La mujer judia en el mundo de nuestros libros

Sin embargo su posición, estaba “detrás de la bambalinas”. Ellas realizaban su sagrada labor desde el anonimato.

Dos eran las razones por las cuales esto era así:
La primera, su natural recato.
En segundo lugar, escribir literatura religiosa, era un trabajo básicamente masculino, no debido a una cuestión discriminatoria, sino al inmenso caudal de conocimientos complejos que tal labor exigía y que la dedicación al hogar, fundamental para la subsistencia de nuestro pueblo, dificultaba alcanzar.

De ese modo, el recato natural de la mujer le hacía sentir que tal actividad era inmiscuirse en un terreno ajeno.
Solo encontramos algunas pistas, algún nombre o comentario que bien vale la pena compartir.
Una importante parte de nuestros sabios no deseaban ser autores, pero sus esposas fueron quienes literalmente los obligaron a extender sobre el papel el brillante conocimiento que habían logrado.

Escribir tan solo no era suficiente, hacía falta imprimir, difundir y los gigantescos gastos que esto implicaba exigían gran esfuerzo y dedicación laboriosa.

De ello se ocuparon por lo general las esposas de los Rabinos – autores, que vivían generalmente en la pobreza.

Entre ellas habían muchas mujeres de amplios conocimientos, eruditas. Ellas, en muchas instancias, eran quienes redactaban u ordenaban los escritos de sus maridos, comentarios , respuestas halájicas, etc.

Muchas de ellas eran quienes corregían las pruebas tipográficas de la imprenta y aun los manuscritos de largas galeras.
Otrás, en épocas anteriores a la imprenta, debían pasar infinidad de veces un manuscrito, con una gran responsabilidad.

Esposas de autores a menudo se dedicaban a los aspectos técnicos en cuestion, técnicos y por encima de todo financieros.
¡Cuánta dedicación incansable, cuánta preocupación, y abnegación – y cuanto amor a la Torá – volcaban estas infatigables mujeres en su polifacética y sagrada labor!

Sin ellas , el mundo de los sefarím hubiera sido más pobre, careciendo de verdaderos tesoros del judaísmo.
De haber existido la costumbre de que los autores escribieran agradecimientos en sus libros, hubiéramos encontrado en más de un libro el nombre de la mujer que “sin su dedicación nunca hubiera salido a la luz”, según se estila hoy en día.

Solo en algunas introducciones de ciertos autores se menciona a sus esposas con el legitimo agradecimiento que tan ciertamente se han ganado.. El “Maharshá” llevaba el nombre de su suegra “Adles” pues: “sin su dedicación…”

En la erudita familia de Rashi – el famoso exegeta bíblico y talmúdico – hubo muchos comentaristas y legisladores halájicos. Aparece allí un dato interesante: las hijas de Rashi descollaron por su erudición y también escribieron.

Rajel, era la hija de Rashi que se ocupaba de la correspondencia halájica de su padre durante la vejés de este. Muchas de las respuestas que han quedado para la posteridad han sido escritas de su puño y letra bajo las directivas de su padre.

En “Guvilím” se menciona a Kraindl, la esposa de rabí Iosef Schtainhart, como autora de diversos comentarios, bastante curiosos por cierto.
Uno de ellos es el siguiente:
En el Midrash se mencioná que “diez veces dijeron los hijos de Iaakov a Iosef tu esclavo, nuestro padre”, y Iosef oyó mas permaneció en silencio. A causa de estole fueron quitados diez años de vida. Sin embargo, una mirada al Jumash – Pentateuco – suscita nuestra sorpresa. Tal expresión, “tu esclavo, nuestro padre” aparece solo cinco veces !
Rabí Iosef de Schtainhart presentó este interrogante ante su cuñado, Rabí Ishaiá Berlin, y fue entonces que su esposa, hermana de rabí Ishaiá respondió.

“El versículo da cuenta de un interprete que traducía las palabras de los hermanos a la lengua de Egipto. Así Iosef escuchó cinco veces estas palabras de sus hermanos y cinco más del traductor!”.

En su libro “Zijron Iosef” (1773) Rabí Iosef Schtainhart transcibe novedosos comentarios de su esposa Kraindl.

Uno de los más antiguos textos masoréticos de los Profetas y Apiógrafos, con notas aditivas, que data del siglo XII y se encuentra en Cambridge, Inglaterra, fue escrito por una mujer “Sara, hija del Jaber Shmariá”.

M. Haberman, el bibliógrafo jerosolimitano , menciona en “Kiriat Sefer” una serie de mujeres copiadoras, que también corregían los textos.

Durante el siglo XV , en Yemen, adquirió fama una mujer llamada “Miriam, hija de Banana el Escriba”, en uno de los libros que le tocó copiar y redactar, ella escribe. “si encontráis errores no me culpéis, pues en este momento estoy dando de mamar a mi hijo”. Sin embargo, rabí Iaakov Sapir, refiriéndose a este manuscrito, escribe que “está brillantemente escrito, sin error alguno” (Eben Sapir, vol. I, pag 102 b)

Entre los primeros imprenteros de textos religiosos hebreos, ya en el siglo XVI había una mujer.

Era Reina, la hija de Janá Gracia Mendez, viuda de Don Iosef Nasí. Tras la muerte de su esposo, fundó una imprenta en el palacio de Belvedere, donde fueron editados cerca de 15 libros entre los años 1593 y 1598.

En nuestra época, todo estudiante de la Torá ha oído hablar de la viuda Roim, de Vilna. Ella fue la editora del renombrado Talmud de Vilna, de los jumashim con “Mikraot Guedolot” con 42 comentarios y otras obras monumentales.

También fue famosa la editora Pesl Balabán de Lemberg, quien sacó ala luz el prestigioso Talmud de Lemberg, Jumashim y muchos otros libros.

A partir de laas emocionantes palabras de Janá en el tanaj (Shmuel I , 2:1) las mujeres judías han sabido volcar sus sentimientos en conmovedoras plegarias al Creador.Se sabe de un número de autoras de poesías litúrgicas, plegarias y ruegos ya de épocas inmemoriales. Haberman menciona a la Rabanit Merzane de Gerona, anterior a la expulsión de los judíos de España, quien es autora de la poesía “¿Quién es bendito, temimle y poderoso”?

Rivka, la hija de Rabí Meir Tiktiner, escribió un libro llamado “Meneket Rivka” que incluye plegarias, comentarios, novedades, leyes y meditaciones en Idish antiguo, que incluye plegarias y que fuera editado en Praga en el año 1609 y en Cracovia en el año 1617.

Gran fama adquirió la autora de “Tejinot” – “Ruegos” – escribiendo bajo el seudónimo de Sara bat Tovím, sus ruegos plenos de emotividad, se difundieron con gran amplitud.

Las memorias de Glikl de Hameln son una obra maestra clásica. Es el mejor reflejo de la vida judía en Alemania del siglo XVII.

Entre ambas guerras mundaiales, en Polonia aparecieron varias escritoras religiosas. Sus artículos eran publicados en el “Beit Iaakov Journal” bajo la dirección del asesinado Eliécer Guershon Fridensohn , en Lodz.

Este es un pequeño informe y so solo algunos de los nombres, que dejan constancia del inmenso aporte de la mujer judía en un campo que es muy amplio y a veces desconocido: el de los libros judíos.

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario