Los árboles y el hombre

Es el año nuevo de los árboles, conozcamos algunas costumbres de este día y la estrecha relación entre los árboles y el hombre…

Aunque Tu BiShvat es llamado Rosh HaShaná, el día en si no esta caracterizado por la prohibición de trabajo, la obligación de una comida festiva y regocijarse, ni por plegarias especiales.
Se acostumbra comer los frutos que crecen en la Tierra de Israel y tambien aquellos de los que no se ha comido en esta estación, para poder recitar la bendición de “sheejeianu”.
(Más detalles en “Nosotros en el Tiempo”, de Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.)
Editorial Kehot

Hay árboles y árboles. Hay árboles que dan frutos y árboles que no los dan… Hay árboles altos y majestuosos, como los cedros del Líbano, y los hay tan pequeños y humildes como el espino. Hay árboles ruidosos con el viento y hay árboles silenciosos. No existen dos árboles completamente iguales.
Hay hombres y hombres. Los hay con buenas acciones, los que brindan frutas jugosas y hay quienes viven tan solo para sí mismos, no dan frutos. Hay hombres orgullosos y arrogantes y hay otros humildes y modestos. Hay hombres que desean hacer sentir su peso y son ruidosos y hay otros que realizan sus tareas silenciosa y calladamente. No hay dos hombres iguales
“Pues el hombre es como el árbol del campo” -nos dice la Torá.
Cuando Di-s le habló a Moisés por primera vez, no lo hizo desde un cedro llameante, o desde una palmera, sino de un espino ardiente. De este modo Di-s enseñó al primer pastor de Israel que es necesario buscar el llameante espíritu divino en los corazones de los humildes de su futuro rebaño. Di-s no se encuentra entre los orgullosos y los arrogantes (Talmud Sotá Cap. 1).
La rosa es la suprema entre las flores y la uva entre las frutas, pues de ella sale la bebida más antigua y noble del hombre – el vino. La rosa crece en el espino, y la uva en la insignificante viña. ¿No nos ha dado aquí Di-s una lección de humildad?
¿Conocen la historia de Rabí Shimón ben Eleazar y el hombre feo? :
Rabí Shimón terminaba de graduarse en la Yeshivá (academia) del famoso Rabí de la Mishná, Rabí Meir. Regresaba él a su ciudad natal donde lo aguardaba una gran recepción. Rabí Shimón debió sentirse muy orgulloso y alegre, pues cuando un hombre extremadamente feo lo saludó, no devolvió el saludo. Por el contrario se burló del pobre hombre por su fealdad.
Enojado, el hombre replicó:
-Vé y dile al amo que me creó -refriéndose a Di-s cuan horrible es su obra.
Rabí Shimón se dio cuenta entonces de su error y rogó al hombre que lo disculpara. Pero el hombre se negó a perdonarlo Por todo el camino lo siguió Rabí Shimón, suplicando su perdón, tratando de persuadirlo para que lo perdonase, pero ni aun así estaba el hombre dispuesto a olvidar lo ocurrido.
Cuando llegaron a la ciudad, una multitud se encontraba frente a sus portones para darle la bienvenida al gran estudioso.
- ¿A quién os habeis reunido para honrar? -preguntó el hombre feo.
-Al gran Rabí Shimón, que está detrás de ti. -le respondieron.
- ¿A él? -preguntó el hombre con sorpresa-. Ojalá que no haya muchos como él en Israel.
Rabí Shimón contó entonces a los pobladores de la ciudad el triste episodio ocurrido, y les pidió que intercedieran en su nombre. Sólo entonces consintió el hombre feo y lo perdonó.
Ese día Rabí Shimón predicó en su sermón: “El hombre debe ser siempre flexible como un junco y no duro como un cedro. Pues por más fuerte que sople el viento, el junco lo se agitará de un lado a otro, y eventualmente se enderezará. Pero el cedro, ni bien el viento comienza a soplar fuerte, es arrancado de cuajo, y no se enderezará nunca más.”
Rabí Shimón, por supuesto se refería al hombre feo que había sido tan terco en perdonarlo. O quizás en realidad se refería a sí mismo, pues fue él, Rabí Shimón, quien en un instante especial, se olvidó de sí mismo, y cayó de las alturas como el cedro arrancado de cuajo.
Dijeron nuestros sabios: “Si el fuego llameante ha caído entre los cedros, ¿Qué hará el hisopo?”. Su enseñanza era la siguiente: Si los grandes pueden caer tan fácilmente, víctimas de su orgullo, cuanto más fácil entonces pueden caer los pequeños? Y a ello responden ¡Aléjate del fuego de las pasiones y el instinto!
Un árbol que crece junto a las aguas, cuya raíz es larga y desarrollada, es el símbolo del cual se valieron nuestros Sabios y Profetas para describir, a menudo, al hombre justo y piadoso. Las raíces son el símbolo de su estabilidad, del buen carácter. El fruto representa sus buenas acciones Las ramas son su descendencia.
Muy pocos árboles, y quizás ninguno, estén totalmente en perfectas condiciones. Generalmente hay una que otra ramita seca, o alguna hoja marchita o marcada por el paso de un gusano hambriento. Pero mientras sus raíces son buenas y sanas, el árbol también lo es. El jardinero sabe cual árbol está en buenas condiciones y cual no, y qué es lo que debe hacerse en cada caso.
Igualmente, hay muy pocos hombres perfectos, y Di-s (el jardinero) sabe como tratarlos.
Rabí Eliezer ben Tzadok dijo: “¿A qué se parecen los justos en este mundo? A un árbol que se alza en un lugar limpio, mientras que una de sus ramas se proyecta sobre un lugar sucio. Cuando esta rama es cortada, todo el árbol se encuentra en un lugar limpio. Del mismo modo, Di-s limpia los pequeños pecados de los justos mediante sus sufrimientos en este mundo, preparándolos así para la perfección del mundo venidero.
¿Pero a qué se parecen los malvados en este mundo? A un árbol que se alza en un lugar sucio, mientras que una de sus ramas se extiende sobre un lugar pulcro. Quitemos la rama y todo el árbol estará en el lugar sucio. Así también Di-s confiere a los hombres perversos bendiciones en abundancia durante su paso por este mundo, para recompensarlos así por sus pocas virtudes, y anulando de esta manera, su bienestar eterno en el mundo venidero”.

Nuestros Profetas solían alabar frecuentemente al Pueblo de Israel, comparándolo a la vida vegetal. La viña, el olivo, el higo, la palmera datilera, el manzano, el nogal, todos estos son los símbolos favoritos de Israel. Detengámonos sobre alguno de ellos y veamos de qué se trata.
El olivo es uno de los árboles frutales más importantes de la Tierra de Israel. De él proviene el aceite más puro, suave y precioso. El aceite de oliva era utilizado en las ceremonias, para ungir a Reyes y Sumos Sacerdotes, para encender la sagrada Menorá del Templo de Jerusalem, para las ofrendas allí traídas, etc. El olivo posee una característica muy especial: siempre mantiene su color verde. Siempre parece fresco y vivo, tanto en épocas de lluvia como de sequía.
No es de extrañar, entonces, de que los Profetas comparasen cariñosamente a Israel con este árbol. Israel no envejece a medida que pasa el tiempo. Como nación, el pueblo de Israel es siempre tan joven y vivo como el verde olivo. Del mismo modo que el aceite de oliva brinda la llama más limpia y pura de todas las luces, la sagrada Torá es la antorcha que ilumina el camino del Pueblo Judío, y ellos con su ejemplo de conducta y moral a todas las naciones del mundo, en mayor o menor grado.
El aceite no se mezcla con otros líquidos. Tampoco Israel se mezcla con otros pueblos, conservando siempre su identidad.
Israel, no ha sido dotado solamente de las numerosas virtudes del olivo, sino que también debe pasar por el mismo proceso que el aceite de oliva. En las palabras de nuestros Sabios: “La oliva, cuando está aun en el árbol, es marcada ya para su posterior recolección. Luego se la arranca y aplasta, es transferida a un recipiente, llevada al molino y triturada. Luego se la coloca dentro de una red, poniendo grandes y pesadas piedras encima. Sólo entonces produce su aceite. Así ocurre también con el pueblo de lsrael. Desde los días del primer patriarca Abraham, nuestro pueblo ha sido marcado para ser la luz de la humanidad. Fue llevada al molino, puesta bajo la presión de piedra: (opresión, exilio, sufrimientos) pues bajo tal opresión Israel da su aceite, extrae de si profundas fuerzas interiores que estaban ocultas.

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