca y su línea de maquillaje se considera de las más finas del mundo. Eso no ha cambiado, Ilana ha cambiado… pero por dentro, porque como dice ella “no hay mayor transformación, que la que se produce en el interior de la persona”.

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