Mitzvot 613



"Cada uno de los 613 preceptos cumple la función de inculcar conductas apropiadas, o erradicar algunas concepciones erroneas; establecer legislación justa, o eliminar la maldad; imbuir al hombre de virtudes ejemplares, o apartarlo de tendencias negativas" (MAIMONIDES, en "Moré Nevujím" 3:31)


Las siete plagas restantes

Moshé advirtió a Paró que una multitud de animales salvajes (arov)…


Pero Paró no cedió. No obstante, la devastación causa­da por la cuarta plaga lo convenció de permitir a los israelítas ofrendar sacrificios en Egipto. Moshé fue aun más lejos y le demandé que permitiera a los judíos hacer un viaje de tres días al desierto a ofrecer sacrificios para así escapar al hosti­gamiento de los egipcios. Paré esta vez aceptó, pero en el momento en que se detuvo la plaga, se negó nuevamente a permitir la salida de los judíos.

Posteriormente, Moshé advirtió a Paró que la morriña (de-ver) —una peste del ganado- devastaría Egipto (nuevamente sin afectar Goshen) si  Paró no lo capitulaba. Pero  Paró nuevamen­te se negó y la peste se abatió con toda la furia sobre los ani­males de los egipcios.Paró seguía insensible.

La plaga siguiente consistió en cenizas esparcidas por los cie­los que, convertidas en polvo, causaron una epidemia de do­lorosas llagas (shejin) a hombres y animales por igual. A pe­sar de que los propios magos de Paró resultaron afectados, él se mantuvo firme.

Luego de esto, recibió la información de que Egipto sería atacado por un torrente de granizo (barad), que causaría es­tragos a las cosechas y lo que aún quedaba de ganado. Se le advirtió que debía poner a cubierto a los animales y a la gen­te para evitar su muerte, lo cual fue escuchado por algunos egipcios que tomaron medidas para protegerse. Entonces Moshé extendió su vara a los cielos y una terrible tormenta con truenos, granizo y relámpagos se abatió sobre Egipto (a excepción de Goshen), matando a hombres y animales y destruyendo los sembrados. El granizo era de una naturaleza inusual: cada pieza estaba compuesta de fuego por dentro y hielo por fuera y era tan enorme como un canto rodado. Pa­ré pareció cambiar esta vez de opinión, pero nuevamente, al cesar la tormenta, su corazón volvió a endurecerse.

Algún tiempo después, Moshé advirtió a Paró que langostas (arbé) destruirían las cosechas. Frente a esta situación, sus consejeros lo instaron a permitir la salida de los judíos. Moshé y Aarón insistieron en que las mujeres, los niños y los reba­ños debían también partir. Paré se negó a escuchar. Al día si­guiente Moshé extendió su vara y un viento del este trajo a Egipto una manga de langostas que devoré totalmente los cultivos. Al observar el desastre,  Paró admitió su error y su­plicó a Moshé y a Aarón que rezaran para terminar con la plaga. Así lo hicieron y un fuerte viento del oeste dirigió las langostas hasta el Iam Suf (Mar Rojo). Sin embargo, una vez más, Paró no cumplió el acuerdo.

La plaga siguiente que trajo Moshé fue la oscuridad total (joshej), que descendió sobre los egipcios durante seis días. Durante tres de estos días, los egipcios debieron quedarse donde estaban. Sólo los israelitas tuvieron luz. El caos rei­nante resulté una pesadilla. Y esta vez, por fin, Paró accedió a dejar salir a todos —hombres, mujeres y niños, con la condi­ción de que los rebaños quedaran en Egipto, como garantía para asegurar el retorno de los israelitas. Moshé rechazó es­ta condición y Paró le prohibió la entrada al palacio. Moshé le replicó que haría descender una última plaga, tan devas­tadora que segaría la vida de los primogénitos varones (ma­kat bejorot). Moshé y Aarón entonces pudieron partir.

Extraído de Ayer, Hoy y Siempre Editorial Bnei Sholem