Bailarinas de Jerusalem

No hubo festividades mayores para Israel que el 15 de Av y Iom Kipur.

En estos días las hijas de Jerusalén salían… y bailaban en los viñedos. ¿Y qué decían? “Joven, alza tus ojos y mira a quién seleccionas para ti…”. ¿Qué decían las hermosas? “Busca la belleza, pues la mujer es para la belleza”. ¿Qué decían las de prestigioso linaje? “Busca familia, pues la mujer es para hijos”. ¿Qué decían las feas? “Haz tu adquisición en aras del Cielo, en tanto nos ornamentes con joyas”.
Talmud, Taanit 26b y 31a

No es coincidencia que Iom Kipur y el 15 de Av sirvieran como ocasiones para formar parejas entre las mujeres y los hombres de Jerusalén: estos dos días son las fechas del compromiso y el casamiento en la unión espiritual entre Di-s e Israel1.
Iom Kipur es el día del compromiso de Israel con Di-s: es el día en el que se dieron a Moshé las Segundas Tablas, marcando la cristalización del pacto en Monte Sinaí mediante el cual Di-s consagró a Israel como Su novia.
El decimoquinto día de Av, la luna llena que sigue al terrible descenso de los primeros días del mes, representa la consumación definitiva de nuestro casamiento con la redención final del Mashíaj.
“Israel”, dicen nuestros Sabios, “emula la luna, y calcula [su calendario] por la luna”2. Tal como la luna (visiblemente) disminuye cada mes hasta desaparecer, sólo para renacer de nuevo y recuperar su plena esfera lumínica, así también la relación de Israel con Di-s (y, como resultado, sus destinos nacionales) tiene sus ascensos y caldas”: períodos de alejamiento y galut(nuevamente, sólo visiblemente – la esencia de la relación permanece intacta a lo largo de todo este período, tal como la luna está siempre “allí”, luminosa, también cuando su luz es parcial o totalmente oscurecida de la vista terrestre), de los que se alza a la conciliación y renovación de su gloria anterior.
Así, el calendario judío, que pone el ritmo a la vida del judío y su servicio a Di-s, sigue la mengua y el crecimiento de la luna; el decimoquinto día de cada mes, aquel en el que la luna logra su plenitud, marca el clímax de los logros del mes y la sublimación de sus tribulaciones
Allí se esconde la especialidad del 15 de Av: los nueve primeros días de Av, en los que guardamos duelo por la destrucción del Beit HaMikdash (el Gran Templo) de Jerusalén y la iniciación del más largo y terrible de nuestros exilios, representan lo más bajo de nuestra relación con Di-s; el 15 de Av personifica el alza que sigue en sucesión y proporción- a nuestro más grande descenso: la redención final y definitiva del Mashíaj y la reconstrucción de nuestro hogar marital.
Así, el Talmud concluye su narración del baile bianual en los viñedos de Jerusalén citando el versículo: “Salid y ved, hijas de Tzión, en el Rey Shlomó, en la corona con que su madre lo coronó en el día de su boda y en el día de regocijo de su corazón”4
“El día de su boda”, prosigue explicando el Talmud, es el de la Entrega de la Torá; “el día de regocijo de su corazón” es el de la “construcción del Beit HaMikdash, que será reconstruido pronto en nuestros días”5.

Dos tipos de Amor
Existen dos tipos de amor, dicen los maestros jasídicos.
Hay un amor que es generado por la propia mente y corazón de la persona, cuando medita acerca de la grandeza y conveniencia de una cosa y con ello desarrolla sentimientos de amor y atracción a ella.
Luego, hay un amor innato: un amor que la persona misma no ha creado de hecho, hasta puede no ser consciente de poseerlo pero que habita en su corazón desde el nacimiento, una atracción y nexo natural a algo que está implantado en su alma en virtud de qué y quién él es.
“Amarás a Di-s”6 es un componente crucial de nuestra relación con el Omnipotente. Además del hecho de que amar a Di-s es en sí mismo una mitzvá (mandamiento Divino), es también un requisito previo para la observancia apropiada de todas las mitzvot.
Las mitzvot que no son motivadas por un amor a Di-s se ejecutan mecánica y erráticamente; sólo quien ama a Di-s Lo sirve de una manera que es tanto integral como perdurable7.
Nuestro amor a Di-s también cae bajo las dos categorías descriptas arriba.
Estudiando lo que Di-s nos ha revelado sobre Sí mismo en Su Torá, y contemplando y meditando acerca de estas verdades, uno desai+olla un sentimiento de amor hacia El – un deseo de acercarse a Su grande y magnífico Ser, unirse y volve rse uno con éste. De hecho, ésta es una de las funciones primarias de la plegaria (“el servicio del corazón”)8: generar un sentimiento de amor hacia el Creador al meditar acerca de Su grandeza y majestad.
Pero incluso la persona que no triunfa en sus esfuerzos por crear un amor “generado” por estos medios, siempre puede recurrir al amor innato a Di-s que cada uno de nosotros posee como “herencia de nuestros antepasados”9.
Avraham, el primer judío, fue la personificación misma del amor a Di-s (“Avraham, quien Me ama”10, en palabras de Di-s a Isaías), y
Di-s lo premió con el don dc la pateruidad – la capacidad de legareste amor a sus descendientes. De modo que cada judío tiene el amora Di-s de Avraham codificado en sus genes espirituales.
Como con todas las características innatas, este amor puede estar sepultado en el subconsciente, sofocado por los residuos de la vida material; pero siempre puede ser despertado, y convocado a estimular y vitalizar nuestra observancia de las mitzvot.
Las ventajas dcl segundo tipo de amor son obvias. Cada judío lo posee -y la capacidad de materializarlo no importa el alcance de sus habilidades cognitivas y meditativas o su sensibilidad espiritual.
Además, un amor generado siempre estará limitado por las capacidades de la mente y el corazón que lo creó, y fluctuará conforme el grado de su estado mental y emocional en cualquier momento determinado; nuestro amor innato, siendo un don divinamente otorgado, es infinito e inequívoco.
Pero también el amor generado tiene igualmente ventajas.
Aunque es menor en esencia y alcance, es más agudamente sentido, experimentado más exuberantemente. Pues tal es nuestra naturaleza: lo que nosotros creamos nos es más precioso que el más valioso regalo, lo que nosotros concebimos es de algún modo más relevante y verdadero que lo que se aprende del más grande de los maestros.
Así que aunque basta con estimular nuestro heredado amor a Di-s para conducir nuestra inamovible observancia de las rnitsvot, debemos esforzarnos no obstante en mejorar nuestra relación con El con el éxtasis y la pasión que sólo un amor creado por nuestras propias iniciativas y facultades puede producir.
En las palabras de nuestros Sabios: “Aunque un fuego descendió [sobre el Altar] desde los cielos, es imperioso encender también un fuego producido por el hombre”11

Tres Tipos de Alma
Allí se esconde la más profunda significatividad de las declaraciones hechas por las jerosolimitanas buscadoras de novio, como las describe el pasaje talmúdico citado a principios de este ensayo.

Las bailarinas doncellas de Jerusalén, proclamando sus virtudes a sus potenciales novios en los días de compromiso y casamiento de Di-s e Israel, se hacen eco del llamado de la novia Israel a su Divino novio.
El Talmud habla de tres categorías entre las “hijas de Jerusalén” -las hermosas, las de linaje prestigioso, y las feas- cada una de las cuales tenía su propia manera de expresar qué es lo que un joven debe buscar en una esposa.
El alma de Israel, comprendida por muchas almas-hijas de variable calidad y logro espiritual, incluye también estas tres categorías, las que análogamente llaman al novio Divino – atrayéndolo cada una con las cualidades particulares que traen al matrimonio cósmico entre Di-s y Su pueblo.
Hay almas hermosas, aquellas que han logrado perfección en su amor al Omnipotente: una armoniosa mezcla de amor tanto apasionado como generado, basado en los inmutables fundamentos del amor heredado.

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