Jubilación: La locura y la oprtunidad

La Torá considera la vejez como una virtud y bendición. A lo largo de la Torá, “viejo” (zaken) es sinónimo de “sabio”, la Torá nos ordena respetar a todos los ancianos, independientemente de su erudición y piedad, porque las muchas pruebas y experiencias de cada año, traen una sabiduría que el joven no puede igualar.
Como el versículo “Y Abraham envejeció, y llegó a lo largo de días, y Di-s bendijo a Abraham en todo” (Génesis 24:1) enfatiza, cuando Abraham envejeció “llegó a lo largo de días”, sus días acumulados, cada uno repleto de aprendizaje y rendimiento. Significa que con cada día que pasaba, su valor aumentaba. Por lo tanto, una edad avanzada es considerada como una de las más grandes bendiciones que se le conceden al hombre.

Esto está en marcado contraste con la actitud prevaleciente en los países “desarrollados” del mundo de hoy. En el siglo XXI del mundo occidental, la vejez es pasiva. La juventud es vista como la más alta acreditación en todos los campos, desde los negocios hasta el gobierno, donde la generación más joven insiste en “aprender de sus propios errores” en lugar de construir a través de la experiencia de los mayores. A los 50, una persona se considera “sobre la montaña”, y comienza a recibir indicios de que su posición sería mejor remplazada por alguien de veinticinco años o menor. En muchas empresas e instituciones, la jubilación es obligatoria a los 65 años o menor. A los ancianos se les hace sentir que son inútiles o una carga. Después de décadas de progreso, su conocimiento y talento de repente no tienen valor.

A primera vista, la actitud de hoy en día parece ser en parte justificada. ¿No es un hecho de que una persona se debilita físicamente a medida que avanzan los años? Es cierto que la jubilación ha demostrado ser un factor clave en el deterioro de las personas mayores, pero ¿no es todavía un hecho ineludible de la naturaleza que el cuerpo de una persona de 70 años de edad, no es el cuerpo de alguien de 30?

¿Acaso lo que vale de la persona se mide por su destreza física?
De hecho, un joven de veinte años puede bailar toda la noche, mientras que su abuela se cansa después de unos minutos. Pero el hombre no fue creado para bailar durante horas y horas. El hombre fue creado para hacer la vida en la tierra más pura, más brillante y más Santa de lo que era antes de que llegara. Desde esta perspectiva, la madurez espiritual del mayor se compensa por su fuerza física disminuida y, de hecho, las disminuciones físicas se pueden incluso utilizarse como un activo espiritual, ya que permite un reordenamiento positivo de prioridades que es mucho más difícil en la juventud.

Ciertamente, la salud física del cuerpo afecta la productividad. La vida es un matrimonio entre el cuerpo y el alma, y es de lo más productivo cuando se nutre por tanto un físico sólido y un espíritu sano. Sin embargo, los efectos del proceso del envejecimiento en la productividad de una persona están determinados en gran medida por la forma en la que él considera este matrimonio. ¿Que es el medio y que es el extremo? Si el alma no es más que un motor para impulsar al cuerpo de sus necesidades y objetivos, entonces el debilitamiento físico del cuerpo con la edad trae consigo un deterioro espiritual también. Pero cuando uno considera el cuerpo como un accesorio para el alma, lo contrario es cierto: el crecimiento espiritual de la vejez vigoriza el cuerpo, lo que le permite a uno llevar una existencia productiva durante el tiempo que el Todopoderoso le otorgue.

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