Por qué Iaakov amaba a Rajel… pero por qué tuvo que casarse también con Lea

La Torá describe a Rajel como una chica con características muy hermosas y una piel muy bella, y a Lea como a una chica con ojos tiernos (Génesis 29:17). Es inusual para la Torá derramar tinta en ilustrar a la gente y lugares que menciona.

Es también inusual que Lea es (aparentemente) públicamente menospreciada. Como principio, la Torá da toda una vuelta para evadir descripciones críticas innecesarias, y aún así, contrasta abiertamente la belleza de Rajel y los ojos de Lea. A la luz de este principio, el comentarista bíblico Rashi deduce que los ojos tiernos de Lea aluden a su llanto incesable; sus ojos eran rojos y suaves por la cantidad de lágrimas que derramaba. Lloraba en la plegaria, suplicando a Di-s cambiar el curso de su destino. Ella estaba destinada a casarse con Esav, bruto y corrupto como era, y ella rezaba constantemente para que su destino sea cambiado.

Tan potentes fueron sus plegarias que se terminó casando con Iaakov en vez de Esav. El Talmud muestra a Lea como el paradigma de la plegaria efectiva porque su comunicación con Di-s reescribió el guión de su vida. Ella es identificada por la Torá con sus lágrimas, una expresión de entusiasmo fresco y de lícita sinceridad de su irresistible plegaria. Cada día alzaba su voz hacia el cielo, y sus palabras nunca quedaron obsoletas de tanta repetición.

Más tarde, cuando Lea estaba embarazada de su séptimo hijo, ella le rezó a Di-s para que no fuera un hijo varón, ya que no sería apropiado que ella sea meritoria de la mayoría de los doce hijos destinados a Iaakov y que su hermana Rajel sólo contribuyera con uno. Milagrosamente, el feto masculino en su útero invirtió su sexo y se convirtió en una niña, Dina. Una vez más, las plegarias de Lea, como una flecha perfectamente en posición, llegó derecha hasta el cielo y su destino se cambió.

El gran Rebe y Cabalista Rabí Shneur Zalman de Liadi explica que el alma de Lea emergía del mundo del pensamiento mientras que el alma de Rajel provenía del mundo del habla. Lea era introspectiva, jefa de la meditación y de la comunicación interna, cavando en lo más interno de su alma y siempre emergiendo con una nueva apreciación descubierta de Di-s. Era el paradigma de la humildad y la inocencia; sus ojos tiernos de una corriente de frescas emociones.

Rajel era diferente. Ella era una comunicadora, carismática, y atractiva para los demás. Ella demandaba una esfera de influencia. Sus hermosas características aluden al brillo de su rostro. Su nombre hebreo, Rajel, equivale numéricamente a la frase “Vaiehí or”, “Y hubo luz”, que es 238. Con Rajel había luz, el ambiente se iluminaba con su presencia.

Esto explica la dramática reacción inusual de Iaakov hacia Rajel. Momentos luego de conocerla, “Iaakov besó a Rajel, alzó su voz y lloró”. Iaakov se dio cuenta de que estaba destinado a construir una familia que se convertiría en el pueblo elegido, la nación que sería una luz en el mundo. Sus doce hijos tendrían que alzar la antorcha de la moralidad y espiritualidad en un mundo que casi siempre se resistiría a este mensaje. Y aquí estaba Rajel, un carácter perfectamente adecuado para el trabajo. Ella podría ser una madre y una novia de una familia de efectivos comunicadores.

¿Por qué Iaakov alzó su voz y lloró? Aquí también explica Rashi, basado en el Midrash. Iaakov vio en Rajel a la perfecta esposa y a la perfecta madre, pero lo que lo turbaba era saber que Rajel no sería enterrada con él. Entendía que la falta de su póstuma unión reflejaba una falta de perfección en su misión compartida. Esto lo asombraba y entristecía, y por eso lloró.

Lo que Iaakov no se dio cuenta era que el componente que faltaba en la construcción de su familia y en la nación Judía era Lea. Rajel pudo haber contribuido al Departamento Judío, pero se necesitaba de Lea para agregar elementos a la genuina e introspectiva plegaria. La cualidad de comunicación de Rajel e influencia en el mundo sería necesitada más que nada cuando sus hijos estuvieran en Galut, exilio, en un ambiente desprovisto de ayuda fuera de Israel. Las cualidades de Lea serían necesitadas cuando los judíos estuvieran a salvo, ocupados en desarrollar su relación con su Creador.

Iaakov pensó en su tiempo de Galut, y vio a Rajel como la perfección. Pero tan pronto su familia abandonó Jarán, (su galut personal), y viajó hacia la Tierra Santa de Israel, su esposa Rajel murió, se completó su misión. Dejó a Iosef, el hijo que heredó su capacidad de crear una esfera dinámica de influencia. Él dirigiría a un país entero hacia la prosperidad. Los hijos de Lea, en contraste, pasaron la mayor parte de su tiempo como pastores, meditando en sus pasturas mientras caminaban al lado de su rebaño. Incluso en Egipto ellos vivían una vida aislada en la ciudad de Goshen.

Ambas Rajel y Lea eran las madres de la nación Judía. Rajel inculcó en nosotros la fuerza de destilar el poder y de alcanzar el aura de influencia. Lea nos otorgó la fuerza de tirar de las cuerdas de nuestra alma y de hablar con Di-s con integridad.

Por Rojel Holzkenner, extraído de chabad.org

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