Introducción

Introducción

Durante los dos últimos milenios, Cristianos y Musulmanes (y todo conglomerado religioso al que se le presentó la oportunidad) han dirigido su proselitismo hacia los Judíos, plantéandoles lo que (a sus ojos) debían ser los deberes religiosos (de los Judíos). Los Judíos, por el contrario, nunca han buscado de forma activa conversos a su propia religión. Quizás esta es la razón por la que pocas personas conocen que el Judaísmo también tiene algo que decir sobre los deberes religiosos de los pueblos no—Judíos del mundo. Este libro resume las enseñanzas Judías sobre esta materia para informar y guiar a los Gentiles, o descendientes de Noaj. El lector judío estará también interesado en aprender de esta área de estudio poco conocida.

Nota.- Para guardar congruencia con términos como Noajismo (conjunto de deberes religiosos de un no—Judío), noájidas, etc., no usamos el castellano Noé sino la transliteración del Hebreo Noaj.

La doctrina de los Siete Mandamientos Noájidas presenta la visión del Judaísmo sobre la unidad en el mundo. En efecto, la mera idea de unidad religiosa emergió con el Judaísmo. Quien, sin ser Judío, posee este concepto lo obtuvo de los Judíos. [1]

Y cuando hablamos de unidad, nos referimos tanto a la unidad de Dios como a la unidad de la humanidad. Por unidad de Dios se entiende Monoteísmo, y por unidad de la humanidad entendemos un mundo en que todas las personas se acercan a Dios en paz y armonía.

Exceptuando el Judaísmo, todas las religiones del mundo se desenvuelven conforme al principio de “Cree como yo creo, y el mundo será uno”. Este mecanismo nunca ha funcionado. El Judaísmo concibe la idea de unidad desde una perspectiva completamente diferente; enseña que hay dos caminos, no sólo uno. [2] “Un camino es tuyo. El otro es mio. Tu viajas por el tuyo, yo viajo por el mio y en esto será encontrada la verdadera unidad: el Único Dios es encontrado a lo largo de ambas rutas porque el Único Dios proveyó ambas”. Las Leyes Noájidas determinan el camino que Dios entregó a los pueblos no—Judíos de la tierra. [3]

Los Siete Mandamientos Noájidas constituyen la más antigua de todas las doctrinas (religiosas) porque fueron entregados a Adán, el Primer Hombre, el día en que fue creado. [4] Sorprendentemente, los Siete Mandamientos Noájidas permanecen como el conjunto de principios religiosos menos inexplorado: “la religión más antigua es la más nueva”. La humanidad ha “logrado” mantener dicho estatus al ignorar estos mandamientos a lo largo de la historia. Pero ahora, en estos tiempos en que pueden escucharse los pasos del Mesías, los Siete Mandamientos Noájidas finalmente podrán (y deberán) ser estudiados y observados por todos los pueblos y naciones del mundo.

Nota.- A lo largo del texto, siempre que se hable de observar mandamientos, se entenderá obedecerlos o cumplir con ellos.

La palabra mandamiento es una traducción de la palabra hebrea mitzvá, que también significa ”conexión”. Al observar los mandamientos de Dios, una persona se conecta con la sabiduría infinita de Dios (cumpliendo con Su deseo) y, por ello, hace resplandecer una luz divina sobre su alma. Esta luz divina es eterna, y en ella el alma humana obtiene recompensa imperecedera. [5] Al observar los Siete Mandamientos Noájidas, un gentil cumple a cabalidad con el propósito para el que fue creado y recibe un lugar en el Mundo por Venir, el bendito mundo espiritual de los justos.

El bloqueo mental que debe ser vencido, como paso previo a la observancia de los Siete Mandamientos Noájidas, trata con aceptar (la idea de) que “el camino de la humanidad para alcanzar el conocimiento de Dios está (bien) derrumbado por la luz de los rabinos”. La rebelión en contra de la santidad de la tradición y la autoridad rabínica ha estado con nosotros desde los primeros días en el desierto de Sinaí cuando los seguidores de Koráj llevaron adelante una revuelta en contra de Moisés, como está escrito, “Y se congregaron en contra de Moisés y en contra de Aarón y les dijeron: `Ustedes asumen demasiado; porque todos en la congregación son santos, y el Señor está entre ellos. ¿Por qué entonces van ustedes mismos a ponerse por encima de la congregación del Señor?” (Números 16:3). Al final, Dios obró un gran milagro para demostrar Su preferencia por la autoridad Mosaica, “Y la tierra abrió su boca y se los tragó, a ellos y sus casas y a todos los hombres que estaban con Koráj y a todos sus bienes. Y se hundieron, ellos y todos quienes estaban a su favor, vivos al pozo; y la tierra se cerró sobre ellos y desaparecieron de en medio de la congregación(Números 16:32,33). Como podemos ver en todos aquellos que a lo largo de los siglos han emulado las acciones de Koráj y su banda, las lecciones de la Torá son eternas.

Cuando Dios entregó la Torá al pueblo Judío en el monte Sinaí, todos aceptaron con gusto la Torá Escrita. Pero Dios tuvo que ”sacudir” la montaña sobre sus cabezas y amenazar con ”arrojársela” para persuadirlos a aceptar la Torá Oral, [6] esto es, la interpretación rabínica de las Escrituras Hebreas.

Nota.-La Torá Oral, esto es, la explicación de las Sagradas Escrituras (básicamente el Talmud y el posterior Código de Ley Judía), conforme a la tradición rabínica fue revelada por Dios a Moisés en el Monte Sinaí, y entonces transmitida de rabino a estudiante a lo largo de la historia. Esta interpretación rabínica tradicional de las Sagradas Escrituras, conocida como Mesorá, tiene la misma inviolabilidad que las Sagradas Escrituras, porque la Torá Escrita y la Torá Oral son dos mitades de un todo.

Si los Judíos tuvieron dificultades para aceptar la Torá Oral (como no menos divina que las Escrituras en sí mismas), cuánto más difícil será para los no—Judíos. Pero necesitan hacerlo, porque la fuente de entendimiento de los Siete Mandamientos Noájidas se encuentra en el Talmud y en escritos rabínicos posteriores, y en ninguna otra parte.

Nota.- Los rabinos referidos son aquellos que para sí mismos han aceptado la autoridad absoluta de la Torá Oral.

Hay una segunda dificultad que se presenta al considerar los Siete Mandamientos Noájidas. Es a simple vista un problema semántico, pero tiene profundas implicaciones. El no—Judío no debería relacionarse con los miembros de las naciones no—Judías del mundo como “Gentil“, sino como “Noájida“. Al ver a los no—Judíos como Hijos de Noaj, o Noájidas, inmediatamente se hace claro que las naciones del mundo tienen un rol espiritual propio, único y específico, un rol que es notablemente exaltado. Los Hijos de Noaj son correligionarios de los Hijos de Israel. Son socios pacíficos que trabajan por mejorar el mundo y, por ello, cumplen con el Deseo Divino. Viéndose a sí mismo como Noájida, el Gentil es como el Judío en el sentido que es miembro de un linaje cuya “hermandad” (y no sólo su religión) es sinónimo de su relación con Dios.

Para este tiempo, El Camino del Gentil Justo es el único libro que intenta presentar un estructuramiento de la doctrina de los Siete Mandamientos Noájidas de una manera usable, si bien el trabajo es restringido por el espacio. Por razones expuestas en la Reseña Histórica, tratados anteriores sobre esta materia fueron escritos por Judíos eruditos para Judíos eruditos y tenían un propósito más bien teórico y académico. El Camino del Gentil Justo es un llamado a la acción tanto para el Judío como para el no Judío, para el Israelita y para el Noájida. Como decía el gran sabio Rabino Tarfon, “El día es corto, el trabajo considerable, los obreros vagos, la recompensa grande, y el Jefe está presionando”. [7]

Todo depende de nosotros, y eso le incluye a usted. De esta manera ha sido preparado este libro. No tiene por intención ser un documento de autoridad final, sino un medio por el cual uno se pueda familiarizar con la materia abordada.

Esperamos y elevamos plegarias para que el Dios de Abraham, Isaac e Israel perdone cualquier error que este documento pudiera contener, y que llegue a ser un instrumento para acercar a toda la humanidad a su Padre. Ojalá sea pronto revelada Su Presencia entre nosotros.

Referencias
[1] Mishné Torá, Leyes sobre Idolatría, capítulo 1, leyes 2,3

[2] Mishné Torá, Leyes de Reyes, capítulo 8, ley 10

[3] Mishné Torá, Leyes de Reyes, capítulo 8, ley 11

[4] Mishné Torá, Leyes de Reyes, capítulo 9, ley 1

[5] Likutei Torá, Rav Shneur Zalman de Liadi, Bejukotey, página 45, columna 3

[6] Talmud de Babilonia, Shabat 88a

[7] Capítulos de los Padres, 1:15