La mesa judía

En el Judaísmo se denominó a la mesa como “altar” y en ella la comida es una actividad, que representa y simboliza las ofrendas que ofrecíamos en el altar.
La mesa adquiere función dentro del Servicio Divino, que permite mantener la imagen del Creador en las personas.

Hay muchas normas referidas a la comida.
¿Cuándo comer? ¿Qué? ¿Cuánto? ¿Cómo?

¿Qué bendecir antes de la comida?

¿Y después?

ANTES DE LA COMIDA

La ablución de las manos

Debemos lavarnos las manos cada vez que nos aprestamos a ingerir pan, complementariamente a la ablución obligada al levantarnos. Esta es una obligación rabínica, derabanán. No está explicitada en el texto bíblico, pese a lo cual recitamos la correspondiente bendición antes de secarnos las manos:

‘Bendito eres Tú Ado-, Di-s nuestro, Rey del Universo, que nos santificaste con tus preceptos y nos prescribiste la ablución de las manos’.

¿Cuál es la fuente de esa obligación en los escritos, pese a no ser explícita? La respuesta está en Deuteronomio l7:11: “Te ajustarás a las instrucciones que te hayan dado y a la sentencia que te dicten, sin desviarte a derecha ni a izquierda de lo que te señalen”, en esta orden de obedecer los mandatos de los sabios de todos las generaciones.

De las inferencias en las que se basaron los Sabios de bendita memoria, encontramos el versículo: “Santificaos y sed santos (Levítico 11:44), que leemos así: “Santificaos” es la indicación para la ablución previa y ‘sed santos’ es la indicación del lavado posterior, el maim ajaroním que se realiza después de la comida y antes de la oración de gracias, el bircat hamazón.

Para la ablución de las manos que se realiza antes de la comida, se vierte agua de un recipiente, tres veces en cada mano, alternando derecha e izquierda en cada lavado.

Comenzando para los diestros el lavado de la mano derecha y para los zurdos la mano izquierda; los dedos ligeramente separados e inclinados hacia abajo, de manera tal que el agua pueda verterse y fluir sobre toda la mano sin que haya ningún impedimento.

Al igual que los sacerdotes – cohanim- que estaban obligados a purificar y santificar sus manos en las antesalas del Gran Templo, antes de su entrada para realizar el Servicio Divino, nosotros estamos obligados a purificar nuestras manos, antes de cumplir las obligaciones que el Creador nos ha encomendado para el cuidado del cuerpo.

No es menester recalcar la importancia higiénica de esta orden rabínica. La halajá exige verificar antes del lavado de que no haya pintura, barro o suciedad adherida a la mano. Si la hubiere, se debe quitar antes de la ablución. La suciedad que se junta debajo de las uñas de las manos, también debe ser quitada antes del lavado ritual.

Pese a que nosotros estamos obligados a realizar la bendición por los preceptos antes de la realización de los mismos, se bendice netilat iadaim, después de la ablución porque las manos no están suficientemente limpias, de manera tal que se pueda pronunciar el Nombre divino. Por eso se posterga la realización de la bendición, hasta después del lavado y antes del secado.

Las mujeres están obligadas a la ablución, tal como lo están a todas las normas de la comida descritas en este capitulo.

Debe tomarse en cuenta que hay que quitar todos los anillos de las manos antes de la ablución para que no haya barreras entre las manos y el agua.

Desde el momento en que se realiza el lavado de manos hasta tragar el primer bocado de pan, que significa el principio de la comida, no se debe hablar.

La bendición hamotzí

Es una costumbre que quien va a partir el pan al inicio de la comida, coloca sus dos manos sobre él. (En los sábados, sobre los dos panes, dado que, como veremos más adelante en los shabatot se deben colocar dos panes).

Esta acción de colocar las manos sobre el pan, indica nuestro reconocimiento al Eterno, por permitir la extracción del alimento de la tierra para nosotros. En las dos palmas de nuestras manos tenemos diez dedos, exactamente equivalentes a la cantidad de palabras de la bendición hamotzí.

Asimismo, encontramos diez palabras, en el versículo que relata el elogio de la tierra de Israel ‘Tierra de trigo y de echada, de viñas, higueras y granados, tierra de olivares, de aceite y de miel” (Deuteronomio 8:8).

Encontramos otra indicación en la bendición que nuestro patriarca ltzjak concedió a su hijo Iaacov, que también contiene diez palabras en el texto hebreo, de Génesis 27:28:
“Pues que Di-s te dé el rocío del cielo y la grosura de la tierra, mucho trigo y mosto”.

Antes de partir el pan, se hace un pequeño corte a su alrededor en la parte mas horneada. Se corta el pan de manera tal, que quede adherido un pedazo al resto, de manera que la bendición se pueda decir sobre todo el pan, pero al mismo tiempo, tratando de evitar de que haya que esperar mucho, desde el momento de la bendición hasta el de comerlo.

Entonces se bendice: Baruj Atá Ado- Elokeinu melej aolam hamotzí lejem min haaretz

y se parte un pedazo mediano, no muy grande, para no parecer glotones; y no muy pequeño, para no parecer mezquinos.

En Shabat se permite tomar un fragmento mayor en homenaje a la comida que es un precepto por si, tal como sabemos. Los sábados debemos comer tres comidas.

El jefe de familia reparte el pan a todos los presentes alrededor de la mesa. Debe evitar avergonzar a las personas que están reunidas con algún gesto. Debe acercar la porción a los reunidos o colocarla delante de ellos, pero no tirarles el pan en señal de desdén hacia el alimento, Se acostumbra no depositar el trozo de pan en la mano de los comensales, porque ello podría verse como una limosna o una dádiva al pobre y podría interpretarse como un gesto desdeñoso.

Se suele colocar los trozos en un plato y ponerlo en circulación entre los reunidos.

La bendición hamotzí, que es la más importante de la comida, evita la necesidad de decir bendiciones por separado, por cada uno de los componentes de la comida, si se ingiriese carne, pescado o productos lácteos a medida que se van trayendo a la mesa.

Así se aplica la regla general según la cual la bendición por el alimento predominante exenta la de los menos importantes. Sin embargo, aquellos alimentos que no formar parte de la comida propiamente dicha, como por ejemplo vinos y postres, ameritan bendiciones específicas.

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