Amo del Universo: Nunca Olvidaremos!

Av Harajamím (“el Padre Misericordioso”) es una plegaria memorial por las almas de nuestros mártires judíos que han sacrificado sus vidas al Kidush HaShem, la santificación del Nombre de Di-s. Es recitada — seguida Ashréi— antes de devolver la Tora al Arca, antes de la Amida de Musaf.

Esta plegaria no aparece en el Sidur del Rambam, ni en los Sidurím del Abudraham y Sefaradí. Se cree que fue instituida por primera vez en Alemania después de la terrible masacre y destrucción de las comunidades judías en las regiones del Rhin y otras partes por los Cruzados durante la primera y la segunda cruzada (1096 y 1146). Al principio se la recitaba únicamente en el Shabat que precedía a Shavuot, porque fue durante los días de la sefirá, entre Pesaj y Shavuot, que tuvieron lugar las peores masacres. Posteriormente, cuando esta plegaria fue adoptada por la mayoría de las congregaciones en Polonia y Europa del Este, se hizo la costumbre recitarla cada Shabat excepto cuando se anunciaba el Rosh Jodesh, excluyendo el Shabat antes de Rosh Jodesh Siván, cuando se dice Av Harajamím aunque se bendice el Rosh Jodesh Siván en éste. Av Harajamím tampoco se recita cuando el Shabat coincide con un tiempo festivo especial, como en Shabat Rosh Jodesh, Shabat Janucá, etc.

Las palabras iniciales de esta plegaria, dirigidas al “Padre Misericordioso”, son una declaración de que aunque nuestro pueblo ha sufrido innumerables persecuciones y martirios en manos de las naciones del mundo a través de las épocas, no ha disminuido nuestro reconocimiento de que El es nuestro Padre y, efectivamente, nuestro Padre Misericordioso. Nos damos cuenta de que nuestro raciocinio humano es demasiado limitado como para comprender las sendas de Di-s, pero estamos seguros de que El es la esencia de la bondad y la misericordia.

Al mismo tiempo “recordamos” a HaShem, por así decir, Su promesa de vengar la sangre de nuestros mártires – todos aquellos hombres santos y justos, mujeres y niños y comunidades sagradas que han dado sus vidas por la santificación de Su Nombre. Pues ellos murieron únicamente porque eran judíos, víctimas inocentes del odio y la crueldad. Todas aquellas víctimas judías y comunidades judías enteras que fueron destruidas por los Cruzados en su camino a liberar la Tierra Santa del dominio musulmán, podrían haberse salvado si hubieran aceptado convertirse a la religión de sus agresores. En muchos casos no había más necesidad que una declaración verbal. Sin embargo, ellos se negaron incluso a eso.

Naturalmente, Di-s no necesita que Le recordemos Sus frecuentemente repetidas promesas — en la Tora, en los Libros de los Profetas y en las Sagradas Escrituras (Tanaj), de que El juzgaría y castigaría a las naciones e individuos que nos maltraten. El verdadero fin de esta plegaria es que nosotros mismos lo recordemos. Recordando que Di-s castigará a nuestros agresores, hace que nos resulte más fácil tolerar el dolor. Y, más importante aún, el recuerdo del coraje y el auto-sacrificio de nuestros antepasados, nos da más fuerzas para permanecer firmes en nuestra lealtad y devoción a Di-s, a Su Tora y a Sus mitzvot, frente a cualquier adversidad. Recordando que Di-s es nuestro Padre Misericordioso y nosotros somos Sus criaturas amadas, hallamos tanto consuelo como fortaleza.

Extraído de “Mi plegaria 2″ de editorial Kehot.

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