El logro de la armonía interior

El cuerpo humano es intrincado y complejo. Las leyes naturales que rigen las diversas funciones del cuerpo en muchos casos son un misterio, aún para la tecnología y la medicina más avanzadas…

La armonía del ser físico y espiritual

Hace mucho tiempo nuestras almas se hallaban presentes con nuestros grandes antepasados ante el Monte Sinaí. Allí hicimos una promesa eterna a Hashem que observaríamos la Torá. Asumimos la obligación, no en función de razón o la lógica, sino en función del amor y la confianza en el Único Di-s que creó el cielo y la Tierra. Puesto que Hashem exige de nosotros únicamente lo que está dentro de nuestra capacidad personal y colectiva, está dentro de nuestro poder cumplir hasta el último y más insignificante detalle de cada mitzvá.
La Torá explica cómo puede un judío ascender los escalones espirituales más elevados, así como el modo de llevar la mejor vida física posible. El delicado equilibrio de alimentos que el cuerpo necesita se describe en las leyes del kashrut. El equilibrio entre el trabajo y el descanso figura en las leyes del Shabat, y el equilibrio entre el sexo y la abstención, que permite la consolidación de una relación buena y permanente, figura en las leyes de Taharat Hamishpajá. Cuando un judío vive de acuerdo con las mitzvot, hay una armonía total entre el ser físico y el ser espiritual. La esencia de la Torá es la sabiduría y la voluntad de Aquél Que diseñó y creó nuestra personalidad espiritual interior, y que imparte vitalidad a nuestro ser físico.
Cuando se trata de un objeto hecho por el hombre, se consulta el manual de instrucciones a fin de obtener los mejores resultados. Si algo no funciona correctamente, se le pregunta al fabricante. El diseñador de una máquina conoce el propósito exacto de cada parte, y sabe qué es dañino o bueno para ésta. El fabricante de una máquina de lavar podría sugerir que no se utilizara jabón en escamas pues ello podría estropear la máquina. Probablemente no se explayaría sobre los detalles de este daño, ni tampoco preguntaría acerca de ello el consumidor. Bastaría con recibir las instrucciones y seguirlas. Éstas deberían seguirse cuidadosamente a fin de que la máquina rindiese al máximo, con un mínimo de rotura y reparación.
El cuerpo humano es intrincado y complejo. Las leyes naturales que rigen las diversas funciones del cuerpo en muchos casos son un misterio, aún para la tecnología y la medicina más avanzadas. No siempre se sabe qué es perjudicial y qué es beneficioso para la salud física. Las opiniones médicas fluctúan. Se descubre que órganos “superfluos” tales como las amígdalas y el apéndice son útiles. Independientemente de cuánto pueda aumentar el conocimiento humano, éste siempre es limitado. La única sabiduría eterna y que no fluctúa se adquiere mediante nuestra vinculación con la mente infinita de nuestro Creador. La sabiduría de Di-s ha sido condensada expresamente para nosotros en la Torá.

Directrices Divinas en perfecta armonía

Di-s creó en el mundo muchos niveles y colocó la raza humana en el plano superior de la existencia. Dotó a sus criaturas de cualidades intrínsecas que las protegen, conservan y renuevan. Tanto a los seres humanos como a los animales, Di-s los dotó de impulsos muy poderosos de comer y procrearse. Cuando un animal está hambriento, come sin preocuparse por qué come, o cómo lo come, o por qué medios obtiene la comida, y llega incluso a matar para satisfacer su hambre. Su impulso de procreación es igualmente indiscriminado. Los humanos comparten los impulsos animales, pero canalizados por medio de la Torá, éstos se elevan y santifican. Pese al hambre, un judío se abstiene de comer alimentos de categorías prohibidas. Además, antes de comer, el judío reconoce al Dador del alimento mediante una bendición de gratitud. Después de comer, en lugar de levantarse abruptamente de la mesa, las leyes de la Torá nos muestran el modo de dar las gracias a Hashem por satisfacer nuestras necesidades, y de orar a fin de que se satisfagan las necesidades de todo Su pueblo. Del judío se espera que coma consciente de que Hashem todo lo ve, y de que Su Reinado abarca todo el universo. Todas nuestras acciones se purifican mediante el reconocimiento de la presencia de Di-s y de Su infinita bondad. Las leyes que rigen las relaciones conyugales cumplen el propósito análogo de aumentar nuestra conciencia de que hay un Ser Supremo que gobierna todas las esferas de la vida de la persona y que tiene el poder de dotar de armonía y de poesía hasta la esfera más íntima. El Diseñador de nuestro ser nos ha entregado un manual de instrucciones sobre el mejor modo de cuidarnos. Estas directrices aseguran una mayor elevación espiritual de los 248 componentes del cuerpo humano. Con el modo de ser y la conducta de una persona se puede revelar Divinidad en su microcosmos y en el mundo en general.
En lo que respecta a la ciencia, los ginecólogos y los psicólogos han llegado a la conclusión de que las leyes judías respecto a la relación conyugal son las mejores para el bienestar mental y físico. Muchos han estudiado las razones de la armonía y la paz de la vida de la familia judía y las atribuyen a la observancia de las leyes de la Pureza de la Familia. Un psicólogo británico afirmó que la vida sexual de una mujer está estrechamente vinculada con su ciclo menstrual y que alcanza su punto culminante cuando la mujer comienza a crear nuevamente, unas dos semanas después de la menstruación. Destacó que las leyes de la Pureza de la Familia practicadas por los judíos son las más progresivas, por cuanto guardan una perfecta armonía con la naturaleza. Los ginecólogos observaron que las mujeres judías que siguen las leyes de la Pureza de la Familia suelen estar libres de las enfermedades que afectan los órganos de reproducción. Siglos antes de que la ciencia moderna emitiera su opinión sobre esta cuestión, el pueblo judío aprendió de la Torá el modo de llevar una vida satisfactoria y productiva.
Las mujeres judías de todas las épocas han traído bendiciones de paz, unidad y amor a sus hogares mediante su meticulosa observancia de Taharat Hamishpajá. Crearon generaciones fuertes y sanas espiritualmente que elevaron el nivel de vida dondequiera se hallaran. Las mujeres judías de hoy tienen un potencial igualmente grande que solo espera ser aprovechado. Nuestro conocimiento profundo de la Torá nos permite formar una generación de niños hermosos y sanos consagrados a convertir este mundo en un sitio visible y tangiblemente bueno. Tenemos la capacidad intrínseca de llevar una vida que es inspiración para los demás.

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