La Alfombra Roja

Por Sara Ester Crispe

Durante esta última semana,en la tapa de infinitas revistas y de sitios web, han estado debatiendo una gran pregunta: ¿Quién es la estrella de los Emmy que mejor estaba vestida y quién estaba peor?. Hay galerías de diferentes actrices en distintas poses, mostrando frente, espalda, y costados de su vestimenta, comparaciones entre una actriz y otra, extensos debates de cómo se hacen sus peinados y maquillaje, etc. y esto ni siquiera llega a cubrir las discusiones sobre quién fue el hombre sortudo que pudo concurrir al evento con estas mujeres.

Pero, aunque este enfoque revolucione a tanta gente, un tema muy básico y fundamental parecería que se pasa por alto. Y para mí, una mujer, es muy triste y doloroso.

Los “Emmys” son un evento organizado para acreditar, reconocer y premiar a aquellos más talentosos en su área. Es una noche que tiene como intención celebrar habilidades, capacidad y creatividad, pero al final, termina siendo un gran Show de Moda.

¿Acaso estas mujeres no se revelaron a través de sus actuaciones? ¿No mostraron al mundo que son inteligentes, apasionadas y talentosas? ¿ No dejaron bien claro que tienen mucho más para ofrecer que su linda cara y cuerpos fantásticos? Yo creo que si. Al menos lo espero.

Pero cuando llega el momento que son reconocidas por sus compañeros, o por otros que saben y respetan lo que significa actuar, lo que es ser un actor, otra vez se reducen solamente a su apariencia física. Peor todavía, se dejan ellas mismas ser conquistadas por su físico. Sí, pudo haber ganado un premio por su increíble actuación en un papel muy difícil y desafiante, pero si el color de su vestido no es el “correcto”, cuidado porque será lo único que escucharemos.

Dudo que sea coincidencia que estas actrices caminen sobre la alfombra roja. Que esta “alfombra roja”  sea el punto de encuentro, la convergencia de la supervivencia de estar “a la moda” y el lugar donde se crean ganadores y perdedores.

En la Kabalá, el rojo es considerado el color de la Gevurá, de la severidad. Es un color muy potente, pero específicamente por este color, es algo que debe ser usado con mucho cuidado y en proporción. La sangre es roja. El rojo choca. Es por eso que los semáforos tienen luz roja, los carteles de “Pare” son rojos, y las luces de los frenos también. Cuando el rojo parpadea, significa que es ahí en donde nos tenemos que concentrar. No importa otra cosa.

Entonces, ¿Por qué en el Siglo XXI, con el feminismo, los Derechos de la Mujer, el movimiento de la Liberación, y todo lo otro que hemos puesto tanto esfuerzo en conseguir, tenemos que dejarnos llevar caminar por esta alfombra roja y reducirnos a nosotras mismas en cuerpos? ¿Por qué estas mujeres talentosas se olvidan temporariamente y dejan todo su arduo trabajo, cuando se dan vuelta, y se posan a la cámara con una sonrisa? ¿Por qué?

Como mujer Judía ortodoxa, me suelen preguntar si me siento reprimida o encerrada o atrapada por las leyes de recato que nos rigen cómo debemos vestirnos. Me preguntan si siento resentimiento de usar sólo pollera y mangas largas. La gente hasta me ha llegado a decir que me sienten lástima y que debe ser muy difícil vivir con tantas restricciones.

Pero cuando paso y veo las galerías que estan llenas de hermosas mujeres paradas en esta alfombra roja, me siento tan afortunada, tan libre, tan bendecida de ser vista y entendida y respetada por quien soy y no por mis ropas o por cómo me veo.

Esto no quiere decir que la mujer no puede ser atractiva. Seguro que sí debe ser. Pero hay un límite, una línea muy fina entre lo que es ser atractiva y ser atrayente. Esa alfombra roja es la línea. La línea que dice: “quiero que pares y me mires”, mi yo externo, mi físico. Y si te gusta lo que ves a primera vista, seguramente no tengas necesidad de ver más.

¿Quizá es esto de lo que se trata realmente? Quizá sea más fácil analizar meramente a alguien enfocándose en su cuerpo, ropa o vestimenta. Para la gente que se fía por lo que ve, este método es genial. Y si no, es muy fácil cambiarlo. Un entrenenador, puede ayudarte a bajar de peso y un diseñador de moda puede elegir la vestimenta apropiada para tí, y un maquillador, o incluso mejor, un buen cirujano plástico puede arreglar cualquier arruga. Y mientras el mundo sea un lugar feliz solamente dejándose llevar por la apariencia física, estás salvado. Serás capáz de estar parado en la alfombra roja, y fotografiarte con esa sonrisa ganadora y mostrar al mundo lo que tienes.

Pero como todos sabemos, no es eso todo lo que tienes, es sólo lo que estás esperando y queriendo mostrar. Ya que mientras todavía haya más para arreglar en nuestras caras y cuerpos, arreglar lo que hay debajo no es tan simple y lleva mucho trabajo y esfuerzo. Y si los fotógrafos y reporteros y videntes estarían un poco preocupados sobr qué tipo de gente somos, los actos que hacemos, la forma en cómo hablamos y nos tratamos, las cosas serían un poquito más intrincadas.

Ahora estamos en el mes de Elul. Es el mes en que nosotros nos dedicamos en trabajar en nosotros mismo, en refinarnos, en rever nuestro pasado y trabajar para mejorar nuestro futuro. Es nuestro momento espiritual que nos asegurarmos de vernos lo mejor posible, porque nosotros pronto también estaremos parados en esa alfombra roja. Pronto, seremos vistos de todos los ángulos y analizados y discutidos. Pero no va a importar que tan moderno sea nuestro vestido ni que tan blanca nuestra sonrisa, porque lo que tiene que brillar y resplandecer, es nuestro interior.

Para la única revisión y escrito es que tenemos que preocuparnos, y que sucede cada año en Rosh Hashaná. Es cuando Di-s nos inscribe en el Libro de la Vida. Es cuando Di-s mira hacia atrás nuestro año y escribe el resúmen basado en nuestros actos.

Es por eso, que durante el mes que precede nuestro debut en la carpeta roja, hacemos sonar el Shofar cada mañana. Es el llanto del alma, del pueblo Judío, que viene a desperarnos y nos lleva a realizar qué es lo realmente importante. A descubrir porqué estamos aquí y qué hacemos por esto.

Tal vez Shakespeare estaba en lo cierto cuando dijo que todos somos actores en el escenario. Porque al final, contrariamente a los premios Emmy de hoy, nuestras actuaciones son las que serán reconocidas y alabadas, como debe ser.

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