293. No Apiadarse del Perseguidor (“Lajmol Al Harodef”)

Es la advertencia con la cual se nos previno de no conmiserarnos por la vida del perseguidor.

El significado de esto es: que aquello que dijimos en el precepto que precede a éste —que los testigos no maten al pecador hasta (tanto) que el Tribunal (no) lo sentencie con la (pena de) muerte— no es sino sólo si transgredió y cometió la acción por la cual es pasible de (pena de) muerte y la concluyó; mas, en el momento de su deseo y marcha a actuar, en ese momento, pues, se llama ‘perseguidor’ — y es obligación nuestra impedirle y detenerlo de cometer la transgresión que desea (hacer); si se obstinó y se negó — entonces hemos de luchar con él; si nos será posible impedirle (concretar) su pensamiento privándolo de uno de sus miembros —como ser que cercenemos su mano o su pie, o enceguezcamos su ojo—, pues bien; y si no es posible detenerlo salvo con la destrucción de su vida

— éste, pues, es matado antes de que cometa (la transgresión).

Sobrevino la advertencia de no apiadarse de él y de no contenemos de matarlo, y es lo que El dijo: Y cortarás la mano de ella, no compadezcas tus ojos. En expresión del Sifrí: “Cortarás la mano de ella — enseña que estás obligado a salvarlo (incluso) con (la pérdida de) la mano de ella. ¿De dónde (sabemos) que si no puedes salvarlo a costa de la mano de ella, sálvalo a costa de la vida de ella? Para enseñárnoslo fue dicho: No compadezcas tus ojos“. Y allí dijeron: “Tal como lo característico de las partes privadas de él es que en ello hay peligro de vida y, está (reglamentado) con cortarás la mano de ella — así, toda cosa en la que haya peligro de vida, está (reglamentada) con Cortarás la mano de ella“.

Esto que dijimos —que el perseguidor sea matado por su (mero) deseo- no es (aplicable) a todo aquel que desee cometer una transgresión cualquiera sea, sino sólo en (el caso de) un hombre que persigue a su compañero para matarlo —incluso si (el perseguidor) es un menor—, o (persigue) a alguna de las mujeres prohibidas para descubrir su desnudez —y es claro que el (contacto carnal con otro) hombre pertenece a las relaciones prohibidas—. Dijo El, exaltado sea:

Gritó la joven comprometida y no hay quien la salve — de modo que si hay quien la salve, lo hace con todo lo que pueda para salvarla. Y (el versículo) comparó la ley del que persigue tras ella a la del que persigue a su compañero para matarlo. Dijo: Pues como cuando se levantare un hombre contra su semejan te y lo matara, así es esta cosa.

Las leyes de este precepto fueron explicadas ya en el Capítulo Octavo (del Tratado Talmúdico) de Sanhedrín.

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