Frutos del Pensamiento

Nuestros Sabios nos cuentan, que originalmente, todos los árboles eran frutales, y que esto también sera así en la Era del Moshiaj. Un árbol sin frutas es sinónimo de un mundo imperfecto, ya que la función de un árbol es producir frutos.
Si “El hombre es un árbol del campo” y el fruto es el más alto logro de los árboles, hay siete frutos que coronan la cosecha humana y botánica. Estas son las siete frutas y granos señalados por la Torá como ejemplos de la fertilidad de la Tierra Santa: Trigo, cebada, uvas, higos, granadas, aceitunas y dátiles.
El quince del mes hebreo de Shvat es el día designado en el calendario Judío como “Año nuevo para los árboles”. En este día, celebramos los árboles del mundo de Di-s, y el árbol dentro de nosotros haciendo partícipe a estos siete frutos, que caracterizan los varios componentes y modelos de la vida humana.

Alimento y Forraje
Los Maestros Kabalísticos nos dicen que cada uno de nosotros no tiene una sola alma, sino dos: el “alma animal”, que encarna nuestros instintos naturales, y el “alma Divina”, que representa nuestra unidad trascendente, nuestro deseo de escaparnos del “YO” y de relacionarnos con lo que es mas grande que nosotros.
Como su nombre lo indica, el alma animal constituye esa parte nuestra que es común en todas las criaturas vivientes: el instinto de autoconservación y autoperpetuación. Pero el hombre es más que un sofisticado animal. Hay cualidades que son únicas en nosotros como humanos, las derivadas de nuestra “alma Divina”. El punto en el que nos graduamos más allá del “YO” y sus necesidades (“¿Cómo puedo sobrevivir? ¿Cómo obtengo comida, dinero, poder, sabiduría, satisfacción?”), y pasamos a preguntarnos “¿Por qué estoy acá? ¿Para qué sirvo?. Es este el punto en el que cesamos de ser simplemente otro animal en el mundo de Di-s  y nos empezamos a dar cuenta de la unicidad como seres humanos.
Esto no es para que sea rechazada el alma animal y suplantarla por el Alma Divina. Estas son nuestras dos almas, ambas son indispensables para una vida de plenitud y propósito. A pesar que estimulamos lo Divino de nosotros para elevarnos por encima de lo meramente animal, también debemos desarrollar y refinar nuestro animal, estudiar a cultivar los elementos constructivos de la individualidad (Ej.: autoconfianza, coraje, perseverancia) mientras eliminamos el egoísmo y lo profano.
“El trigo,” un elemento básico de la dieta humana, representa el esfuerzo de alimentar lo que es distintivamente humano en nosotros, para alimentar las aspiraciones divinas que son la esencia de nuestra humanidad. Cebada, un alimento típico animal, representa el esfuerzo para alimentar y desarrollar nuestra alma animal, una tarea no menos crucial para nuestra misión en la vida que la del cultivo de nuestra Alma Divina.

Emoción
Trigo y cebada, los dos granos dentro de los “siete frutos”, representan lo esencial de nuestro maquillaje interno. Seguidos a estos vienen cinco frutos, “aperitivos” y “postres” en nuestro menú espiritual, que agregan sabor a nuestro esfuerzo básico de desarrollar nuestra alma animal y Divina.
El primero de estos es la uva, la cual su característica es la alegría. Como la vid describe su producto en la parábola de Yotam, ”… mi vino, lo que hace feliz a Di-s y los hombres”
Alegría es revelación. Una persona en estado de alegría, tiene las mismas características que cuando no lo está, siguen teniendo el mismo conocimiento, los mismos amores y odios, etcétera. Pero cuando éstas se encuentran en un estado de alegría, se manifiestan de una forma más pronunciada, es decir, su amor es más profundo, su odio, y lo mismo con el resto de ellas. Emociones que normalmente muestran solo un indicio leve de su verdadero alcance, ahora salen a la luz. Como está escrito en el Talmud: “Cuando el vino entra, sale lo oculto”.
Una vida alegre debería ser completa en todo aspecto, sin embargo es poco profunda, ya que todo se encuentra allí pero solo se ve lo que está en la superficie. Ambas almas (animal y Divina), contienen poco conocimiento y la sensación de que nunca ven la luz del día debido a que no hay nada que los estimule. La “uva” representa el elemento de alegría en nuestras vidas, la alegría que desata estos potenciales y agregan profundidad, color e intensidad en todo lo que hacemos.

Participación
Deberíamos estar haciendo algo completo, y además con alegría. Pero ¿estamos allí? ¿Participamos?
Participación significa más que simplemente hacer algo bien y dar todo de nosotros. Significa que nos importa, que estamos investidos en la misión y afectados en lo que hacemos, para mejor o peor.
El higo, la cuarta de los “siete frutos”, es también el fruto del “Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal”, el cual Adán y Eva probaron, y así se cometió el primer pecado en la historia. Como las Enseñanzas Jasídicas nos explican, “Sabiduría” (daat) implica una participación íntima con lo que vaya a ser conocido (como dice el versículo:”Y Adán conoció a su esposa”). El pecado de Adán fue debido a su negación en reconciliarse con la noción de que hay ciertas cosas de las que debemos distanciarnos: el deseaba conocer íntimamente todas las esquinas del mundo de Di-s, de participar en cada una de las creaciones, también del mal, a pesar de que Di-s le había declarado que esto estaba fuera de sus límites.
El higo de Adán fue una de las fuerzas mas destructivas en la historia. En su aspecto constructivo, igualmente poderoso, el higo representa la capacidad de poder ser partícipe, en una forma profunda e íntima, con cada uno de nuestros esfuerzos positivos, una participación que significa que somos uno con lo que hacemos.

Acción
“Tus labios son como un hilo de escarlata” canta el Rey Salomón en el “Cantar de los Cantares”, su celebración del amor entre el novio Divino y su novia Israel, “tu boca en hermosa, tu temple es como un pedazo de granada detrás de tu cabello”. Como es interpretado por el Talmud, la alegoría de la granada expresa la verdad que “Hasta los vacíos entre ustedes están llenos de buenas acciones como la granada (que está llena de semillas)”.
La granada no es simplemente un modelo de algo que contiene muchos detalles. También aborda la paradoja de cómo un individuo puede estar “vacío”, y al mismo tiempo “lleno de buenas acciones como la granada”
La granada es una fruta muy compartimentada: cada uno de sus cientos de semillas está envuelta en su propio saco de carne y se separa de sus compañeros por una membrana dura. De la misma manera, es posible que una persona haga buenas obras, (muchas obras), pero siguen siendo hechos aislados, con poco o ningún efecto sobre su naturaleza y carácter. Puede poseer muchas virtudes, pero no se transforman en parte de él. Una persona puede estar llena de buenas acciones, y sin embargo sigue siendo moral y espiritualmente vacío.
Si el higo representa nuestra capacidad de participación total, y la identificación con lo que estamos haciendo, la granada es su antítesis, lo que representa nuestra capacidad de llegar a un nivel mas allá de nosotros mismos y actuar de una manera que sobrepasa nuestro estado espiritual interno. Es nuestra capacidad de hacer y lograr cosas, la que es totalmente incompatible con quién y qué somos en el momento actual.
La granada es “hipocresía” en su forma más noble, negarse a reconciliarse con nuestra propia estación espiritual y moral como lo define el estado actual de nuestro carácter, la insistencia de actuar mejor y de una forma más elevada a la que estamos.
Lucha
Para muchos de nosotros, “vida” es sinónimo de “lucha”. Luchamos para forjar una identidad bajo la pesada sombra de la influencia de los padres y los compañeros, luchamos por encontrar un socio en la vida, y después por preservar nuestro matrimonio, nos esforzamos por educar a nuestros hijos, y luego luchar en nuestra relación como adultos ,luchamos por ganarnos la vida, y luego con los sentimientos de culpa por nuestra buena fortuna, y subrayando todo lo mencionado anteriormente está la lucha perpetua entre nuestro ser animal y Divino que hay dentro nuestro, entre los instintos de auto-orientación y la aspiración de trascender el “yo” y palpar lo Divino.

La “aceituna” es la parte de nosotros que se nutre de la lucha, que se deleita en ella. ”Al igual que una aceituna”, dicen nuestros Sabios, “que da su aceite sólo cuando se presiona,” también nosotros podemos dar lo mejor de uno sólo cuando nos presionan las “muelas” de la vida.

Perfección
Así como el “higo” es contrarrestado por la “granada”, también la “aceituna” dentro nuestro es contrarrestada por la séptima fruta, el dátil, que representa nuestra capacidad de perfección tranquilidad, paz. Así como sabemos que es verdad que somos mejores cuando somos “presionados”, es igualmente cierto que hay potenciales en nuestra alma que nos hacen ir hacia adelante solamente cuando estamos en paz con nosotros mismos, y cuando logramos un balance y harmonía con los diversos componentes de nuestra alma.
El salmista canta: ”.. El Tzadik (persona justa) florece como la palmera datilera”. El Zohar explica que hay una especie de palmera que crece sólo después de setenta años. El carácter humano se compone de siete atributos básicos, cada uno compuesto por diez sub-categorías, entonces, el Tzadik que florece “después de setenta años” es el fruto de una absoluta tranquilidad, producto de un alma cuyos aspectos y matices de carácter se han perfeccionado y puesto en armonía con uno mismo.

Mientras que la “aceituna” y el “dátil” describen dos personalidades espirituales muy diferentes, ambos existen dentro de cada hombre. Porque aún en medio de nuestras luchas más ardientes, siempre podemos encontrar consuelo y fortaleza en la perfecta tranquilidad que se encuentra en el centro de nuestras almas. E incluso en esos momentos, podemos encontrar siempre el desafío que nos provoca logros aún mayores.

Basado en lo que dijo el Rebe el día quince del mes de Shvat, 5750(1990) y 5752 (1992), y en otras ocasiones.

Adaptado de las enseñanazas del Rebe de Lubavitch, por Yanki Tauber

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