Los Tefilín que ayudaron a lidiar con la vida y la muerte

En Junio de 1991, recibí una llamada telefónica de Joe. Vivía en mi comunidad, y en cierto modo había ayudado a mi nuera y nietos. “Rabino, estoy enfermo”, me dijo. “Si no es muy difícil para ti, podrías venir a visitarme?”

Por supuesto que fui a su casa. Me enteré que estaba recibiendo tratamientos de quimioterapia para cáncer, y que su pronóstico no era favorable. Se encontraba recostado en la cama mientras me contaba sobre su enfermedad, y le dije que el Judaísmo nos enseña que nunca debemos darnos por vencidos en la vida. Traté de alentarlo y cuando me retiré realmente se encontraba con mejor ánimo.

La semana siguiente, cuando me encontraba nuevamente al lado de la cama de Joe, recibió una llamada de un amigo llamado David, quien vivía en Nueva York. Joe le dijo que el Rabino lo estaba visitando, y luego me pasó el teléfono. “Mi amigo le quiere hablar”, dijo.

“Rabino”, dijo David, “creo que sé de algo que puede darle a Joe fuerza adicional. ¿Por qué no le sugiere que comience a ponerse Tefilin?”

“No tiene un par de tefilin”, pensé en voz alta.

¡“Le compro uno”!, respondió David.

Lo mire a Joe diciéndole: “ David quiere comprarte un par de Tefilin, ¿lo usarías? Para mi alegre sorpresa, Joe aceptó.

Tefilin significa el direccionamiento de los poderes emocionales e intelectuales de uno hacia el Servicio de Di-s en todo lo que pensamos, sentimos y hacemos. En una Mitzvá que ha sido cumplida por dos mil años. Ahora llegará a otro judío, un hombre de 60 años, que nunca antes lo había experimentado.

Luego de que los Teflin llegaron, comencé a ir a la casa de Joe todas las mañanas y le enseñé cómo ponérselos. Estaba emocionado y quería aprender a recitar todo el Shmá. Pude ver su placer y fuerza espiritual. El sentía que los Tefilin le provocaba una conexión mas fuerte con Di-s, y la fuerza para enfrentar cada día.

Su salud comenzó a mejorar durante los siguientes seis meses, pero luego fue admitido al “University Hospitals de Cleveland”. Cuando llegué, lo noté pálido y débil, pero estaba agradecido por mi visita. Pensó que era el momento apropiado para hablar sobre el funeral y sus planes.

Luego, con gran esfuerzo, se sentó en la cama, y tomándome la mano me dijo: “Tengo un último pedido muy importante para hacerle”. Lágrimas cayeron de sus ojos. “Mi hijo Fankie, nunca tuvo un Bar Mitzvá, cuando venga a mi funeral, por favor dígale que quiero que sea un Bar Mitzvá”.

Poco tiempo después, Joe falleció.

Frank viajó desde Massachusetts, donde el vivía, para acompañar a su mamá y hermanos en el funeral. Aproveché la oportunidad para informarle sobre el último deseo de su padre. Estaba tan emocionado que inmediatamente aceptó cumplir con el pedido. Luego del funeral me acerqué al ataúd y dije: “Joe, tu hijo Frank pronto va a celebrar su Bar Mitzvá, y estás invitado”.

Frank se quedó en Cleveland surante los días de Shivá. En uno de esos días, en presencia de familiares y amigos, se hizo la ceremonia del Bar Mitzvá, de la forma permitida en esos días. Los Tefilin de Joe eran un regalo apropiado de Bar Mitzvá, y luego Frank se los colocó por primera vez. Era mucha la emoción. Todos tuvimos un enorme sentimiento que Joe estaba allí con nosotros.

La Mishná dice: “Mitzvá goreret Mitzvá”. Una mitzvá trae otra Mitzvá. ¡¿Quién pudo haber imaginado la cadena positiva de la reacción de un par de tefilín?!, y ¿quién sabe?, quizás esta historia inspira a otro lector a colocarse los tefilin.

Estoy seguro que esto no termina aquí.

Por: Zushe Greenberg

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario