Los tzadikim y las lujot

En la porción de la Tora de Ékev, Moshé relata la muerte de su hermano Aharón inmediatamente después de recordar el rompimiento de las lujot, las tablas sobre las cuales fueron grabados los Diez Mandamientos. Nuestros Rabíes nos dicen que estos dos incidentes están yuxtapuestos porque “la muerte de un tzadik es tan difícil para Di-s como el rompimiento de las lujot”.
(Además, cuando el fallecimiento de un tzadik resulta de sus enfermedades causadas por su ser exiliado con motivo de su servicio abnegado a favor del pueblo judío, la “dificultad” es acentuada a un grado aún más grande.)

Cuando la “Tora de la Verdad” declara que dos cosas son similares, significa que ellas son afines en su integridad. Así, el paralelo entre la muerte de tzadikím y el rompimiento de las lujot no es sólo que ellos son extremadamente difíciles para Di-s, sino también que tzadikím y lujot son análogos.
¿En dónde descansa la similitud?

Con respecto a las primeras lujot, la Tora declara: “Las lujot eran la obra de Dí-s; su texto fue escrito por Di-s – grabado sobre las lujot”. Las tablas así tenían dos atributos distintos:
a) su misma creación era la obra de Di-s;
b) el texto Divino estaba grabado.
No obstante la santidad intrínseca de las lujot, se nos dice4 que después del pecado del Becerro de Oro, “Moshé las miró y vio que la escritura había desaparecido. Sobre lo cual él dijo: ‘¿Cómo es posible que yo entregue al pueblo judío las lujot, viendo que ellas están [ahora] sin sustancia? Más bien, las tomaré y las romper锑.

El comentario de Moshé pone a uno perplejo, hasta perturba. Aún después que la escritura en las lujot hubo desaparecido, las tablas eran todavía la obra de Di-s. ¿Cómo pudo Moshé referirse a ellas como estando “sin sustancia”?
Como indica el versículo, el texto de las lujot estaba grabado en las tablas mismas. Como tal, el texto se volvió una parte integral de la sustancia de las tablas, no algo añadido como tinta es añadida al papel. De ahí que, el grabado del texto tuvo un profundo impacto sobre las reales lujot – las palabras volviéndose enteramente una con ellas. En otras palabras, la unidad de las lujot y su texto era tan grande que la verdadera esencia de las lujot fue desplazada por el texto grabado en ellas.
Por lo tanto, una vez que la “escritura hubo desaparecido” – a pesar de que las lujot eran todavía una obra de Dí-s – ellas estaban “sin sustancia”, pues la verdadera entidad era el texto real, con su alma y espíritu.
Estas cualidades de las lujot tienen un corolario dentro de cada judío.
Todo judío es un compuesto de cuerpo y alma. El cuerpo del judío es semejante a las lujot, las que son una obra de Di-s, pues aún el cuerpo de un judío posee tremenda santidad. El alma que fue colocada dentro del cuerpo es similar a la escritura Divina grabada en las lujot. La unidad de cuerpo y alma es así similar a la unidad de la escritura y las tablas mismas:

Como fue mencionado, las lujot eran una entidad importante en sí mismas – “la obra de Di-s” – aún antes de que la escritura fuera grabada, pues las tablas existían antes del texto. Sin embargo, una vez que los Diez Mandamientos fueron grabados en ellas, las lujot fueron elevadas a tal grado que su totalidad era la “escritura Divina”. Así cuando la escritura desapareció, ellas fueron consideradas estar “sin sustancia”.
Lo mismo es cierto respecto del judío. A pesar de que su cuerpo fue creado independientemente de su alma6 -y además su creación precedió la investidura del alma dentro del cuerpo- se vuelve verdaderamente una con el cuerpo una vez que es encarnada. El aspecto esencial espiritual del alma entonces, se torna el carácter esencial del cuerpo también. De este modo, nosotros decimos que “la vida del tzadik no es vida física, sino vida espiritual – creencia, temor reverente y amor [a Di-s]“.

Ésta entonces es la similitud entre la muerte de los tzadikím y el rompimiento de las lujot. Con la introducción de un elemento espiritual aún más elevado – el alma: la escritura Divina – ambas entidades, sufren un profundo cambio, con espiritualidad volviéndose su esencia entera.

Basado en likutéi Sijot, Vol. XIV, págs. 30-35.

Extraído de “Días solemnes de regocijo”

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