290. No Castigar en Base a Conjeturas (“Onesh Al Pi Omed”)

Es la advertencia con la cual se nos previno de no llevar a la práctica los castigos en base a fuerte conjetura, siquiera casi certera; por ejemplo: una persona estaba persiguiendo a su enemigo para matarlo y éste (perseguido) huyó de él a una casa. Tras éste ingresó aquel perseguidor y tras estos, nosotros. Encontramos al perseguido agonizando de muerte, su enemigo que lo perseguía de pie sobre él mientras el cuchillo está en su mano, y ambos están sucios con sangre —

Sanhedrín, pues, no mata a este perseguidor a modo de cumplimiento del Castigo, dado que no hay allí esclarecimiento con testigos que vieron el asesinato.

En la Torá de la Verdad ha sobrevenido la advertencia de no matar a éste, y es lo que El, exaltado sea, dijo: inocente y justo no matarás…

En el Mejilta dijeron: “Lo vieron perseguir a su compañero para matarlo, le advirtieron (acerca de la transgresión) y le dijeron: ‘El es (del pueblo) de Israel, él es Hijo del Pacto; si has de matarlo, serás muerto’. Lo perdieron de vista y (luego) lo encontraron agonizante de muerte mientras que de la espada, en manos del que mató, gotea sangre, ¿entiendo yo que (éste) será pasible (de muerte)? Para enseñarnos (que no es así) fue dicho: Inocente y justo no matarás.

Que esta cosa no resulte cuestionable a tus ojos, ni pienses que ésta es una ley pervertida — dado que de las cosas posibles hay algunas cuya probabilidad es muy cercana, otras cuya probabilidad es muy distante, y algunas intermedias entre ambas, y el ‘quizás’ es (un término) muy amplio. Si la Torá hubiera permitido aplicar castigos en (casos de) un ‘quizás’ muy cercano, cuando (la probabilidad) casi linda con la situación indudable —como en el ejemplo que hemos mencionad_, entonces, (siguiendo este curso) hubieran aplicado (también) castigos en aquello que es más lejano (de la certeza) que éste, yen lo que está más distante aún, hasta que aplicarían castigos y matarían la gente con engaño y trivial conjetura según el parecer del juez. Por ello, El, exaltado sea, cerró esta puerta y ordenó que no se cumpliera castigo alguno a menos de que hubiera allí testigos que atestiguan que aquel hecho les está claro, (con) una claridad en la que no cabe duda alguna. No hay, en absoluto, otra forma de explicarlo.

Si no hemos de dar cumplimiento a los castigos (cuando contamos sólo) con la muy fuerte conjetura — no podrá suceder más, (en el peor de los casos,) que el que eximamos (de castigo) al pecador; pero, si hemos de aplicar los castigos en base a conjetura y suposición, es posible que algún día matemos a un inocente; es mucho mejor y más deseable eximir a mil pecadores que matar algún día a un único inocente.

Asimismo, si dos testigos testimoniaron en su contra por dos transgresiones —por las que, por cada una de ellas, es pasible de (la pena de) muerte— y cada uno de ellos, individualmente, lo vio transgredir una (de ellas) pero no lo vio transgredir la otra — éste, pues, no ha de ser matado. Por ejemplo, si un testigo atestiguara en su contra que realizó un trabajo (prohibido) en Shabat y él le advirtió, y un segundo (testigo) atestiguara en su contra que ha rendido culto idólatra y él le advirtió — éste, pues, no es lapidado. Dijeron:

“Si un testigo atestiguaba (haberlo visto) rindiendo (culto idólatra) al sol, y otro (atestiguaba haberlo visto) rindiendo (culto idólatra) a la luna, ¿entiendo yo que se combinan (sus testimonios)? Para enseñarme (que no es así) fue dicho: Inocente y justo no matarás.

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