Beshalaj – “La Canción de Miriam”

Miriam la profetisa… tomó la pandereta en su mano; y todas las mujeres la siguieron con panderetas y bailes. Y Miriam exclamó a ellas: “Cantad a Di-s…”. – Exodo 15:20-21

No cantamos cuando estamos asustados, desesperados, soñolientos, o tras una comida pesada. Cantamos cuando languidecemos por alguien a quien amamos, cuando anhelamos épocas mejores, cuando celebramos un logro o aguardamos ansiosos una revelación.
No cantamos cuando somos complacientes. Cantamos cuando nos esforzamos por algo, o cuando hemos paladeado el regocijo y lo hacemos remontarse a los cielos.
El cántico es plegaria[1], el empeño por elevarse por encima de las insignificantes preocupaciones de la vida y unirse a la propia fuente de uno. El cántico es nuestra búsqueda de redención.
El Midrash[2] enumera diez cánticos preeminentes en la historia de Israel; diez ocasiones en las que nuestra experiencia de redención encontró expresión en la melodía y el verso. Los nueve primeros son: El cántico entonado en la noche del Exodo en Egipto[3], el “Cántico del Mar”[4], la “Canción en la Fuente”[5], el cántico de Moshé al concluir su escritura de la Torá[6], el cántico con que Iehoshúa detuvo el sol[7], el cántico de Deborá[8], el cántico del Rey David[9], el cántico en la inauguración del Gran Templo[10], y el “Cantar de los Cantares” del Rey Salomón ensalzando el amor entre el Novio Divino y Su novia Israel.
El décimo cántico, dice el Midrash, será el shir jadash, la “nueva canción” de la Redención Final: una redención que es global y absoluta; una redención que eliminará todo sufrimiento, ignorancia, celos y odio de la faz de la tierra; una redención de proporciones tales que el anhelo que evoca, y la alegría que produce, requieren de una nueva canción -un vocabulario musical totalmente nuevo- para capturar la voz del máximo anhelo de la Creación.

¡Otra! ¡Otra!
El más conocido de los diez cánticos de redención es Shirat HaIam, el “Cántico del Mar” entonado por Moshé y los hijos de Israel tras cruzar el Iam Suf. Recitamos este cántico todos los días en nuestras plegarias de la mañana, y lo leemos públicamente en la sinagoga dos veces al año: en el séptimo día de Pesaj (el aniversario de la partición del mar y de la composición del cántico), y en un Shabat a mediados del verano austral en el curso del ciclo de lectura anual de la Torá, un Shabat que por lo tanto se distingue con el nombre de Shabat Shirá, “Shabat del Cántico”.
El Cántico del Mar alaba a Di-s por Su milagrosa salvación de Israel cuando El partió el Iam Suf para ellos y ahogó a sus perseguidores egipcios en éste, y expresa el deseo de Israel de que Di-s lo conduzca a su patria y haga descansar Su presencia entre ellos en el Gran Templo. Concluye con una referencia a la redención final, cuando “Di-s reinará para toda la eternidad”[11].
En verdad, hay dos versiones del Cántico del Mar: una masculina y una femenina. Luego de que Moshé y los hijos de Israel entonaran su cántico, “Miriam la profetisa, la hermana de Aharón, tomó la pandereta en su mano; y todas las mujeres la siguieron con panderetas y bailes. Y Miriam exclamó a ellas: ‘Cantad a Di-s, pues El es enormemente enaltecido; al caballo y a su jinete arrojó al mar…’”[12].
Los hombres cantaron, y luego las mujeres. Los hombres cantaron, y luego las mujeres cantaron, bailaron e hicieron resonar sus panderetas. Los hombres cantaron -cantaron su alegría por su salvación, cantaron su anhelo por una redención más perfecta- pero algo faltaba. Algo que sólo el cántico de una mujer podía completar.

Sentimiento y Fe
Miriam, la hermana mayor de Moshé y Aharón, presidió la segunda vuelta femenina del Cántico del Mar.
Miriam – llamada así pues esta palabra significa “Amargura”, porque al tiempo de su nacimiento el pueblo de Israel ingresó a la fase más severa de su exilio en Egipto[13]. Miriam, quien cuando el infante Moshé fue colocado en una canasta en los bancos del Nilo, “montó guardia de lejos, para ver qué se hará de él”[14].
Fue Miriam, con su profundo manantial de sentimiento femenino, quien verdaderamente experimentó la amargura del galut (el exilio y la persecución). Y fue Miriam, con su capacidad femenina para la resistencia, perseverancia y esperanza, quien montó guardia solitaria sobre la tierna e incipiente vida depositada en una canasta a la vera de un río enorme, cuya vigilancia de “qué se hará de él” y su misión de traer redención a su pueblo nunca vaciló.
La escena de la joven mujer montando guardia en la espesa junquera al borde del Nilo, la esperanza de redención perseverando contra la amargura del galut en su corazón, evoca la imagen de otra matriarca veladora, Rajel. Como lo describe el profeta Jeremías, es Rajel quien, en su solitaria sepultura sobre el camino que va desde Betlejem a Jerusalén, solloza por los sufrimientos de sus hijos en el galut. Es ella, más que los líderes o patriarcas masculinos de Israel, quien siente la profundidad de nuestro dolor; es su intervención ante Di-s, luego de que la de aquellos fracasara, la que trae la redención[15].
Miriam y su coro trajeron al Cántico del Mar la intensidad de sentimiento y profundidad de fe únicos en la mujer. La experiencia de amargura del galut había sido mucho más intensa en las mujeres que en sus pares varones, y no obstante ello la fe de ellas había sido más fuerte y resistente. Por lo que su anhelo de redención había sido mucho más vivo, como lo fue su regocijo al producirse, y su ansiedad hacia su cumplimiento mayor.

Hoy
El gran cabalista Rabí Itzjak Luria (“El Ari”, 1534-1572), escribe que la última generación antes de la venida del Mashíaj es la reencarnación de la generación del Exodo.
Hoy, mientras estamos en el umbral de la redención final, es una vez más la mujer cuya canción es la más viva, cuya pandereta es la más llena de esperanzas, cuya danza es la más alegre. Hoy, como entonces, la redención se concretará “en mérito de mujeres justas”[16]. Hoy, como entonces, el ansioso anhelo de la mujer por Mashíaj -un anhelo que corre más profundo que el del hombre, y lo inspira y anima- forma la tensión dominante en la melodía de redención.

Basado en Sefer HaSijot 5752, Vol. I, págs. 303-307

Notas: 1. A lo largo de la Torá, “cántico” es usado como sinónimo de “plegaria” (por ejemplo: Jeremías 7:16 y 11:14, II Crónicas 6:19 y 20:22, Salmos 17:1 y 61:2). La ofrenda de los sacrificios en el Gran Templo -precursores de nuestras plegarias cotidianas- estaba acompañada por la música instrumental y vocal de los Levitas. Además de las entonaciones tradicionales del Oficiante que conduce las plegarias del servicio, los judíos siempre han recitado sus oraciones con viva y melodiosa voz. Esta es especialmente la costumbre entre los jasidím; en efecto, muchas grandes melodías jasídicas son, de hecho, “composiciones” espontáneas que surgieron de las plegarias de los jasidím. Estas tonadas de anhelo fluyeron de corazones ansiosos por conectarse a su esencia y fuente, entretejidas en las palabras de súplica brotadas de sus bocas.
2. Midrash Tanjumá, Beshalaj 10. 3. Isaías 30:29. 4. Exodo 15:1-21. 5. Números 21:17-20.
6. Deuteronomio 31-32. 7. Iehoshúa 10:12-13. 8. Jueces 5. 9. II Samuel, 22. 10. Salmos 30.
11. Exodo 15:18. 12. Ibíd., v.20-21. 13. Midrash Rabá, Shemot 26:1; ibíd., Shir HaShirím 2:11. 14. Exodo 2:4. 15. Jeremías 31:14-15; Pesiktá Rabatí 3. 16. Talmud, Sotá 11b; Ialkut Shimoní, Rut 60

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