Amor verdadero

En Europa, los matrimonios eran a menudo arreglados. Los padres decidían que sus hijos se casarían, y bastaba.

Papá me contó sobre cómo se gestó un matrimonio cuando dos de nuestras primas lejanas que estaban embarazadas al mismo tiempo, decidieron que si una tenía un varón y la otra una niña, celebrarían un contrato de matrimonio.

La niña nació primero. Varias semanas después llegó un telegrama: “¡Mazel Tov! ¡Nació el Jatán (novio)! ”.

La boda se celebró varios años más tarde Sin embargo, en tanto la joven era sumamente inteligente, el muchacho, pese a ser un esforzado estudiante de leshivá, era algo estólido. Los estudios cursados lo calificaron para la smijá (ordenación) y fue nombrado rabino de una respetable comunidad judía.

La esposa se había reconciliado con la idea del matrimonio. Sabía que para ser un buen rabino se necesitaba algo más que conocimientos académicos, y que a su esposo eso le faltaba. Quería ayudarlo, pero sabía que toda ayuda o intervención directa en sus deberes rabínicos seria humillante y rebajaría el sentimiento de su propio valor. Por eso, ejerció el mayor cuidado y sutileza.

Por ejemplo, le sugirió que nunca se apresurase a emitir una decisión en casos de controversia. “Date la oportunidad de dormir antes de tomar una decisión. Es increíble como pueden aclarar las cosas un poco de tiempo y la reflexión libre de presiones”

La mayoría de los judíos observantes presentaban sus controversias comerciales a un tribunal rabínico en lugar de hacerlo ante el poder judicial.

Cuando se presentaba un caso ante el Rabino, su esposa se paraba delante de la puerta de su estudio y escuchaba lo que se decía.

Esa noche, durante la cena, decía: “Escuché un tumulto en tu estudio hoy. Espero que no te moleste mi curiosidad, pero estas cosas me fascinan. ¿De qué se trata?”.

Entonces el Rabino respondía: “Bronstein y Goldman tienen un problema. Tuvieron una empresa textil en sociedad varios años y ahora están enredados en reclamaciones contradictorias sobre qué parte le corresponde a cada uno

La esposa, que ya había escuchado todos los detalles del conflicto, decía: “Por favor, no te enojes conmigo por ser tan obtusa, pero ¿por qué se están peleando exactamente?”.

“Bien”, decía el Rabino. “Han sido socios en igualdad de condiciones hasta ahora. Pero Bronstein quiere hacer entrar al hijo y darle la mitad de su participación. Goldman tiene miedo de que el joven sea muy agresivo y codicioso, y se siente amenazado de verse forzado a salir del negocio. Dice que Bronstein debería pagarle su parte para que se retire, lo cual Bronstein estaría dispuesto a hacer, sólo que no tiene el dinero

Entonces la esposa decía: “Ah, ya veo. Tu idea es que Bronstein le pague a Goldman dos mil ahora, y le dé una participación del setenta por ciento de las utilidades durante los próximos dos años, y Goldman deje el negocio por completo pero continúe recibiendo el diez por ciento de las utilidades durante los próximos tres años. Me gusta tu idea. Es algo complicada, pero tu solución podría resultar aceptable para todos”.

El Rabino se fue haciendo de una reputación en materia de adopción de decisiones de la talla de la sabiduría de Salomón. Ni él ni nadie supieron nunca que él no las había formulado, ni nunca podría hacerlo. El objetivo se lograba sin que el sentimiento del propio valor del Rabino sufriese menoscabo alguno.

Extraído de: “De generación en generación” Dr. Abraham Twersky, Kehot Sudamericana

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