Un juez imparcial

La Parashá de esta semana, Shoftim, siempre es leída en el primer Shabat del mes de Elul. Como nada es accidental, esta Parashá debe tener alguna enseñanza importante para implementar en este mes tan auspicioso.

Shoftim significa “jueces”. La Torá nos ordena designar una jerarquía de jueces en cada ciudad y provincia. A nivel literal, este mandamiento se refiere a los jueces que resuelven las cuestiones civiles, penales y religiosas. En un nivel más profundo, sin embargo, este mandamiento, así como sus detalles, tiene un gran significado para cada uno de nosotros y nuestras vidas personales.

Examinemos uno de los detalles de esta ley:

“No pervertirás la justicia, no mostrarás favoritismo y no aceptarás soborno”.

Una vez que la Torá ya prohíbe la perversión de la justicia, ¿cuál es la necesidad de prohibir el soborno? ¿Acaso el soborno no es la manera más obvia de pervertir la justicia? Rashi, el prominente comentarista de la Biblia, explica que la Torá prohíbe el soborno, inclusive si el que lo da lo hace con la condición de que el juez imparta un veredicto justo, porque en el momento que el juez es “sobornado”, actuará a favor de dicha parte y no será capaz de emitir una decisión objetiva. Como continúa el versículo: “porque el soborno enceguece los ojos del sabio”. Cuando hay una afinidad entre un juez y uno de los litigantes, este no está capacitado para presidir el caso.

Durante el mes de Elul, cada persona debe juzgar sus acciones y los logros del año anterior. Sin embargo, todos estamos “sobornados” de cierta manera por nuestro amor propio y somos incapaces de hacer una evaluación completamente justa. Por lo tanto, cada persona debe nombrar a un “juez”, un mentor espiritual imparcial que pueda emitir una opinión objetiva.

Además, saber que al final de cada semana o mes uno tendrá que hablar de sus logros espirituales con otro, es a veces suficiente para impulsar a un individuo en el camino de la mejora. Como dijo Rabí Iojanán ben Zakai a sus discípulos: “Si sólo le temieran a Di-s como le temen a sus semejantes”.

Por: Naftali Silberberg

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