¡¡¡Que llueva, que llueva!!!

· Rabí lojanán decía: Tres llaves se encuentran en manos de Di-s y no fueron entregadas a emisario alguno: la de la lluvia, la de dar a luz, y la de la resurrección de los difuntos (Taanit 2b).

· [Di-s dice:) Muchas gotas de lluvia He creado en las nubes, y a cada una de ellas la He formado distinta, porque si dos gotas cualesquiera fueran iguales, arruinarían la tierra, y ésta no daría sus frutos (Bavá Batrá 16a).
· A través de la lluvia todo es bendecido... el comportamiento de los negocios... la ganancia de los comerciantes [pues hay cereal en abundancia]… incluso aquellos que sufren de forúnculos encuentran alivio… las piedras preciosas se benefician [pues sus colores se hacen más brillantes]… y los peces aumentan de peso.
Tres cosas son equivalentes: la tierra, la humanidad y la lluvia. Sin tierra no hay lluvia; sin lluvia no hay tierra; y sin ambas, no existiría el hombre (Bereshít Rabá 13).

¿A qué puede compararse la gracia de la lluvia? A un padre que envía regalos a sus hijos. Si les manda unos pocos y lo hace a través de un mensajero, éste les entregará únicamente aquello que el padre ordenó. Pero si el padre opta por darles un gran regalo, él mismo se los entregará. ¿Cómo procede? Reúne a sus hijos y abre su tesoro para dar a cada uno su regalo. En ese momento ellos ven todos los objetos finos y preciosos allí guardados y desean poseerlos. Los hijos más sabios buscan algún pretexto para pedir de su padre todo aquello que su corazón ansía, y él los complace, pues el cofre está abierto y es un momento propicio, de buena voluntad.
De igual modo, todos los actos de gracia de Di-s para con Sus criaturas son llevados a cabo por Sus ángeles, quienes cumplen su misión sin añadir ni disminuir nada. Sin embargo, el don de la lluvia,
Di-s no lo delega en sus manos pues es posible que sean inexorables en su proceder hacia aquellos que no cumplen la voluntad de Di-s, y retengan las lluvias, causando que el mundo quede desolado.
Así, la llave de la lluvia está en poder de Di-s, Quien es generoso en Su bondad. Y cuando El concede lluvia al mundo, la extrae de Su tesoro del bien. No la da porque haya sido merecida, como recompensa o por mérito, sino sólo por Su gracia. Y puesto que este cofre del tesoro -donde se atesora la enorme bondad y abundante misericordia- se abre, es un momento propicio para que el pueblo de Israel pida todo lo que su alma anhela. Lo único que debe hacer es tener la intención sincera de pedir a Su Padre en el Ciclo que deposite la Torá en sus corazones, al igual que cuando sus antepasados estuvieron de pie frente al Monte Sinaí; que renueve la Creación; que les conceda salvación eterna; que sus pecados sean perdonados; que las monedas de sus bolsillos sean bendecidas; que los que se encuentran en el exilio sean reunidos desde los confines de la tierra; que la guerra llegue a su fin; es, en efecto, una ocasión propicia para todos estos actos de gracia Divina. ¿Por qué? Porque todos están almacenados en el cofre del tesoro del bien que Di-s abre en el momento en que cae la lluvia. Así lo expresa el versículo (Deuteronomio 28:12): Di-s abrirá para ti Su buen tesoro, los cielos -para dar lluvia a tu tierra en su momento propicio… Y si alguien llegara a pensar que el tesoro permanece abierto sólo para el obsequio de la lluvia no es así. El versículo continúa diciendo (ibid.): …y para bendecir todas las obras de tus manos.
De aquí aprendemos cuán grande es la gracia de la lluvia y cuán devota debe ser la intención del hombre cuando dice: “Y otorga rocío y lluvia para bendición…”.

Extraído de “Nosotros en el Tiempo” Tomo I Editorial Lubavitch Sudamericana

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